El Magón y las afinidades que se le niegan a José León Sánchez

Geovanny Jiménez S. Cuando se construyó la nueva Ley de Premios Nacionales no se corrigió el problema de fondo más grave que tenía: la conformación de los jurados.

En Costa Rica, un país pequeño y casi familiar, endogámico en el sector de la cultura, los jurados a los premios que otorga el Ministerio de Cultura y Juventud normalmente conocen y son amigos -o enemigos- de los candidatos que han sido sembrados para participar. Y en este país quienes conforman los jurados a esos galardones son gente mayoritariamente ligada a la Academia, es decir, a las universidades estatales principalmente.

Por esa razón los ganadores normalmente son personas ligadas a esa Academia, que han realizado su carrera profesional en el medio nacional, y que han sabido cosechar afinidades en este pequeño medio en que los méritos -pocos o muchos- deben ir acompañados de una sonrisa y complicidad para tener peso. Los méritos son para justificar más o menos decentemente las afinidades.

Manuel González Zeledón, conocido como Magón, fue un reconocido escritor de principios del siglo pasado que escribió alguna obra narrativa que, en su mayoría, hoy ha pasado al olvido. En su honor, principalmente por ser un personaje ligado al oficialismo cultural de la época y ejercer en puestos políticos, se instituyó en Costa Rica el Premio Magón, para premiar el esfuerzo cultural de toda una vida.

Así las cosas, no es de extrañar que el internacionalmente conocido José León Sánchez haya sido -en buen tico- ninguneado del Premio Magón incluso a esta altura de su edad, en que la madurez de un pueblo y su sector cultural debería aflorar. A esta época en que el autor aún publica libros valiosos que son editados en otros países.

Y en este punto podemos decir que poco aprendieron nuestros actuales académicos de la gran enseñanza de don Constantino Láscaris cuando llevó un ramo de rosas a la silla vacía del Teatro Nacional, para honrar al escritor que había ganado los primeros «Juegos Florales» que tuvo Costa Rica, a quien no se le permitió recoger su premio por ser ese «Monstruo de la Basílica». Concurso en el que Láscaris fue segundo lugar.

Chepe León -como le llaman sus allegados-, hizo su carrera como escritor en lugares donde la Academia nacional no está y no se reconoce a sí misma: un centro penitenciario y México. Sin embargo, en Costa Rica también ha publicado gracias a la ausencia de mezquindad de algunos editores.

Aprendió a escribir en la cárcel, calificado como el «Monstruo de la Basílica», rechazado por un crimen que no cometió y que confesó bajo tortura. La Iglesia Católica le pidió perdón y fue absuelto de toda culpa por el crimen que lo obligó a sufrir 30 años de miseria humana, incluyendo la cárcel más horrorosa que ha concebido este país. Salió y publicó, vendió libros, y se fue para México, donde pronto sus libros se convirtieron en best sellers. Sí, es el escritor costarricense que más libros ha vendido en nuestra historia literaria.

 

Una historia que en Costa Rica es solamente una remembranza. Este país no ha parido escritores así, como se les encuentra en otros lugares. Él es la excepción. Él es el diferente, el ninguneado, el abandonado por su madre, y aún a estas alturas por su propio país, que ya lo linchó por declararlo culpable y ahora lo hace por envidia. Sí, por envidia, porque ningún otro escritor en este país ha logrado lo que él a nivel internacional, ninguno como él ha logrado el afecto de un público amplio. Y eso duele en los anales de la élite.

Este año había otros candidatos de peso: Rafael Ángel Herra y Edgar Zúñiga. En algún momento pensé que buscaban mejores candidatos para ningunearlo, pero me equivoqué: no se trata solo de ningunearlo, se trata de que él no tiene afinidades entre los jurados y eso no pasará nunca mientra el Magón -y los demás premios del MCJ- se siga otorgando como se hace hasta hoy.

Nobleza obliga: también en la Academia hay quienes defienden el gran merecimiento que lo cubre, pero no ha sido suficiente. Siempre habrá excepciones.

Ya no esperemos el Premio Magón para José León, para qué, para decepcionarnos todos los años y sentir esa vergüenza costarricense y esa pena de la mezquindad ajena. Don José León, como su admirador se lo pido: ya no lo espere -ni lo busque-, porque usted no se merece ese nivel de desprecio, usted lo que se merece es el afecto de miles de nosotros y qué mejor premio que ese cuando ya lo tiene. Qué importa si una élite que pasará al olvido no le reconoce sus méritos porque usted no es del grupo, qué importa finalmente el Magón, si cuenta con nosotros.

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