El fenómeno del Premio García Monge: desaparece proyectos ganadores

La pregunta es inevitable: ¿en lugar de ser un estímulo para el mejoramiento este premio se convierte en el punto máximo alcanzable y eso termina por desanimar el esfuerzo de divulgación cultural?

Aunque usted no lo crea, una buena parte de los medios premiados con el «Premio de Comunicación Cultural Joaquín García Monge» luego han desaparecido o han venido a menos.

Un recuento de varios casos desde 2005 nos permite constatar que no es la norma generalizada, pero sí bastante común entre los premiados.

Este recuento no busca culpas ni culpables, reproches ni quejas, es simplemente una observación de algo que sucede, indistintamente de las causas o razones; eso ya depende de cada quien formar su criterio. Las causas pueden ser diversas y producto de conjeturas de todo tipo, pero la realidad no miente. Veamos.

En el año 2005 el premio fue concedido al periodista Manuel Delgado, quien durante varios años siguió con su programa «Blanco y negro» en Telenoticias de Canal 7. Sin embargo, apenas el comunicador se retiró, el programa de literatura nunca más volvió a exhibirse en el canal de La Sabana.

Tres años de excepciones. En el 2006 fue concedido a don Nelson Flores, quien por dicha sigue dando mucho al país y en el 2007 al programa de Producción Audiovisual de la UNED, que aún existe y hace un gran trabajo con el financiamiento de esa importante universidad del Estado costarricense. Un año después el premio fue dado al pianista y escritor Jaques Sagot.

Como es lógico, cuando se entrega a personas o proyectos del Estado lo usual es que sus aportes continúen por muchísimos años más.

En el 2009 el galardón fue otorgado a Evelyn Ugalde, que entonces dirigía una revista de literatura llamada Clubdelibros.com. Durante algún tiempo la revista siguió funcionando, pero pronto el negocio principal de Ugalde pasó a ser la producción editorial y la revista desapareció del medio.

Ese mismo año ganó Cristian Cambronero el Premio Pío Víquez de Periodismo, por un blog que entonces se llamaba Fusildechispas.com, donde el periodista hacía la suerte de crítico de la realidad nacional. No duró mucho tiempo más, cuando el blog empezó a flaquear y cada día mover menos los hilos de la comunicación. Finalmente, sí, desapareció también.

Un año después, en el 2010, se le concedió el García Monge a Fabio Muñoz por su programa «De pueblo en pueblo». Este periodista, además de tener una gran trayectoria en muchos espacios, ya estaba a punto de pensionarse. El último registro que tenemos de ese programa llega al 2014; desapareció.

Luego viene una seguidilla de buenas fortunas. En el 2011, 2012 y 2013 el premio fue dado a medios con financiamiento estatal, como el caso de Canal 15 y el programa «Punto y coma» de la EUNED. Ambos no han desaparecido, por dicha. En el 2012 fue otorgado a Informe 11 – Las historias, que tampoco ha desaparecido. Para el 2014 fue otorgado al filósofo Arnoldo Mora, extraordinario pensador, pero aún no entendemos por qué se le concedió el premio de comunicación cultural. Un año después correspondió a Henry Bastos, del Art City Tour, que por suerte aún existe como programa para la difusión de las artes, una notable excepción.

Para el 2016, el premio fue concedido a Natalia Rodríguez por la revista Redcultura, un medio que luego vino a menos en 2017 y hasta que en 2018 se estancó. Irónicamente, hoy vemos en su portada solamente dos notas informativas de los premios nacionales de 2017 y 2018. Desapareció.

Y llegamos al 2017, cuando le tocó la suerte a la revista literaria Literofilia, de Warren Ulloa, quien luego fue denunciado por afrentas sexuales y en marzo de 2018 ya el medio no continuó. También desapareció.

Al año siguiente, en 2018, vuelve la endogamia universitaria a hacer de las suyas y quien gana es Costa Rica Radio, la radio del Sinart, la radio del Estado. Algo así como el Estado premiándose a sí mismo. Como es natural, con el subsidio estatal, este medio -al igual que Canal 15 y programas de Canal 13 en su momento- es muy difícil que desaparezcan.

Para el 2019 el premio ha recaído en la periodista Doriam Díaz, editora de La Nación, quien se desempeño cubriendo cultura en ese medio durante muchos años. Esperamos que no desaparezca su trabajo en la promoción de la cultura.

En conclusión, cuando el premio recae en personas por su trayectoria o en programas de entidades del Estado (Sinart, UNED, Canal 15 UCR), la «maldición» no se da, pero si el premio recae en iniciativas privadas entonces más temprano que tarde desaparece el esfuerzo de divulgación cultural.

La pregunta es inevitable: ¿en lugar de ser un estímulo para el mejoramiento este premio se convierte en el punto máximo alcanzable y eso termina por desanimar el esfuerzo de divulgación cultural?

Por otra parte, ¿sucede este fenómeno igual con otros premios y premiados de los llamados premios nacionales que otorga el Ministerio de Cultura y Juventud? Reflexionemos.

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