El espíritu de Torquemada en las iglesias Católica y Neopentecostal de Costa Rica ◘ Opinión

La doctrina del miedo es usada por las iglesias católica y pentecostal para imponer políticas públicas y ejercer un poder que no se basa en el amor y la humanidad.

Opinión. Durante siglos la Iglesia Católica basó su poder en la represión, la agresión y la doctrina del miedo. Eso ya lo sabemos. Conocemos de las cacerías de brujas en Europa y el genocidio de nuestra América indígena.

Pero llegó la era republicana en América y en el mundo se afianzó una iglesia que parecía pedir perdón, tácitamente, por los aberrantes, inmensos, pecados cometidos de matanza y dolor transmitidos al mundo.

Mi generación nació con una iglesia que parecía sabia, paternal y que quería reproducir una doctrina de amor. Vino el Papa Juan Pablo II y, finalmente, pidió perdón por los crímenes cometidos. Más adelante vino Benedicto y con un doctrina retrógrada y digna del Opus Dei finalmente renunció, hasta que llegó el Papa Francisco, un jesuita que quiere hacer cambios y reformas pero con extraña lentitud a pesar de su discurso.

Pero no sabíamos, o no estábamos seguros, de que a pesar del perdón cientos de sacerdotes alrededor del mundo estaban cometiendo horrorosos crímenes de pedofilia. Y la iglesia los encubría una y otra vez, hasta que llegó Francisco y apretó un poco las clavijas, pero también llegó una era donde la humanidad ya no está dispuesta a permitirle a la iglesia ningún abuso más.

En Costa Rica, la jerarquía de la Iglesia Católica se quedó con Benedicto, pero no ha renunciado. Los mismos obispos que defendieron padres pedófilos y otros crímenes de lesa humanidad, hoy se atreven a amenazar con excomunión al presidente, ministros y otras autoridades de Gobierno. ¡Qué rotundo descaro!

Durante la Inquisición apareció Torquemada, el inquisidor mayor, un persona oscuro y asesino que se llevó en su alma miles de muertes de personas inocentes. Era temido como nadie, incluso más que los militares y gobernantes de la época. El espíritu de Torquemada era infringir MIEDO, PÁNICO, entre la población.

Las sectas protestantes, con Lutero y con Calvino, quisieron crear una religión llena de amor y dejar atrás el horrible legado del Vaticano, que se aliaba a gobernantes asesinos para mantener su poder y vigencia. Pero más tarde, con la nueva ética protestante de los burgueses de la post Revolución Industrial, el miedo fue parte de algunos grupos, de nuevo, para mantener el control de sus rebaños.

Hoy sabemos que los grupos pentecostales o neopentecostales, entre otros evangélicos (y no todos) ejercen esa DOCTRINA DEL MIEDO. Es en realidad muy simple: se trata de asustar a los creyentes con la excomunición en el caso de los católicos o de ir al infierno por los pecados y por eso pedir perdón mediante el diezmo, la ofrenda y la oración en el caso de los pentecostales.

Si no asumís por entero lo que dicen estas religiones estás condenado a la desgracia espiritual, al averno y todas las horribles consecuencias que profesan. El “temor de Dios”, le llaman en algunos cultos. Es el espíritu de Torquemada, la amenaza de una muerte horrorosa como ninguna, ya no la física en este mundo, si no la espiritual en el otro mundo prometido.

La fórmula es exitosa: se trata de infringir miedo sobre algo que nadie puede ver o que nadie sabe que exista físicamente, excepto por su fe y su esperanza de que así sea. El infierno es precisamente una de esas aberraciones del más allá, les permite a las religiones vender boletos para evitarlo, ¡y venderlos bien caros!

No obstante, entre más se desarrolla y crece la humanidad, entre más ciencia y madurez adquieren las personas a través de la educación, menos éxito tienen los pentecostales y la Iglesia Católica de engañar.

Por eso la Iglesia Católica hoy está en crisis: ha perdido credibilidad, legitimidad y cada concuerda menos su doctrina y su práctica. Según un sondeo de Ciencias de la Religión de la UNA cerca de un 50% de costarricenses se dicen católicos, cuando antes podíamos hablar de hasta un 90%. Pero más allá: todos sabemos que los católicos ticos en su gran mayoría NO son practicantes y tienen esta religión más como una muletilla para no tener que decirse agnósticos, sin religión o incluso ateos. ¿Le importará a los católicos hoy el ser excomulgados? Es otro tema.

Pero hay otro asunto: todos esos que dejaron de ser católicos por falta de fe y creencia en ese rito finalmente fueron captados por iglesias protestantes y en los barrios más pobres y vulnerables creció el rito pentecostal, en competencia con decenas de sectas más. El MIEDO fue trasladado de iglesia, pero la intención quedó incólume: asustar para mantener a las ovejas fieles al credo de cada secta.

En las elecciones pasadas la población católica, principalmente la que cree en la Virgen de los Ángeles, le dio el gane a Carlos Alvarado, pero se lo dio por la amenaza que significa Fabricio Alvarado para el catolicismo y la Virgen después de las declaraciones del “profeta” Rony Chávez. No le dio el gane para el ahora presidente defienda su doctrina o se ajuste a sus imposiciones grotescas de índole medieval.

Como los especialistas más serios han dicho, la norma técnica no es más que un documento para regular la aplicación del aborto terapéutico y no significa portillo alguno ni es norma para permitir el aborto más allá de lo que define el artículo 121 del Código Penal. No obstante, en otro de esos arrebatos ilegibles de la jerarquía católica costarricense, hoy salen incluso a amenazar jerarcas del Gobierno con la excomunión. Una vergüenza, una más para la Iglesia Católica que siempre olvida sus propios crímenes contra niños recientemente y ni hablemos del pasado más lejano.

Cuando las religiones hablan de una doctrina de paz y amor, pero usan el miedo de la violencia o la muerte para imponerse uno sabe y uno siente, en su propia comunión con Dios, que esa religión está mal, muy mal.


*El autor es politólogo, gestor cultural, educador y comunicador. Director de Culturacr.net y autor de varios libros: dos novelas, un cuentario y un ensayo.

NOTA: Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad del autor del texto y no corresponden necesariamente a la línea editorial de este medio de comunicación.

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