El efecto Trump: ¿Y ahora qué sigue después de su derrota electoral? (4) ◘ Voz propia

Cuarta y última entrega de esta serie de análisis sobre el fenómeno Trump en Estados Unidos y el resto del mundo. ¿Qué sigue después con los movimientos que lo apoyan?

Daniel González Ch.
  • Este lúcido y exhaustivo análisis sobre el fenómeno de Donald Trump en la sociedad y la política actual no deja punta que afilar.
  • Todo el análisis se realizó en 4 entregas.

PARTE 4

Por Lic. Daniel González Chaves*. OPINIÓN. Para empezar debemos decir que, no cabe duda, la derrota de Trump es un duro golpe para todos estos movimientos. Estados Unidos es hoy por hoy la primera potencial mundial y su influencia política, cultural, militar y económica en Occidente no tiene paragón. La llegada al poder de Trump no solo legitimó estos movimientos sino que los fortaleció, su salida los debilita.

Pero tampoco podemos decir que todo está terminado. Para empezar, aunque es improbable que Trump pueda asirse del poder inconstitucionalmente dadas las características estructurales de Estados Unidos, la “duda” ya sembrada de que los demócratas hicieron fraude jamás se irá de entre sus seguidores ni siquiera si se descarta por parte de las autoridades o se rechaza en la Corte Suprema. Para muchos de estos grupos la idea de que son sus posiciones son mayoritarias está muy arraigada. Esto puede sonar contradictorio con lo que mencioné previamente de que se ven a sí mismos como una minoría perseguida, pero esa contradicción de alguna manera la logran sobrellevar. Muchos cristianos evangélicos están conscientes de que la mayoría de la población no es tan devota como ellos pero creen que el 90% de la gente comparte sus valores ultraconservadores y su rechazo a la población sexualmente diversa y al aborto, y que solo una pequeña “minoría” de ateos y progres pero con mucho poder político y económico, se les opone. Similarmente los supremacistas blancos saben que su visión no es mayoría, pero sí creen que la mayoría de blancos, aunque no lo digan abiertamente, ven mal la migración hispana, temen a los negros y tienen similares prejuicios hacia judíos y musulmanes. Por supuesto que distintas mediciones como encuestas, estudios y resultados electorales nos dicen otra cosa, pero eso no cambia que tengan esa creencia. Por ella a muchos les es tan inconcebible que Trump perdiera. Porque esto significaría que su visión de mundo no es genuinamente mayoritaria, y eso es una realidad que no pueden aceptar. Acá sucedió similar con la derrota electoral de Fabricio Alvarado.

El hecho está consumado y estos grupos que ya de por sí son proclives a las teorías de conspiración las seguirán sosteniendo por siempre, a como aquí todavía hay quien alega que hubo fraude electoral en 2018 sin que jamás se haya podido aportar prueba alguna.

Trump como expresidente seguirá teniendo influencia política interna e internacional, y está legalmente facultado para ser candidato en 2024. En Estados Unidos existe la regla no escrita de que un candidato que perdió una elección nunca lo vuelve a ser ni siquiera a intentar en las primarias no importa que haya preservado popularidad o que “casi” haya ganado o ganado el voto popular (casos de Gore, McCain y Clinton por ejemplo). Pero, como dije, es una regla no escrita, no existe ley que lo impida, y Trump nunca se ha caracterizado por hacer lo que otros políticos o seguir las reglas. Se rumorea sin embargo que podría fundarse su propio partido decepcionado por el “poco apoyo” de la dirigencia republicana, y claro, dependerá también de como resulte los diversos juicios por corrupción que aparentemente enfrentará en cuanto no sea presidente.

Lo que debe preocuparnos es que estos movimientos son el síntoma y no la enfermedad. Las masivas protestas que hemos visto recientemente en casi todos los países occidentales desde los motines raciales estadounidenses hasta los chalecos amarillos franceses, y obviamente también las distintas protestas en toda Latinoamérica incluyendo nuestro país, denotan un fuerte descontento con el sistema actual, una gran frustración popular, desconfianza y quizás agotamiento del mismo.

Algo similar vimos con el crecimiento de la izquierda que se dio a partir de los años 90s en América Latina y Europa y que llegó al poder en múltiples países, así como los movimientos de indignados o las protestas contra la austeridad en Europa, muchos de los cuales no terminaron bien. Otro ejemplo de este síntoma son los nacionalismo periféricos que han ido apareciendo en múltiples latitudes cada vez más radicalizados como es el caso del catalán, vasco, escocés, norirlandés, kurdo, tibetano y hongkonés. Legítimos en muchos casos no dejan de ser sintomáticos de un agotamiento del sistema y quizás similares en origien a ese nacionalismo blanco que siguen muchos seguidores de Trump, producto del mismo “identitarismo”. Quizás estamos viendo el paso del estado-nación a uno nuevo más basado en la comunidad o la etnia, de forma similar a como el feudalismo colapsó ante el capitalismo tras las revoluciones burguesas en Holanda, Inglaterra, Francia y América una vez que el estado feudal se vio agotado.

SONDEO:

Si usted votara en Estados Unidos, ¿por quién hubiera votado?

Si estos movimientos son el síntoma y no la enfermedad su debilitamiento aunque auspicioso solo implicará una reforma. Como ya mencioné, la izquierda en su momento pareció canalizar este descontento, y aunque tuvo admirables referentes como Tabaré Vazquez y Lula, también tuvo figuras que derivaron en el autoritarismo y el populismo como Ortega y Maduro. Por lo que la baja en popularidad de estos grupos solo causaría que un nuevo movimiento los reemplace a no ser que reformemos el sistema desde adentro. Así como nos preguntemos porqué la ciencia está tan alejada de las masas y las clases populares como para que tangos movimientos anticiencia (terraplanistas, antivacunas, negacionistas, conspiranoicos) se hayan tornado populares, que significa esto para una sociedad y cómo repercute en ello. ¿Es percibida la comunidad científica como elitesca y alejada de las clases pobres? ¿Cómo podemos corregir esto? ¿Cómo podemos hacer que la ciencia sea popular y vista sin desconfianza?

¿Y cómo podemos recuperar la moderación política? Hoy vivimos en una sociedad polarizada. Greta Thunberg se tornó una figura odiada por miles de personas, no por el mensaje que daba (que probablemente no lo habían escuchado siquiera) sino porque era asociada con “los progres” y con sus causas, o bien porque se le veía como “manipulada por las grandes corporaciones” (recordemos que para muchas personas las megacorporaciones son “progres” y “socialistas” por contradictorio que esto puede sonar), ciertos medios de conocido raigambre liberal y procapitalista como CNN, La Nación, Teletica o Amelia Rueda se vuelven “progres” y “comunistas” solo por no apoyar a Trump o a otras figuras de ultraderecha (algo por demás natural entre liberales que no apoyen un conservador). Como el cambio climático le preocupa a los “progres” el cambio climático debe ser mentira. Ya que los “progres” quieren estado laico, me opondré al estado laico, debe ser malo.

El plebiscito chileno para reformar la Constitución de Pinochet fue lamentado por figuras de derecha como si hubiera sido un triunfo del comunismo solo porque entre quienes apoyaron el “Sí” estaban varios movimientos de izquierda (descontando que liberales, demócrata cristianos e incluso parte de la UDI y RN apoyaban esa opción también). Es decir, nos estamos convirtiendo en una sociedad que parece partir sus posiciones desde el antagonismo. “Como mis enemigos políticos están a favor de algo, ese algo debe ser malo” parecen pensar algunos, lo cual es ridículo. Las posiciones que debemos tomar no pueden basarse en si quien nos cae mal está a favor o en contra sino por su contenido.

Como dije, los votantes de Trump no desaparecerán. Trump fue solo la herramienta que usaron para canalizar su furia, su miedo y su frustración. Furia, miedo y frustración que también existe en el otro bando aunque eso daría para otro artículo. Pero que es algo que sin duda deberemos resolver pronto, como sociedad, o enfrentar un amargo conflicto.◘

*Daniel González Chaves, 3 de noviembre de 1982, es Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional y escritor. Ha publicado diversas novelas como Un grito en las tinieblas; la vida de Zárate ArkhamLágrimas de guerreraLeonor; aventuras fantásticas El efecto Casandra. Fungió dos veces como regidor en el Concejo Municipal de Tibás en el período 2006-2010 y 2017-2018.

Este artículo de opinión es responsabilidad del autor del mismo y no corresponde a la línea editorial de este medio necesariamente.

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