El efecto Trump: ¿Quiénes son sus votantes? (2) ◘ Voz propia

Esta es la segunda parte del análisis sobre el efecto Trump en la sociedad y política de la actualidad.

  • Este lúcido y exhaustivo análisis sobre el fenómeno de Donald Trump en la sociedad y la política actual no deja punta que afilar.
  • Todo el análisis se realizará en 4 entregas durante los siguientes días, esta es la segunda.
Daniel González Chaves.

Por Lic. Daniel González Chaves*. OPINIÓN. En cualquier otro país del mundo, Trump habría fundado su propio partido y sido candidato por él. Sus afiliaciones al Partido Republicano previas a 2016 fueron tenues por decir lo menos (recordemos que en sus previos intentos de ser presidente lo hizo por medio del Partido Reformista de Ross Perot). Sin embargo, el monolítico bipartidismo estadounidense, quizás uno de los más rigurosos del mundo, es un obstáculo infranqueable que el pragmático Trump pareció ver como tal. Aun así, preguntados los precandidatos republicanos en los debates durante las primarias si, de perderlas, se lanzarían como independientes solo Trump levantó la mano.

En síntesis, Trump no siente la menor fidelidad hacia el Partido Republicano (y probablemente la mayoría de sus seguidores tampoco) y le usó como mero instrumento político. Esto no significa que no hubiera tenido el soporte firme de una buena cantidad de importantes figuras republicanas como McConnel, Lindsay Graham o Ted Cruz, pero también explica el por qué, a diferencia de otros candidatos previos como McCain y Romney, nunca tuvo un partido enteramente unido detrás suyo e importantes figuras de la dirigencia republicana fueron escépticas, cuando no hostiles, a su candidatura hasta el final. También explica la razón de porque muchos de los colaboradores de Trump como el supremacista racial Steve Bannon nunca fueron republicanos.

Trump se presentó a sí mismo como el voto antipolítico, antiestablishment. El candidato que “no era político”, que no provenía de la “élite”, que era además “políticamente incorrecto”. Mucho de esto es cuestionable. ¿No es uno de los hombres más ricos de su país parte de su élite? ¿Y no es alguien que tiene 30 años de militar en partidos (otrora el Reformista ora el Republicano) e intentar ser presidente varias veces lejos de ser alguien apolítico? Pero bueno, ciertamente que ese mensaje cautivó a una buena cantidad de electores que se sentían frustrados con el sistema. Enojados, molestos, defraudados con ambos partidos y con un sistema que consideraban amañado a favor de las grandes corporaciones y del establishment político. Bernie Sanders tuvo una similar situación desde la izquierda del espectro y podría verse como la contraparte de Trump en el Partido Demócrata (sin querer, por esto, comparar de ninguna manera a Sanders con Trump).

Distintos estudios muestran que el electorado de Trump es mayormente de clase trabajadora, de zona rural y con pocos estudios o inconclusos. En pocas palabras, buena parte de los márgenes de la sociedad que han sido abandonados por el sistema y que han acumulado una gran cantidad de rabia y frustración a lo largo del tiempo. Pero a grandes rasgos, y sin querer ser reduccionista pues el fenómeno es, por supuesto, sumamente complejo, podríamos decir que tres han sido los principales grupos que gravitaron fielmente en torno a Trump viéndole como una luz de esperanza para sus causas:

  • Los cristianos evangélicos. Especialmente los sectores más ultraconservadores y fundamentalistas. Para ellos la oposición de Trump hacia el aborto y los derechos LGBT bastaba y sobraba (esto a pesar de que la postura de Trump sobre los derechos LGBT era ambigua, habiéndose manifestado a favor del matrimonio igualitario pero trayéndose abajo otras cosas como los baños especiales para personas transgénero).
  • Los teóricos de conspiración incluyendo a la secta QAnon, para quienes un candidato “políticamente incorrecto” que denunciaba a la “élite” y que había difundido de manera solapada ciertas teorías de conspiración y creencias anticientíficas como el negacionismo del cambio climático o las teorías conspiracionistas en torno del covid-19 representaban un éxito sin igual, simbolizaban la llegada de uno de los suyos al poder y les daba esperanza de que tal suerte permitiría el que se destaparan todas las conspiraciones en que creían (y que han sido ya descartadas, como el Pizzagate o el tráfico de órganos de Planned Parenthood) y otras más. Algunos de estos conspiracionistas decían cosas como que Trump haría pública la existencia de los extraterrestres, metería a los demócratas en Guantánamo para juzgarlos, haría público que el 11-9 fue un autoataque, denunciaría el Nuevo Orden Mundial evitándolo en el proceso, etc. Cosas que, como sabemos, nunca sucedieron.
  • Los supremacistas blancos. Y por supuesto que acá debemos tener cierto cuidado. A Trump se le ha acusado de muchas cosas, y no es mi interés defenderlo, pero sí ser objetivo. No considera este autor que Trump en la práctica haya mostrado nunca el ser racista hacia la población negra o judía, o de defender una postura genuinamente supremacista blanca. Eso no quita que tuviera el apoyo de esos grupos y las razones las veremos más adelante.

De nuevo, como mencioné antes, también es probable que Trump recibiera los votos de muchos republicanos e independientes que no encuadran en estos tres sectores, especialmente en el caso de republicanos o independientes conservadores que jamás votarían por un demócrata sea quien sea. Pero no cabe duda que estos tres sectores son un segmento grande, sino el grueso, de su respaldo. ¿Por qué?

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Si usted votara en Estados Unidos, ¿por quién hubiera votado?

Hay que entender que muchos de estos grupos se sienten atrincherados, que se sienten parte de una minoría oprimida y perseguida por un mundo entero que los odia. Podría hablarse mucho del caso de los conspiranoicos pero en la práctica tanto los fundamentalistas cristianos como los supremacistas blancos son creyentes en las teorías de conspiración así que resultaría redundante estudiarlos. Los otros dos grupos parten de mentalidades muy similares:

  • Los supremacistas blancos modernos creen en un llamado “genocidio blanco”. La creencia de que los judíos (no siempre se refieren a ellos como judíos debido a que saben que decirlo tan abiertamente es políticamente incorrecto así que por corrección política usan otros eufemismos como “los sionistas” o “la élite”, aunque hasta hace poco sí se referían a ellos explícitamente como judíos) quieren reducir o eliminar a la población humana “blanca”, y que para ello promueven no solo los crímenes violentos contra los blancos incitando a otros grupos étnicos a ser violentos (por ejemplo negros y latinos) sino que además promueven la inmigración masiva hacia Estados Unidos y Europa. Acá entra en juego como parte de la conspira figuras como el multimillonario judío George Soros, los Rothchild, Bill Gates y el llamado “Plan Kalergi”, todos parte de un entramado no siempre coherente de teorías conspiracionistas improbadas e improbables.
  • Muchos neopentecostales y otros cristianos ultraconservadores creen algo similar. Que nos encontramos en los últimos tiempos y que el reino del Anticristo o ya está aquí o está próximo de estarlo, pero que se está preparando y que esto llevará a una persecución mundial de cristianos o bien que esa ya está pasando. Para reafirmar esa creencia, como es normal el uso de sesgo de confirmación en estos casos, usan el “cherry picking” por ejemplo de persecuciones de minorías cristianas en países de África y Asia, y usan cualquier política o ley aprobada de tipo secular o “progre” que de alguna manera contravenga sus creencias o les limite de cualquier forma (a menudo exageradas o descontextualizadas) para “probar” que están siendo perseguidos tanto en el secular occidente como en el oriente donde otras religiones predominan.

Nadie duda de que haya lamentables persecuciones de cristianos en algunos países como China y diversos países islámicos. Pero también podría hablarse de persecuciones a por ejemplo los yazidis en Irak, o los budistas tibetanos y musulmanes uigures en China. O podría mencionarse como en algunos países de África y Oriente son los propios cristianos los que actúan violentamente contra otras confesiones como las Falanges Libanesas contra musulmanes y cristianos de otras iglesias en Líbano, o las masacres de animistas y musulmanes perpetradas por cristianos radicales en Nigeria, Congo y Uganda, o como una secta fundamentalista quemó chamanistas indígenas en Guatemala. Es decir, lo que tenemos en nuestro mundo no es la persecución de una religión en particular, sino intolerancia religiosa de parte de todos contra todos. También podríamos decir que la población “blanca” (término científicamente obsoleto) lejos de ser una minoría perseguida al borde del genocidio es aun cultural, económica y políticamente dominante en todo Occidente incluyendo América Latina y que su poder e influencia sigue siendo por mucho superior a cualquier grupo étnico.

Pero en general, ambos grupos, tanto supremacistas blancos como cristianos fundamentalistas, se ven a sí mismos como una exigua minoría al borde de la extinción enfrentada a un mundo hostil que los odia y que desea hacerlos desaparecer. Y que en poco tiempo sobrevendrá una gran persecución que no se compara a nada vivido hasta ahora (la “guerra racial santa” o RaHoWA del supremacismo blanco y la Gran Tribulación del fundamentalismo cristiano). Sobra decir que tanto cristianos fundamentalistas como supremacistas blancos creen en el marxismo cultural y la ideología de género como parte de esta malvada trama que busca exterminarlos a ellos y a todos sus valores. En la práctica la mayor diferencia entre supremacistas blancos y cristianos fundamentalistas es que los segundos no son racistas y no consideran a ninguna raza inferior, además de que al contrario de los supremacistas blancos suelen ser devotos sionistas favorecedores de Israel contrario al antisemitismo abierto o solapado de los supremacistas. Pero hasta aquí las diferencias, en prácticamente todo lo demás concuerdan, incluyendo las teorías de conspiración en que creen con la única diferencia de que mientras los supremacistas creen que estos poderosos controladores del mundo son judíos los cristianos les cambian la religión por satanistas.

Entonces, poniéndonos en sus zapatos, podríamos entender lo que la victoria de Trump les hizo sentir. Pensar que “uno de los suyos” llegó, contra todo pronóstico, al poder logrando ganar teniendo el sistema entero y los “malvados” medios en contra.  Para ellos esto era virtualmente inconcebible pocos años antes. Una suerte incalculablemente. Una lotería que no será fácil de repetir. Alguien que podría refrenar o poner fin al “genocidio blanco/gran tribulación/nuevo orden mundial” es un éxito que no esperaban ver en sus vidas.

Por supuesto que puede debatirse si Trump realmente era “uno de los suyos”. Él tomó esfuerzos por ganarse esos electorados ya sea indirectamente (negándose a condenar el supremacismo blanco y grupos como los Proud Boys por miedo a perder sus votos) o directamente como fue el esfuerzo concienzudo en ganarse el voto de la comunidad evangélica especialmente con la postulación de Pence y la desfinanciación de Planned Parenthood.

Aunque personalmente creo que una buena cantidad de supremacistas blancos particularmente de aquellos grupos más radicales como los alt-right y grupos neonazis están conscientes de que Trump no es de los suyos (después de todo, ha sido uno de los presidentes más amistosos con Israel y sus hijas están casadas con judíos, uno de ellos israelí), se sintieron atraídos por las posiciones de Trump contra la inmigración latina. De nuevo, esto era algo que no esperaban nunca que pasara; que un candidato de un partido mainstream fuera tan “políticamente incorrecto” de decir abiertamente lo que ellos piensan al respecto. Decir que la inmigración latina debía frenarse, cosa que ha sido su meta desde hace décadas. Incluso grupos como el Ku Klux Klan ya han abiertamente renunciado a la violencia contra negros y judíos alegando que están de acuerdo a convivir con ellos, pero manteniendo su feroz oposición a la migración hispana. Para ellos, el sacrificio de apoyar a un candidato prosionista y con el que tendrían diferencias en otros temas bien valía la pena. Y esto nos lleva a otro punto: el fenómeno Trump no es nuevo y no muere con él tampoco.

SIGA PRONTO LA TERCERA PARTE…

*Daniel González Chaves, 3 de noviembre de 1982, es Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional y escritor. Ha publicado diversas novelas como Un grito en las tinieblas; la vida de Zárate ArkhamLágrimas de guerreraLeonor; aventuras fantásticas El efecto Casandra. Fungió dos veces como regidor en el Concejo Municipal de Tibás en el período 2006-2010 y 2017-2018.

  • Este artículo de opinión es responsabilidad del autor del mismo y no corresponde a la línea editorial de este medio necesariamente.

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