El edificio que llena de ruido la Plaza de la Democracia

Pareciera que en algo estamos de acuerdo la gran mayoría de costarricenses por primera vez: el nuevo edificio del Congreso es de todo, menos algo aceptable, apropiado, acertado o medianamente bonito.

Son incalculables las expresiones que usan los costarricenses para referirse al nuevo edificio de la Asamblea Legislativa, que se construye actualmente en el costado norte de la Plaza de la Democracia.

Desde la “réplica del sarcófago de Chernobil”, “caja de tetra brick“, “cubo Borg” (Star Trek) y la “caja de Minecraft” (juego de video), hasta “un bloque de cemento en medio paisaje natural y patrimonial” o “el edificio que llena de ruido la Plaza de la Democracia”*.

Y las adjetivaciones son aún más extensas: adefesio, espantoso, imprudente, encierro, asqueroso, horrible y muchos más. Y no es para menos, parece que con excepción de los diseñadores y constructores, nadie difiere en que este edificio es “un monumento al desacierto”.

Porque no solamente se trata de lo feo que se ve el cajón de concreto que ahora se puede visualizar, sino que su maqueta y diseño nos permiten apreciar bastantes problemas desde muchos puntos de vista.

LEA TAMBIÉN: De patrimonio, presupuesto cultural y mucho por hacer

El primero es que en medio de un paisaje natural y patrimonial, con parques (Parque Nacional y Plaza de la Democracia principalmente) y construcciones antiguas de corte patrimonial (los edificios que componen la misma Asamblea Legislativa, el portentoso Museo Nacional, el novedoso Museo de Jade y otras más pequeñas), aquel bloque de concreto indudablemente desentona.

Y no lo digo yo, lo dicen arquitectos, especialistas en patrimonio, ingenieros y diseñadores. El “mamarracho”, como lo hubiera definido don Beto Cañas -quien así se refirió a la anterior propuesta igual de horrible-, afecta la geografía visual del paisaje urbano de esa zona de San José.

Por otra parte, otra crítica pesada que se cierne sobre esta idea es el gran consumo de energía eléctrica que necesitará, por causa de la ausencia del ingreso de luz natural que es notable a simple vista. El edificio es un cajón cerrado con pequeñas ranuras que poco dejarán pasar la luz solar.

LEA TAMBIÉN: Costa Rica restaura la esferas de piedra más grande del mundo

Según el proyecto original, tendrá además un parqueo interno y, aparentemente, el plenario legislativo sería bajo sótano, aislado de la población.

Y es en ese punto donde lo simbólico juega: la nueva Asamblea Legislativa parace un búnker -otra expresión usada por la gente- donde el Poder Legislativo emite un mensaje negativo a la población: estamos bajo puertas cerradas, escondidos y aislados de ustedes; un mensaje nada democrático y menos participativo.

Todo un vía crucis ha sido llegar a este punto por reiterados desaciertos en las propuestas arquitectónicas que, finalmente, casi por insistencia y hastío -sin mencionar otras sospechas que se corean- terminó siendo esta estructura.

En la propuesta anterior se construía una especie de contenedor de concreto sobre los otros edificios patrimoniales que ya conforman la Asamblea. Como hubo una fuerte oposición y la negativa de permisos por parte del Centro de Patrimonio, con el apoyo de la entonces ex ministra Elizabeth Fonseca y la Comisión de Cultura del PAC, entre otros actores, finalmente desistieron de esa idea que, sin lugar a dudas, era aún peor. Porque sí, había un diseño peor.

Pareciera que en algo estamos de acuerdo la gran mayoría de costarricenses por primera vez: el nuevo edificio del Congreso es de todo, menos algo aceptable, apropiado, acertado o medianamente bonito.

*Expresión escuchada a Fabricio García en Facebook.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *