¿Diputada fascista o comunista? ◘ Voz propia

Lo que resulta absolutamente novedoso en este asunto y quizás, hasta folclórico, es que por vez primera  -que yo sepa-, se juzga quién sabe con qué parámetros, la obra literaria de un candidato a recibir la ciudadanía honorífica de Costa Rica.

Por Habib Succar

OPINIÓN. Con estupor me enteré por La Nación, que la Diputada María Inés Solís, presidenta de la Comisión de Honores de la Asamblea Legislativa, mandó a comprar un ejemplar de La fugitiva, novela de Sergio Ramírez que supuestamente, según quiere verificar la Diputada, “expone de forma negativa” la figura de nuestra Benemérita Yolanda Oreamuno.

Es decir, la señora presidenta “estaría juzgando la obra literaria de Sergio Ramírez” (¡qué horror!), como si la Ciudadanía de honor solicitada por los expresidentes y la expresidenta para Sergio Ramírez fuera un premio literario, cuando lo que se busca es honrar la vida de lucha inclaudicable por las libertades democráticas que ha caracterizado a Sergio Ramírez, amigo de Costa Rica y luciérnaga en Nicaragua oscurecida por la Dictadura Ortega-Murillo que ahora le persigue, como le persiguió antes la Dictadura Somoza.

Es decir, según la señora Diputada, si los valores, contenidos y en general, la obra literaria de Sergio Ramírez no fuera de su agrado por las razones dichas, ella no aprobaría el otorgamiento de la ciudadanía costarricense para don Sergio, como si estuviéramos en la Alemania nazi, la ex Unión Soviética, la Italia de Mussolini, en China o en Cuba, donde se perseguía y persigue a los artistas y escritores por sus obras, porque esos regímenes totalitarios no pueden permitir jamás la libertad de expresión ni de creación.

Ahora bien, si seguimos esa “línea argumental” de la señora Diputada, entonces debemos aplicarla a las decisiones recientes (agosto, 2021) tomadas por la Comisión de honores que preside doña Inés. Pero no resiste un análisis serio. Veamos.

Para mi sorpresa (sí, esta Asamblea es fuente de constantes sorpresas, muchas ingratas), la Comisión de honores aprobó y por tanto se llevó al Plenario y este también aprobó a golpe de tambor el 11 de agosto, una piñata de benemeritazgos y una ciudadanía de honor, en ese caso, fue para el papa Juan Pablo II. No sabemos cuáles fueron las razones para nominar al papa a la ciudadanía costarricense (algo que no pidió y que no le suma nada a su trayectoria), lo que sí sabemos es que hay poderosas razones para no concederle semejante honor a ese papa en particular, dado que durante los últimos años de su pontificado papal, se caracterizó por una política sostenida y descarada de protección y silencio alrededor de las muchísimas denuncias en todo el mundo, contra los cientos de curas y otros prelados católicos pedófilos. Juan Pablo II supo y recibió muchas denuncias en todo el mundo sobre abusos de todo tipo, sobre todo de prelados (obispos, arzobispos y otras autoridades) a quienes protegió y sustrajo de la jurisdicción civil para que no fueran juzgados por sus crímenes, valiéndose del Derecho Canónico. Vale que el papa Francisco ha pedido perdón por tantas injusticias y esta actitud criminal del papa Juan Pablo II. A un señor con esta horrible mancha en su trayectoria, yo no quisiera que se le diera la Ciudadanía honorífica costarricense, como lo hizo la señora Diputada (fue un acuerdo unánime de la Comisión que ella preside).

Sergio Ramírez y Daniel Ortega

Quizás, si la señora Diputada lograra leer con atención y deleite la novela de Sergio Ramírez La fugitiva, que recrea entre ficción y verdad la vida de Yolanda Oreamuno (donde no sabemos qué es ficción y qué es verdad), algo habrá ganado ella en lo personal, cultivando el siempre productivo hábito de la lectura y agregando a su portafolio de autores leídos, una obra del magnífico Sergio Ramírez, autor que ha recibido, entre otros, el Premio José María Arguedas (Casa de las Américas, Cuba, 2000), el Premio Carlos Fuentes (UNAM, CONACULTA, Academia Mexicana de la Lengua, Colegio de México y el Colegio Nacional, 2014), Premio de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, distinción de Caballero de las Artes y Letras (Francia, 1993), Premio Imagen (Caracas, 1971), Premio Hammet (1990), Orden Carlos Fonseca (Managua, 1990), Premio Laure Bataillon (París, 1998), Medalla de Honor Pablo Neruda (Chile, 2004), el Premio Cervantes (España, 2017) y muchos otros reconocimientos más.

Sin duda alguna, luego de la ceñuda lectura de la Diputada Solís, Sergio Ramírez se sentirá muy honrado de agregar un galardón más a su larga lista de reconocimientos, puesto que ahora podrá decir que su obra La fugitiva, fue leída por la presidenta de la Comisión de honores de la Asamblea Legislativa de Costa Rica (¿la habrá leído?), con miras a otorgarle la Ciudadanía de honor solicitada por 5 expresidentes y 1 expresidenta de Costa Rica y acogida con entusiasmo por el pueblo costarricense y la mayoría de sus escritores y artistas.  

Lo que resulta absolutamente novedoso en este asunto y quizás, hasta folclórico, es que por vez primera  -que yo sepa-, se juzga quién sabe con qué parámetros, la obra literaria de un candidato a recibir la ciudadanía honorífica de Costa Rica. ¿Es la señora Diputada una acreditada crítica literaria? ¿Con qué herramientas teórico ̶ metodológicas y académicas abordará la tarea crítica la señora Diputada? Y, ¿por qué no preguntarnos?: ¿Actúa por sí misma la señora Diputada o es caja de resonancia de oscuros intereses ligados a la Dictadura Ortega ̶ Murillo, como se sugirió en un artículo que salió hoy publicado en una revista digital?

No debería de extrañarme tanto este asunto, pues nuestra insigne escritora Yolanda Oreamuno, fue recientemente designada de forma errónea por esa misma Comisión de honores  y después por la Asamblea Legislativa, como Benemérita de la Patria (sic), siendo que lo que correspondía era declararla Benemérita de las Letras Patrias, para lo cual tiene méritos suficientes. ¿Menuda confusión o supina ignorancia?

Lástima que la Diputada María Inés Solís no presidía esta misma Comisión cuando se le otorgó la ciudadanía honorífica al Dr. Franklin Chang, nos hubiera encantado leer sus comentarios críticos sobre el uso de la energía del plasma o el alineamiento de las estrellas en época estival, para valorar así los atestados que acreditaban al Dr. Chang como candidato a semejante honor.

Como decía Carmen Lyra, “aviaos estamos”, y que alguien le traduzca a la señora Diputada.

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