Descontento con Alvarado es similar al que tuvieron Chinchilla y Solís en mismo período

Los porcentajes de descontento coinciden con los mayores picos de Chinchilla en agosto de 2013 y de Solís en agosto de 2015 y 2016, con una desaprobación que supera el 60% en los tres casos.

  • Especialistas resaltan que es normal que en agosto la popularidad de los presidentes decaiga, se trata de un comportamiento cíclico.

El ciclo de la popularidad política se repite con el presidente Alvarado Quesada, según el informe dado a raíz de la encuesta e investigación realizado por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica.

Según los datos de rechazo del CIEP, el presidente Alvarado llega al tope de opiniones negativas que obtuvieron los ex presidentes Laura Chinchilla y Luis Guillermo Solís en el mismo período.

Evidentemente, si se compara con agosto del año pasado, en que apenas tenía dos meses y resto en su gobierno, el aumento ha sido notable, del 36% al 65%, para una diferencia de 31%, casi el doble. En marzo el número estaba en un 50%.

Los porcentajes de descontento coinciden con los mayores picos de Chinchilla en agosto de 2013 y de Solís en agosto de 2015 y 2016, con una desaprobación que supera el 60% en los tres casos.

Para el politólogo Gustavo Adolfo Araya Martínez, con una amplia experiencia en estudios de opinión, es usual que en agosto aumente el descontento ciudadano.

“Aproximadamente hay una especie de mitad de año, al regreso de vacaciones resulta ser como una segunda cuesta de enero y el asunto es difícil económicamente hablando, por eso los estudios de agosto muestran picos significativos”, expuso a Culturacr.net.

Incluso estudios de opinión previos a estos tres jerarcas han demostrado que todo gobierno inicia con una popularidad favorable que hacia el final del primer año empieza a convertirse en desfavorable y alcanza su peor momento en agosto del segundo año. Es decir, se trata de un comportamiento cíclico y normal en la dinámica política costarricense.

“Además es un período políticamente importante, porque es período de sesiones extraordinarias en agosto y entonces el gobierno toma como un segundo aire y así los proyectos de Gobierno pasan a un primer plano, y las diferencias con las fuerzas políticas hace más evidente el descontento”, explica Araya Martínez.

“En noviembre la percepción tiende a mejorar, pero de mayo a agosto el descontento vuelve a crecer”, expone el reconocido politólogo.

En el caso de Laura Chinchilla sus picos más altos fueron hacia el final de su mandato, que terminó con una alta desaprobación de la gente cercana al 64%. Luis Guillermo Solís, en cambio, logró mejorarla (después de estar en el umbral superior al 60% entre 2015 y 2016) hacia el año 2017 con un número superior al 30%, pero decayó hacia el cierre llegando a poco más del 40%, posiblemente a raíz del sonado caso del “Cementazo”.

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Solís empezó en 2014 con uno de los mejores indicadores de popularidad en la historia, con un 20% de rechazo, pero luego fue perdiendo el apoyo. En el caso de Alvarado empezó con un rechazo cercano al 36% y llega en este agosto de 2019 al 65%.

Un ciclo natural

Es también usual que todas las administraciones terminen con porcentajes de alta desaprobación, que en algunos casos no es tan alta como la que sufren a mediados de su período de 4 años.

Analistas coinciden en que la acción política genera rechazos en muchos sectores por su propia naturaleza (no pueden gustar a todos), impulsados también por la dinámica de los medios de comunicación que favorecen el escarnio público para mejorar sus números de “raiting“.

Gustavo Adolfo Araya además agrega que tiene que ver con un “aumento en las valoraciones de los sectores y la dinámica legislativa, entonces se hacen más visibles los problemas“.

Es también cíclico y natural que los mismos gobiernos decidan aplicar las políticas más impopulares al inicio de sus períodos, para cosechar los resultados hacia el final. Sin embargo, con la cercanía de las elecciones hacia el último año del mandato, los ataques de la oposición y prensa se acrecientan hasta lograr el deterioro, e incluso invisibilización, de los logros alcanzados.

“Es incremental, el tercero es el peor año para los gobiernos; pone a prueba su base más férrea de apoyo”, expresa Araya.

La política costarricense, con pocas excepciones, ha mantenido este comportamiento que la CIEP confirma con los datos. Lo esperable en este momento es medir en los años siguientes si el descontento hacia el presidente Alvarado aumenta o más bien disminuye.

El presidente Alvarado, por su parte, declaró que no mide su trabajo en términos de popularidad, sino de resultados que se podrán ver más adelante.

“Entiendo que muchas medidas que he tenido que tomar no son populares, pero había que tomarlas”, indicó Alvarado Quesada.

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