De un plumazo el Congreso borra nuestro orgullo multiétnico y pluricultural ◘ Opinión

“Costa Rica es una República democrática, libre, independiente, multiétnica y pluricultural”, dice el artículo 1 de la Carta Magna del país.

OPINIÓN EDITORIAL. Como un acto de resiliencia, el Congreso de Costa Rica determinó en 1994 que en lugar del horrible “Día de la Raza”, ahora sería “Día de las Culturas”, para honrar la diversidad étnica y pluricultural del país, incluyendo los aportes de todas las culturas que nos conforman: indígenas, española, afrodescendiente y oriental.

El mestizaje y el ser muliétnico y pluricultural que fue consagrado en el artículo 1 de la Constitución Política de Costa Rica posteriormente, fue celebrado así, en un acto para entendernos y aceptarnos en el sincretismo cultural.

“Costa Rica es una República democrática, libre, independiente, multiétnica y pluricultural”, dice el artículo 1 de la Carta Magna del país.

“Cuando se aprobó el Día de las Culturas, se aclaró definitivamente, que las raíces de Costa Rica, al igual que las del resto de los países latinoamericanos, proceden de tres troncos que interactúan, desde 1492: el español, el indígena y el africano-caribeño”, explica el Ministerio de Educación Pública en su web.

El gran problema es que, a pesar de directrices claras del MEP que revisamos y de explicaciones que nos dieron, parece que los docentes, directores, supervisores y demás personal de la educación no entendieron esta valiosa efeméride, para transformarla en un bodrio parecido a la celebración gringa y europea del “día de las naciones”. Entonces veíamos a nuestros niños vestidos de “indios y vaqueros”, o de escoceses y franceses.

Pero no por eso, ni por ninguna otra razón tenían que eliminar esta fecha que nos recuerda y nos permite ir aprendiendo que somos mestizaje, sincretismo y orgullo pluricultural y multiétnico. Lo que debieron hacer fue reforzar el concepto y darle un sentido más avanzado, que exija a los docentes y al MEP incluir una educación más eficaz en esa orientación.

Sin embargo, de un plumazo, por unanimidad, 46 diputados de la República decidieron acabar con ese día el pasado 2 de diciembre (aún falta el segundo debate). Y aunque es absolutamente loable que quieran oficializar el Día de la Abolición del Ejército, es también absolutamente despreciable que quieran borrar nuestro legado diverso de esa manera.

Como dijo alguien por ahí: “no se vale vestir un Santo desvistiendo otro”. En efecto, esta ha sido una ocurrencia terrible que más temprano que tarde deberemos enmendar. Es como enviar un mensaje así: como no nos entendemos y no hemos podido educar a nuestros hijos para entendernos y sentirnos orgullosos y en alta estima por quienes somos y de donde venimos, mejor dejemos de ser sujetos históricos y culturales.

Costa Rica, como los demás pueblos de Latinoamérica, enfrenta históricamente sentimientos de baja autoestima cultural y social. Siempre nos hemos creído inferiores por tener raíces indígenas y afrodescendientes, y eso es tan triste como un cholo insultando a otro cholo por ser… ¡cholo!

Somos pueblos sufridos en los últimos siglos a partir de un mestizaje violento, genocida e inhumano, pero con el inicio de las repúblicas hemos tenido la oportunidad de transformarnos y superar ese trauma.

Hoy, 527 años después, tenemos la oportunidad de encontrarnos en la mixtura, en la deliciosa diversidad que nos conforma y sentirnos orgullosos del ADN que nos circula. Pero si eliminamos esta fecha lo que estamos haciendo es más bien borrar, evadir, olvidar y no aceptar lo que somos.

No hagamos eso, evolucionemos, construyamos una oportunidad de orgullo para este pueblo maravilloso que necesita mejores mensajes.

Hoy debemos hacer otro ejercicio de resiliencia y superar esos demonios del pasado, en lugar de estarlos lamentando a cada momento, y ese es el mejor ejercicio crítico que podemos hacer, el ejercicio de aprender del pasado para mejorar el futuro.

NOTA: Los artículos de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente de este medio de comunicación.

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