De lo sublime a lo ridículo: la decadencia de un ícono

Nadie puede hablar de un ogro, sin saber su historia primero. Todos sabemos de Shrek, pero no todos sabemos de Óscar Arias Sánchez, el líder político, ególatra y estratega brillante que pasa de príncipe a los pantanos.

OPINIÓN. Aunque ahora se le juzga como un ogro y pervertido sexual, no todos saben de Óscar Arias Sánchez, el líder político, ególatra y estratega brillante que pasa de príncipe del mundo a los pantanos de la sociedad.

Ubicar la grandeza

Cuando Óscar Arias Sánchez empezó la campaña hacia la presidencia en 1986 era un emergente desconocido por el pueblo, aunque ya tenía carrera como ministro y diputado de su partido. No tenía encanto, ni presencia, ni parecía tener carisma para ganar las elecciones, pero todos sabían que era millonario y, poco a poco, fue conquistando a los liberacionistas, con discursos ecuánimes y balanceados.


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Cuando en 1986, el presidente de Costa Rica empezó con su proyecto de pacificar Centroamérica, las críticas y el desencanto popular crecieron espontáneamente. “¿Para qué se ocupaba de los problemas de otros países si no podía solucionar los nuestros? ¿Por qué se la pasaba viajando y se olvidaba de Costa Rica? Que era una lucha perdida…”

Arias resultó ser un politólogo, economista y abogado sobresaliente, un intelectual, pero ante todo un estratega que doblegó las rodillas al mismo presidente Reagan para que dejara de financiar a la Contra nicaragüense, mientras comprometía al sandinista en la presidencia, Daniel Ortega, para que abriera a elecciones libres en ese país, por primera vez en muchos años. Similar se logró en El Salvador con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, así como en Guatemala, con sus respectivas guerrillas, mientras en Honduras la dictadura predominaba una y otra vez.

En agosto de 1987 se firma el acuerdo de Esquipulas que inicia la paz en el istmo y en octubre recibe el Premio Nobel de la Paz. Para ese momento, Arias Sánchez era un ídolo y hasta los opositores mariachis le declaraban admiración y respeto por sus obras. Nadie racional, ni antes ni ahora, puede dudar de la impresionante gestión de don Óscar Arias Sánchez para regresar la paz a Centroamérica; hay un antes y un después sobre la historia de esos países. Nadie puede racionalmente dudar que haya merecido el Nobel por aquel trabajo que salvó cientos de miles de vidas. Eso debe quedar claro, sobre todo para quienes pudimos vivir y sentir la diferencia.

Durante el 88 y 89 el entonces presidente se dedica a impulsar el Programa de Ajusta Estructural (PAE) II y, a pesar de ser en ese momento un emblema nacional -un ídolo de multitudes-, perdió alguna popularidad que quiso recuperar con la publicidad de las 80.000 viviendas que había construido su programa de bonos de vivienda.

El ínterin

En el ínterin de esos acontecimientos trascendentales, el idolatrado presidente recibía en Casa Presidencial a una vedette española para mejores señas conocidas como “Maripepa”. En ese tiempos, los muchachos nos emocionábamos sexualmente con un video de Sabrina que pasaba Canal 13, donde ella dejaba ver sus grandes senos; hoy eso sería irrelevante. La sexualidad era un gran misterio y las mujeres eran, sin duda alguna, y lamentablemente, consideradas un objeto sexual.


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Genio y figura, en esos años, don Óscar Arias, aún no tan mayor, tenía el mundo en sus manos y el poder con que contaba, duraría un par de décadas.

Curiosamente, en 1990 el Partido Liberación Nacional perdería unas cerradas elecciones contra el hijo de un caudillo: Rafael Ángel Calderón Fournier. Costa Rica parece tener una norma político-electoral: no permite que un mismo partido gobierno más de dos veces, el poder absoluto es cercenado por la idiosincrática sabiduría popular.

En ese tiempo, la sociedad veía como normal que un hombre piropeara o hiciera propuestas indecorosas a las mujeres. Una mujer “de bien” no se reunía a solas con un hombre, un hombre podía intentar un acercamiento e insinuar lo que quisiera, y eso era parte del cortejo. El hombre podía ser infiel y la mujer toleraba. En espacios de alta sociedad, el hombre debía -eso sí- detenerse cuando la mujer lo indicara. El patriarcado desde la colonia aún tenía bien puestas sus tenazas. Seamos muy claros: culturalmente hablando en ese momento todas esas situaciones eran de recibo.

Hoy eso es intolerable, aunque siga sucediendo en espacios de clases en desventaja o de violencia extrema; la violencia sigue predominando.

Después de 1990, Óscar Arias siguió siendo una persona con mucho poder en Costa Rica. No obstante, durante una década y media aproximadamente, el líder se dedicó a viajar por el mundo y pasó un período hasta que volviera a ejercer su poder directo sobre el país.

Entonces enfrentó el divorcio. Margarita Penón (que entonces se llamaba a sí misma como “de Arias”) al parecer se cansó y claudicó. ¿Cómo era posible que aquella dama se separara de una eminencia? El asunto fue visto con rechazo machista y ella tuvo que sufrir el desprecio social, pero aún así, valiente y digna, incluso se lanzó como candidata en las internas del PLN, pero no obtuvo el apoyo necesario. Cada quien tiene su versión del porqué y puede imaginar lo que quiera, pero es claro que el machismo imperaba. La situación familiar y personal se mantuvo en completa austeridad.

El retorno al poder nacional

Su acto inmediato, cuando ya dejó de tener la misma influencia en el mundo, fue regresar a Tiquicia e intentar hacer un cambio de la Constitución Política, para permitir la reelección. Para usó su poder y su influencia en el Poder Judicial, así lo confirmó luego Guido Sáenz en un libro.

Caprichosamente un ejemplo que compartía con Daniel Ortega en Nicaragua; ambos deseosos de volver al poder, por intereses creados. En el año 2006 Arias asumió en Costa Rica después de ganar por la mínima contra Ottón Solís, del incipiente Partido Acción Ciudadana. En 2007 Ortega lo hacía en Nicaragua, y en octubre de ese año se aprobaba el Tratado de Libre Comercio con EE.UU en un referendo también muy estrecho. El poder estaba de nuevo en sus manos.


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Sin embargo, su segundo gobierno había dejado a Costa Rica en quiebra fiscal. Y las luchas habían partido a Costa Rica en dos grupos. El dolor y división emocional permeó al país, generando inmediatamente grandes resistencias hacia el ahora caudillo. Pero él ya tenía y quería más poder.

Como en “El moto” de García Monge, donde Cundila Guillén era obligada a casarse -a principios del siglo pasado- con un oligarca (gamonal-terrateniente), el flamante Nobel y ahora por segunda vez presidente del país, produjo la estrategia infalible para las elecciones de 2010: una mujer (posiblemente a quien consideró su hija política). Una a la que quiso manipular en el Gobierno, pero eran otros tiempos: Laura Chinchilla se cansó de la apropiación de Arias Sánchez y se separó de aquel patriarcado moderno.

Ahí empezó quizás, porque no pudo ser antes con Margarita Penón, el empoderamiento de una nueva generación de mujeres políticas. Pero eso la dejó débil y terminó su gobierno muy criticada por corrupción, una que ya era estructural en aquel partido tradicional que desde 1949 dominaba la escena política y económica del país centroamericano: Liberación Nacional. A principios del milenio, el otro partido dominante -el PUSC- también había caído por escándalos de corrupción.

En el 2014 y 2018 los costarricenses en mayoría contundente, a pesar de las encuestas previas, se inclinaron por aquella fuerza nueva que casi hace perder al más poderoso de los políticos costarricenses de la época, el PAC. Se rompía el bipartidismo y la visión patriarcal. El nuevo partido traía en sus venas una propuesta progresista que defendía los derechos humanos de las mujeres y otros grupos en desventaja social y política.

Leyes y cambios paradigmáticos en la forma de pensar del costarricense se gestaron. Y las mujeres ya no quisieron seguir en ese patriarcado que las sometía al antojo masculino.

En su senilidad, quiso retomar el poder con la errática candidatura de su hermano Rodrigo, quien ni siquiera pudo ganar la convención interna de su partido. Y tuvo que presenciar una derrota en la que su partido ni siquiera fue a la segunda ronda.

El ahora electoralmente derrotado político nacional, débil y sin la convicción suficiente, ni su capacidad estratégica de antes, incluso apoyó la candidatura de otro eterno perdedor en las contiendas del PLN: Álvarez Desanti, para oponerse al contendor histórico, el hijo del otro gran caudillo: José María Figueres Olsen.

Mientras en Nicaragua, Ortega se mantiene en el poder con la violencia y el apoyo de grupos de interés, además de un bloque internacional en decadencia, en Costa Rica Arias Sánchez ya había perdido su poder popular y estaba ya quedando como un personaje para la historia.


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Pero en este país centroamericano, las sorpresas no se detienen en la política. En cuestión de semanas, en enero de 2019, al menos diez mujeres han manifestado denuncias -formales e informales en redes sociales y replicadas por medios de comunicación- sobre supuestos hechos de violación o acoso sexual, que van desde sus mejores momentos en el marco de Esquipulas y sus valiosas luchas por la pacificación de Centroamérica, hasta tiempos más recientes.

Denuncias que, dolorosamente para su familia, incluyen períodos en los que el ex presidente estuvo casado, incluso con su actual matrimonio. Pero hoy la infidelidad ni siquiera es considerada, eso es irrelevante en la dinámica moral de la actualidad; hoy se trata del abuso sexual en todas sus formas, desde las palabras hasta los atrevimientos físicos.

Ahora bien, la mayoría de los costarricenses ya han declarado culpable al caudillo, aunque los tribunales digan lo contrario. Pero eso no es exclusivo para él, así viene siendo desde hace rato en todo los casos, incluyendo “el Cementazo” y muchos otros.

El ex ministro Leonardo Garnier, quien evidentemente tiene una posición progresista en estos temas, ha manifestado claramente que a pesar del agradecimiento, él sí le cree a la denunciante. Así corrigió un mensaje previo en el que defendía el derecho a la justa defensa para comprobar los hechos, como no lo había planteado antes con un futbolista cubano. Coherencia ideológica corregida.

Similar le sucede a su ex ministra de Salud, María Luisa Ávila, quien siempre declaró ser arista a muerte. Ambos apoyaron la candidatura de Carlos Alvarado, del PAC, en las pasadas elecciones, sobre todo por su planteamiento a favor de los derechos humanos, que hoy tanto adversan los partidos religiosos evangélicos.

Si ellos dicen que sí les creen a las denunciantes, y si hoy la mayoría hace leña del árbol caído, pareciera que la justicia en este país centroamericano ya no depende mucho del Estado de derecho, o de las leyes en general. Parece depender del reproche y erradicación de un modelo de conducta social y sexual que ya no es permitido.

Como sea, el escarmiento público ha cobrado las expresiones ridículas de un personaje histórico en decadencia para cobrarle algo más que un acoso sexual: se trata de también de una diferencia ideológica muy fuerte. Se trata, quizás, del progresismo social contra el neoliberalismo económico de raíz patriarcal.

Antes las relaciones sexuales impropias se manifestaban levemente, hoy es una relación de poder. Si alguien con más poder abusa de otro, está cometiendo delito.

Seamos francos: hoy se le cobra su abuso del poder al señor Óscar Arias Sánchez, así como a su ego y su conducta a favor de sectores protegidos del sistema económico. No obstante, nadie puede negar que todo abuso debe ser eliminado y que, como ejemplo, el Nobel sirva de excelente manera la mesa para sus adversarios.

Pregúntense, ¿cuántos hombres de la edad del ex mandatario en este país podrían ser acusados de lo mismo hoy? Quien sabe cuántas cárceles más tendríamos que construir para incluirlos. Por supuesto, eso NO legitima ni normaliza esa detestable conducta, ya nunca más debe tolerarse semejante comportamiento de los hombres.

Si me preguntan, yo sí les creo, no porque sea él, sino porque eso estaba lamentablemente normalizado, como creo que el poder engendra monstruos y son muy pocos quienes se desprenden de esa condición humana. No lo justifico, intento poner el asunto en perspectiva histórica y socio-cultural.

La mesa está servida y parece que el asunto nos tomará mucho tiempo, pero es importante tener siempre criterio propio a partir de la realidad observable. El tema servirá para conversar sobre estos procesos y cambios culturales que se gestan de una generación a otra.

3 thoughts on “De lo sublime a lo ridículo: la decadencia de un ícono

  1. me parece que hacés una revisión inteligente de los hechos mencionados. Esperaremos el desenlace de todo donde se implican muchas fuerzas sociales que hoy se disputan los espacios de poder político-económico y nos desclabraremos como país, próximamente en manos de los tiranos que tienen visiones del mas allá y que los mueve al tradicionalismo absoluto un poco entre el pecado y la gracia…¿o la desgracia? Usaré tu artículo para estudiarlo en la universidad…

    1. Saludos don Ricardo. Gracias por su comentario y por la referencia a la universidad. Ojalá sea de provecho para el aprendizaje.

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