¿Cuestión de prioridades? Moda sí, libros no; hoteles sí, teatros no ◘ Voz propia

Vienen las elecciones, ¿seguirá siendo la cultura un bien económico menor? ¿Y los libros como la prioridad última?

El talento costarricense es algo digno de orgullo y definitivamente para exportación si se administra y promueve de manera acertada. Todo eso buenísimo, en todas las ramas y actividades de la creatividad nacional. Nadie dude en ningún momento de esta certeza.

Sin embargo, las prioridades en un país educado como el nuestro parecen siempre estar equivocadas o confundidas. Y eso se debe a la carencia de músculo en la cultura y a las voluntades políticas.

Mientras la primera dama Claudia Dobles anuncia con gran orgullo una “Feria de diseñado y pasarela”, este año el libro en Costa Rica no tuvo su tradicional Feria Internacional del Libro (FILCR), ni siquiera una feria en modalidad nacional hubo. La moda sí, genial, pero los libros no, metámoslos en una feria de artesanías y diseño, fuera de su espacio histórico y natural.

¿Será que la gente se contagia del Covid-19 más con los libros que con las prendas de vestir? ¿Incapacidad del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) para hacer su propia feria, ante el evidente divorcio con la Cámara Costarricense del Libro (CCL)?

Pero este no es el último ejemplo, Rodrigo Chaves -el ex ministro de Hacienda de este Gobierno y ahora candidato presidencial- reclamaba en la entrevista con “Cultura electoral 22” algo que todos los artistas de este país ya habían sentido con indignación: hubo apertura para hoteles (y moteles) pero no para las salas de teatro en medio de la pandemia. Los protocolos y aperturas de los escenarios llegaron tardíamente en todos los casos, cuando ya los aeropuertos estaban abiertos y los hoteles recuperándose con turismo foráneo. Moteles sí, teatros no.

Que quede muy claro: buenísimo por el diseño de moda y por el turismo, pero no se pueden discriminar otras actividades que requiere también apoyo y, por su valor educativo y cultural, un empuje decidido del estado.

Hablemos del libro en particular

Pero volvamos al libro. La Cámara del Libro (CCL) ya anunció que la próxima FILCR será -sin participación del MCJ- en agosto del próximo año en el Centro de Convenciones, allá por el Real Cariari, en la autopista hacia Alajuela. Especulo que el Ministerio de Cultura y Juventud ni siquiera presupuestó dinero para eso en el 2022. Ya veremos qué hace el próximo ministro de esa cartera. Libros de grandes empresas de la CCL sí, pequeños emprendimientos del libro costarricense posiblemente no, los costos serán altísimos.

Ayer informaba, por ejemplo, la Editorial UNED que sus ventas durante el año 2021 bajaron en un 47%. Muchos emprendimientos sencillamente no volvieron a publicar libros impresos y la actividad decreció notoriamente, al borde de quiebra para muchísimos.

¿Cuáles son las prioridades del estado costarricenses y cuáles las de este Gobierno? Es claro que turismo fue una, pero la cultura de ninguna manera.

Estado productor de libros

Lo más impactante de esto es que las editoriales más grandes e históricas del país son estatales, y si no fuera por el subsidios estatal con toda certeza no existirían, porque la venta de libros es una labor quijotesca, dantesca y árida si no hay espacios, vitrinas y oportunidades para acercar las obras a las manos de los costarricenses.

Casas editoras como la Editorial Costa Rica, que vive en permanente crisis, depende de lo que se pueda recoger anualmente por la Ley de Marcas, porque en cuanto ventas ni hablar.

¿Soluciones, qué se necesita? Lo de siempre: voluntad política a favor de la cultura. Mientras siga siendo considerada como un bien económico de menor importancia este país no crecerá en aspectos vitales de su vida social y política. (Sigue abajo…)

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Costa Rica necesita que el MCJ diseñe, presupueste e implemente un Circuito Nacional de Ferias del Libro con sus recursos propios, que abra espacios para llevar el libro y la literatura a todo el país, no los vagos intentos del Festival de las Artes que ni siquiera permite vender libros.

Pero resulta que incluso hasta las personas ligadas al medio literario absorben y aceptan su triste y limitada realidad. Si les dan un pequeño espacio de tres días en la Feria Hecho Aquí aplauden y agradecen emocionadamente como si no merecieran más que eso. ¿Será así?

Por supuesto, es una ayuda valiosa, pero es apenas un ápice comparado con lo que se podría hacer si hubiese un poco de voluntad política y de conocimiento sobre el sector del libro. Quizás esta misma lógica aplica a los demás sectores de las artes y la cultura costarricense. Creo que sí.

En fin, ya sabemos: economía sí, cultura no. ¿O será que el próximo presidente de Costa Rica cambia esta situación?

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