Cuento de Frank Ruffino: El poder de Sion

  • Le ofrecemos este cuento del autor costarricense, previo a la publicación de su libro.

I. Tragedia

Las autoridades del Servicio Secreto nunca fijaron su mirada, siquiera de reojo, en el peculiar y excéntrico Nathaniel Golán, quien en su corto existir no había honrado el elevado significado de su nombre: “regalo de Dios”.

El joven genio era experto en instalar y activar redes de explosivos empleando tecnología celular y también un hacker fuera de serie. No en vano a Golán los compañeros de la Facultad de Informática le endilgaron el mote de El Adelantado Cibernético.

Y como no hubo ninguna prevención para enfocarse en el tímido, enclenque y peludo Golán, ahora el sacratísimo y emblemático Muro de las Lamentaciones yacía convertido en una montaña de cascotes humeantes. Anegado por los millones de litros de agua que se vertieron en ellos, no se definió bien si las lágrimas derramadas por los hijos de Abraham y Sara, superaban a todas esas cisternas inútiles contra el poder seco y fulminante de la nitroglicerina.

Alrededor de la montaña de despojos pétreos, una muchedumbre de judíos lloraban desgañitados rasgándose sus talitot plegados sobre las tradicionales vestimentas oscuras y, entre tanto desconcierto, golpeaban compulsivamente sus kipás en rodillas y piernas. Sin la asistencia de la razón, en una histeria colectiva pocas veces vista, otros colisionaban los gorritos directamente en la ancha explanada frente a esa línea de bloques deformes.

Se trataba de una ingente cantidad de rocas en su mayoría despojadas de las superficies labradas y rectos ángulos, como sabemos remanentes ya escasos del segundo y monumental Templo de Jerusalén.

Lo oficialmente establecido hasta ese momento, fue que en esa tarde anterior al ataque, la atenta seguridad del sitio de adoración había tomado a El Adelantado Cibernético como habitual piadoso elevando plegarias por los suyos y la bendecida nación de Israel.

Ante la reciente catástrofe, no sin razón el famoso periodista Samuel Fridman del diario Israel Hayom de Tel Aviv, opinó con elocuencia:

“(…) …En las grabaciones de video se observa bien a una alta figura desgarbada de anteojos de marco negro con gruesos lentes verdes, ninguna sospecha despertó mientras este traidor encajaba la red de canutos y finos alambres entre las grietas a lo ancho de la base del muro. Un cuervo desmirriado de semejantes características, de ropas ridículamente flojas, no les había movido a practicar por lo menos un sencillo cacheo. Aún así, tratándose de uno de los nuestros, fue un craso error de seguridad nacional, lo que nos llama a la reflexión. ¡Por ningún motivo debemos bajar la guardia; hoy Israel se enfrenta a más enemigos que nunca antes (…). Tales actos de alta traición a la Patria y cultura judías, a partir de esta coyuntura, no deben verse como aislados, pues en tres o cuatro golpes de esta naturaleza nos desaparecen!”.

II

Celebración

Era un 15 de Nisán principiando La Pascua Judía. Por fin, lejos de su pequeño país, el larguirucho Nathaniel Golán hacía de centro de atención de los malditos neonazis de Copenhague, quienes celebraban agasajándolo por lo que creían ellos un acto heroico sin parangón desde la Shoá, pues el suceso había ocurrido apenas en las primeras horas de la víspera en el Lejano Oriente, jornada memorable contra el poder de Sion.

A petición repetimos esta promoción, ahora por el Día del Padre

Desparramado en cruz sobre una lona rojinegra cuya divisa, la esvástica, figuraba en el centro de un círculo blanco, los malditos neonazis de Copenhague impulsaban una y otra vez por los aires a El Adelantado Cibernético quien no ocultaba en su rostro una enorme satisfacción perversa.

-Camaradas, aún no se capitula esta guerra (el judas de Golán volteó su rostro hacia Adolfo Hitler describiendo una afectada reverencia), sólo se trata de la realización del deber cumplido, una batalla más que sumamos a la causa. ¡Heil Hitler! –exclamó el renegado villano en perfecto alemán, mientras los blancos y rapados legionarios se daban un respiro preparando sus robustos brazos a fin de lanzarlo aún con más fuerza.

-¡Heil Hitler! –vociferó el grupo, dirigiéndose todos devotamente hacia el retrato y practicando el riguroso saludo con el brazo derecho enhiesto-. ¡Heil Hitler! ¡Heil Hitler!

Pero pronto volvieron a la carga, y fue tanto el furor fanático de esta célula de racistas violentos, que las extremidades del judío rozaban el alto techo artesonado, templo ario dedicado a su adorado Führer. Con la misma fría maldad que le caracterizara en vida, desde la pared principal del cobertizo el otrora líder pangermano parecía contemplar aquel singular acto revolucionario de algarabía y júbilo por la destrucción de El Muro de los Lamentos.

III

Respuesta

Sucedió que a las pocas horas de la arremetida terrorista, el poderoso ejército de la resiliente nación israelí empleó pesados y gigantescos equipos tan altos como edificios de diez pisos, bulldozer y retroexcavadoras cargadoras. Se convocó a sabios y científicos en distintas áreas del saber y hacer: arqueólogos, ingenieros, arquitectos, químicos, físicos, informáticos; duchos especialistas en radiología y escaneo 3D, entre otros, constituyendo una especie de bloque humano indestructible de combatientes de la fe y buena voluntad.

De tal manera en tiempo récord la desgracia se revertió y asombró al mundo entero: reciclando la escombrera, los proactivos judíos levantaron un ancho boulevard aéreo donde hacía pocas horas se encontraba el tope de la solemne y milenaria muralla, uniendo con una misteriosa argamasa lumínica ese demencial puzzle de rocas sagradas de todos los tamaños imaginables. De esa mezcla no se sabía de qué material fosforescente se trataba y de sus proyecciones homogéneas sin una fuente reconocible: en la oscuridad brillaba inusualmente lanzando seis haces de luz que irradiaban toda la superficie de esa mítica capital del mundo.

–¡Es la estrella de Nuestro Rey David! –aseguraban emocionados los judíos desde puntos distantes de Jerusalén y más allá; también el milagroso mortero servía como detector de explosivos.

Esa estructura hermosamente remozada fue rebautizada con el nombre La Alameda Aérea de los Lamentos, y era más que eso: un nuevo muro transitable por sus dos superficies verticales y a su vez paseo suspendido a fin de ejercer la fe religiosa sui géneris del Judaísmo, al tanto los fieles disfrutaban de una vista panorámica de la ciudad.

IV

Normalidad

El sábado siguiente a la devastación, las primeras imágenes de los medios de comunicación global mostraban, a cierta distancia de esa conmoción, un enjambre de judíos como puntitos negros escalando las paredes de la multiforme y descomunal franja de fragmentos ingeniosamente reunificados con una tecnología que muchos consideraron extraterrestre. Durante el ascenso, a través de una intrincada red de escaleras que caracoleaban por doquier, los peregrinos depositaban plegarias escritas entre las rocas, disponiendo el novedoso entramado separaciones y diminutas celdas en forma de poliedros, así, de cerca, el conjunto semejaba una colmena de dimensiones épicas.

El vetusto ícono arquitectónico y religioso revivido con este radical giro del destino en la accidentada historia judía, en su cima ofrecía una superficie plana a manera de calzada asegurada por verjas de hierro en donde ya paseaban de un lado a otro cientos de israelitas formando con sus manos la ‘V’ de la victoria.

Ni el vengativo emperador romano Tito Flavio Vespasiano (quien a modo de escarmiento dejó en pie la pared que ahora magnetizaba con más fuerza a judíos y al mundo), ni el genocida de Hitler y su Estado Mayor, ni las hordas terroristas del Califato Islámico, ni ningún otro enemigo actual o futuro podrían ya con la determinación y fortaleza de los hebreos, rasgos humanos proverbialmente incrustados en su singular genética. Estas ordenadas y laboriosas abejas del espíritu y la materia miraban hacia lo alto del firmamento invocando y dando gracias a Dios.

*

Disfrazados de hippies, los malditos neonazis de Copenhague, su cúpula y el villano conocido como El Adelantado Cibernético fueron interceptados por la Inteligencia Israelí que alertaba a la policía danesa, y ésta tendió un filtro migratorio exhaustivo capturando a los terroristas en la frontera con Suecia.

Transcurridos treinta días del barbárico ataque, el amanecer de un miércoles Jerusalén vio a trece ahorcados oscilando al pie de la restaurada obra sagrada, que lucía resplandeciente.

*Los criterios y opiniones de invitados no corresponden necesariamente a los criterios y razones de este medio. Somos un medio de cultura que permite apertura intelectual y creativa. Toda obra literaria tiene criterios o planteamientos que no corresponden necesariamente al pensamiento de este medio.

Imagen solo ilustrativa

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