Cuatro conclusiones tras las elecciones de Costa Rica ◘ Voz propia

Este análisis objetivo deja patentes hechos de gran relevancia sobre lo sucedido en el proceso electoral de Costa Rica.

OPINIÓN. Sin duda la recién finalizada campaña electoral nos deja mucho en que reflexionar, especialmente a la clase política costarricense. Acá algunas de las ideas que podríamos esbozar haciendo un análisis de unas cuantas lecciones que nos dejó esta jornada.

  1. El PLN nunca volverá a ganar a menos que gane en primera ronda, cosa que parece improbable. Ya es tendencia que en segundas rondas lleva las de perder por el fuerte antiliberacionismo del país. Esto, por supuesto, podría cambiar si el otro candidato es demasiado negativo (por ejemplo un Fabricio) o el candidato del PLN es demasiado bueno (claramente no la clase de figuras que han tenido en las últimas tres elecciones que vienen de la costilla de la política tradicional como Araya, Desanti y Figueres). Un buen ejemplo de esto es como Chaves probablemente habría perdido por lo del acoso sexual de no ser porque su rival era Figueres.

El PLN ya no es lo que era antes. Indudablemente sigue siendo la maquinaria más grande y estructurada como sus resultados inigualados por ningún partido en escaños legislativos y alcaldías nos demuestran, pero se requiere más que estructura para ganar la presidencia donde, en un país de larga tradición democrática, la gente va a votar sin que la “jalen”. La base partidaria del PLN ha ido en decrecimiento desde hace décadas por un cambio demográfico natural, el problema del PLN es que conforme los cuadros más viejos fallecen estos no se renuevan. El PLN no es atractivo para los votantes jóvenes, y no parece querer serlo. Sus candidatos en las tres derrotas consecutivas no solo han provenido siempre de los clanes políticos más antiguos (los Araya, los Figueres y los Desanti-Raventós) sino además en prácticamente todas las elecciones el PLN ha buscado el voto conservador como lo hizo Araya en 2014, Desanti en 2018 y ahora Figueres en 2022. Que se conservador en sí mismo no es malo, pero cuando lo hace un partido que se dice socialdemócrata se produce un choque esquizofrénico. El votante conservador tiende a votar por la derecha económica, el votante de centroizquierda que sería el que podría pescar el PLN si cumple sus promesas de devolverse a la socialdemocracia suele ser progresista en lo cultural. En pocas palabras los candidatos del PLN tratan de quedar bien con Dios y el Diablo y no quedan al final con ninguno.

Pero lo que es innegable es la necesidad de remozarse. Si el PLN aspira algún día a romper su oleada de malas rachas deberá buscar una candidatura joven, novedosa y de preferencia que no haya ejercido muchos cargos públicos previos ni provenga de una dinastía política. En pocas palabras lo contrario a los tres últimos candidatos que tuvo.

  • El electorado pareciera ya irse agrupando en bloques ideológicos. No creo que sea coincidencia que Saborío pareció matar las candidaturas de Piza y Hernández (aparte del desgaste de estas dos figuras), Fabricio las de Cruickshank y Rivera, Feinzaig la de Malavassi y Díaz, Villalta la de toda la izquierda y el PPSD al PAC (aunque claro en el caso del PAC hubo otros factores) y a CRJ-Rolando Araya.

Con esto no quiero decir que el voto sea totalmente ideológico, pero aunque sea inconscientemente el votante costarricense parece estarse declinando por propuestas que tienen un sabor ideológico específico. Tampoco es coincidencia que Malavassi haya sido el menos votado de los “liberales” (si no se cuenta al candidato del malogrado Movimiento Libertario que fue el menos votado en esta elección de todos los 25 candidatos). Las posturas paleolibertarias de Malavassi parecían estar compitiendo con Fabricio en vez de con Diaz o Feinzaig. El electorado liberal, especialmente el joven, no encuentro atractivo en ello. Diaz pudo tener más potencial pero la candidatura de Feinzaig parece haberla mermado completamente aunque pudo haber tenido algo que ver la novedad, en especial considerando que el PLP se fundó en 2016 y tenía ya varias experiencias electorales que debieron haberle ayudado a formar cuadros y estructuras. En todo caso la existencia de tantos partidos compitiendo entre sí es inútil y harían bien Diaz y Feinzaig en pensar en unir sus partidos.

  • No obstante es también claro que los partidos están pasando a un segundo plano (ojo, los partidos no necesariamente las ideologías) y esto hace que el candidato pase a ser fundamental, a diferencia de otrora cuando era al revés.

En los viejos tiempos ser candidato por el PLN o el PUN/PUSC era suficiente para tener el apoyo de miles de personas y bases numerosas indiferentemente de quien ganara la convención. Si el PLN nominaba a Chiricuto igual iba a sacar votos y tener 50% de posibilidades de quedar. Por eso las luchas internas en las primarias solían ser mucho más duras. Hoy en día el partido pasa a segundo plano y el candidato es más importante, por ejemplo, aunque vio reducido su apoyo, Fabricio como individuo saca mucho más votos que Restauración como partido, similares situaciones podemos ver en casos como el del PIN que desaparece totalmente sin un candidato popular o el PAC cuyo candidato -a mí parecer- no tenía el carisma que tuvieron en el pasado Ottón, Luis Guillermo y Alvarado. Si mañana Villalta se pasa de partido se llevaría consigo los votos que recibió y el FA se desinflaría. Ergo, la estrategia de los partidos es enfocarse en buenas candidaturas, esto, por supuesto, va a hacer proliferar los partidos de alquiler y partidos franquicia a menos que el sistema se reforme.

No puede omitirse mencionar que el electorado también parece cansado con figuras que son candidatos más de una vez. Las candidaturas de personajes reincidentes como Hernández, Piza, Mena, Óscar López o Walter Muñoz han dejado a sus partidos con respaldos raquíticos, y la de Fabricio vio una considerable reducción de votos respecto a la campaña anterior. Ojalá esto provoque que se empiece a hacer costumbre en Costa Rica la tradición existente en Estados Unidos que un candidato perdedor nunca se vuelve a lanzar.

  • Y final: en todas las elecciones hay un voto antisistema (Villalta en 2014, Castro en 2018, Chaves en 2022) pero esta es la primera vez que gana, los efectos de esto los veremos en 2026 pero responde sin duda a una crisis de credibilidad del establishment político nacional.

Esto no es nuevo ni único en el país. Es un fenómeno global que hemos visto por ejemplo con Donald Trump en Estados Unidos, Modi en India, Duterte en Filipinas, Bukele en El Salvador y Bolsonaro en Brasil por mencionar a algunos. Todos candidatos que se prestaban de ser “del pueblo” y no de la “élite política”, enemigos de la “prensa manipuladora”, escépticos de la institucionalidad a la que tildan de corrompida y al servicio de las élites, contrarios al “globalismo”, neonacionalistas, autoritarios y que solían calificar a sus contrincantes como parte del establishment político-social responsable de todos los males en sus sociedades.

Las razones detrás de este desgaste del sistema político republicano y de esta tendencia que ha ido surgiendo mundialmente son demasiado extensas para examinarlas acá, pero valga destacar que figuras con discursos igual de confrontativas como Juan Diego Castro y Fabricio Alvarado. En eso Chaves Robles es más moderado, pero no deja de tener algunos visores similares. Aunque es pronto para juzgarlo y debemos darle el beneficio de la duda. No cabe duda, eso sí, que muchos de sus seguidores sí tienen ideas similares y han depositado en Chaves expectativas bastante antisistemáticas como el cierre (o al menos la toma de represalias hacia los medios “canallas”) y la reforma por la fuerza de la institucionalidad. Esperemos sin embargo que por una u otra razón Chaves aplaque esos ánimos, de lo contrario podríamos enfrentarnos a futuro con una genuina candidatura análoga a estas.

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