Convierten los temas vitales de la humanidad en un culto muy peligroso ◘ Voz propia

Lo que pasa entonces es que en torno a estas personas con necesidad de fe y de creer, se construyen pequeños y grandes negocios que explotan y estafan por esa necesidad.

Un hombre sobrepasa la seguridad brincando de un piso a otro

OPINIÓN. Nunca hubiéramos sabido lo que realmente sufrieron, y contra lo que se enfrentaron, personajes como Denis Diderot y Jean Le Rond d´Alambert, desde antes de 1751 y 1772 mientras construían la primera Enciclopedia (Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios) antes de la Revolución Francesa de 1789, de no haber vivido nuestro tiempo reciente.

Nunca hubiéramos entendido lo que tuvieron que luchar y enfrentar personajes como Voltaire y los grandes pensadores de la Ilustración (el Siglo de las Luces), de no haber vivido esta época de locuras conspiranoicas, fanatismo religioso y politiquería basada en el culto al “creer”, más que al “ser”.

Cuando Umberto Eco dijo que las redes sociales le estaban dando voz a un gran grupo de idiotas, no creo que imaginara (o quizás sí) el nivel al que se llegaría.

Si durante la Ilustración la humanidad asistió al predominio de la razón sobre la fe, hoy estamos viendo una remontada inimaginable de la fe sobre la razón. Y cuando digo fe no me refiero estrictamente a la fe cristiana, esa que siempre hemos tenido, sino a manifestaciones donde impera la completa irracionalidad, la imposición de conspiraciones absurdas, especulaciones paranoicas y delirios sociales cimentados desde la desinformación y la mentira en la red.

La Internet está, como ya sabemos, repleta de páginas que se dicen medios de información donde solamente construyen mentiras y falsedades que no soportan ni media lógica. Pero son mentiras que la gente quiere oír, que la gente necesita para saciar su morbo y desahogar sus propios problemas existenciales. Las redes, por supuesto, se encargan de difuminar en grupos todas esas mentiras, sin pudor alguno, sin ética, sin responsabilidad. Esas redes donde nadie lee más que títulos y memes.

Es el imperio del “yo no creo” sobre el “yo pienso (razono) que”. Hay personas en esta modalidad de vida a quienes se les puede demostrar todo lo que sea, se les puede enseñar ante sus ojos a un grupo de personas muriendo por Covid-19 en cuidados intensivos, que dirán con desparpajo “no creo que sean pacientes de Covid, deben ser de cáncer”. Por supuesto, como es ciencia y como requiere conocimientos, es natural que estas personas no “crean” si no saben, no entienden y no ven al condenado bicho microscópico.

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Lo mismo sucede con las vacunas: es muy fácil especular sobre “sus ingredientes” (como leí un día de estos) o que tienen chips ocultos o generan mutaciones genéticas o matan personas, entre otras ocurrencias sin fundamento alguno, porque sencillamente la gente ignora de qué se trata, cuáles métodos se aplican para crearlas. Y cuando se les explica, solamente ponen una carita de sonrisa (burla) en Facebook sin capacidad de responder o explicarse a sí mismos lo que realmente sucede, y quizás ni les importe, porque “no creen” y punto. Y en la conversación cotidiana solamente recurren a la falacia ad hóminem: “usted se cree sabelotodo, usted no sabe nada”, o afines.

Entonces necesitan tener “fe en la ciencia”, pero no la tienen porque la educación ha fracasado en motivar amor por el conocimiento y las ciencias. Nuestros sistemas educativos son cárceles aburridas donde se repiten rutinas con poco éxito pedagógico, pero ese es otro tema. Entonces lo que sucede es que cuando no se entiende, se necesita la creencia, por eso no es de extrañar que los cultos religiosos más fanáticos se asienten en comunidades donde la pobreza y el bajo nivel educativo son evidentes.

Lo que pasa entonces es que en torno a estas personas con necesidad de fe y de creer, se construyen pequeños y grandes negocios que explotan y estafan por esa necesidad. Desde esas seudo terapias con piedras y “energías ocultas” hasta los mismos cultos evangélicos pentecostales, han convertido asunto vitales de la humanidad, repito, asuntos vitales de la humanidad (como la salud física y mental), en negocios espurios con grandes daños y consecuencias terribles para las personas más ingenuas e inocentes, esas personas que -posiblemente- no leerán este artículo.

Convierten, ciertamente, a los grandes y vitales temas de la humanidad, en un culto o en una ideología del “yo creo” por encima de la ciencia, la tecnología y todo aquello que sí comprueba la existencia y la realidad. No se trata, entonces, de “decir la verdad” que es tan subjetiva, sino de conocer y comprender la realidad, lo que sí existe, lo que entiende el 99% de los especialistas y de las personas racionales.

Por supuesto, todas estas teorías conspiranoicas y estas manifestaciones o creencias dirán que lo suyo es realidad, hasta incluso manipularán principios o conocimientos de la misma ciencia para confundir y tergiversar, pero son los profesionales, los especialistas, los médicos, los científicos, los tecnólogos y todas aquellas personas que estudiaron y aprendieron y comprendieron reamente lo que es la ciencia, a quienes debemos respeto y escucha atenta, no a quienes vamos a declarar culto y fe ciega, pero sí a quienes merecen nuestra seriedad, porque son quienes han dedicado una vida al conocimiento de su profesión.

¿Cómo es posible que algunos prefieren creer lo que dice un pastor que no terminó la escuela o el colegio, o lo terminó con malas calificaciones, antes que lo dicho por un especialista con un doctorado? Eso se llama culto, se llama fe ciega y absurda, una muy peligrosa que trae consigo muchos daños sociales y tiene como víctimas a las personas más vulnerables de la sociedad; además de que compromete el bienestar de las personas y el futuro social y político de las naciones.

Más allá de la política (y la politiquería), de las ideologías (tan devaluadas y reiteradamente falibles) y de la misma economía, y de los gobiernos o partidos políticos, por supuesto, los que importamos somos los seres humanos, las personas, usted y yo, la humanidad.

Los artículos de opinión son responsabilidad total de su firmante, no de este medio de comunicación.

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