Combustión: Poesía honesta y transparente de Alejandro Cordero

Geovanny “Debrús” Jiménez. Entre la ternura y la sordidez en un mundo que nunca será ideal, pero con sus encantos, el poeta Alejandro Cordero presenta “Combustión“, este poemario que elabora una línea de tiempo de su propio recorrido como ser humano.

Pero es más que eso. Se trata de “la combustión como metáfora del tiempo. Es el tiempo el hilo conductor del poemario, y el fuego que arde y lo desaparece todo en un instante o lento y continuo…”, indica el escritor a CulturaCR.

El libro es un conjunto de poemas que el autor recoge desde 15 años para acá, poemas que redefinen el concepto que tenemos de combustión: “Sus poemas nos permiten reconocer el carácter simbólico de la palabra, porque la combustión no solo está vinculada a la destrucción: presentimos que el fuego también representa libertad, renacimiento, ofrenda o consagración”, relata en la contraportada Magdalena Camargo, escritora polaco-panameña.

Está la mujer, la amada, quizás ideal, que él espera. Es -también quizás- una musa reflexiva, indolente, pero finalmente tierna:

“…desconfiás de mis textos
porque te guiñan el ojo (…)
fumás con la cabeza afuera
porque no te quedás sin una respuesta…”

“Alguien me dijo por ahí que es uno de los poemas más honestos que haya leído, y por ahí va el asunto, la honestidad en mi poesía es parte de esa búsqueda, esa especie de testimonio vivido o soñado, pero siempre desde la sinceridad del sentimiento”, indica el autor sobre el poema previo que ofrecemos en extracto.

Están los abuelos que partieron, la abuela a quien se le quedó debiendo el poema que ella no leerá.

El poemario es “dedicado a mis abuelos, que son tema en algunos de los poemas, pero además parte fundamental de mi vida, de mis incendios internos, y que de alguna forma, también fueron responsables de generar la combustión interna para echar a andar el motor de la vida”, añade el poeta, agradecido.

Incluso la partida de los amigos que se van de madrugada, algunos que venden su biblioteca al mejor postor, o aquellos que no tienen una despedida clara:

“Y nunca encuentro
la estampilla que acaba por sellar
nuestra despedida”.

Hay temáticas existencias, sin duda, pero siempre transversales con el tema de una ella que justifica o no esa existencia. ¿Qué hay de Alejandro en estos poemas?

“Hay bastante de un Alejandro que ya no existe, en el sentido que es un poemario que duró alrededor de 7 años, hay poemas ahí que tienen 15 años, y otros no tanto. Pero sin duda muestran bastante y desnudan bastante la personalidad del hablante lírico, desde sus anhelos románticos, sus dramas, sus recuerdos de niñez, el anhelo por lo perdido, por lo que no vuelve, por lo que se quemó”, agrega el vate.

El libro puede conseguirse en este enlace de manera online por la módica suma de ¢2.400 (poco más US$4 más envío) y también en las librerías de la EUNED o que venden libros de esa casa editora.

Alejandro Cordero, poeta costarricense.

Hay también tonos sórdidos pero quizás moderados por una ternura o tenuidad léxica. Es muy interesante esa conexión en la poesía de Alejandro Cordero y en este libro en particular.

“De nuevo creo que has hecho una buena lectura del libro, y sobre todo de mí… Sin duda es una especie de espejo, un conato de retrato al estilo Dorian Grey supongo”, concuerda el también autor de Temporada de huracanes (Arboleda, 2010) y Habitación del olvido (Andrómeda, 2003).

Tanto la despedida como el viaje son parte de la existencia de los poetas, de sus arraigos. ¿Hay mochilas que siempre se quedan sin abrir, se trata de recuerdos que es mejor no abrirlos?

Cordero no tiene dudas: “Entre ese miedo y nostalgia por el viaje, ese deseo de que el viaje no acabe, aferrarse a la mochila sin desempacar como intento de alargar el recorrido…”

Los poemas de Alejandro Cordero son transparentes, su palabra es tenue pero concreta. Su palabra es combustión sin que pensemos necesariamente en un edificio en llamas. Esperamos que como en su poema “Cortina”, vos no pasés de lejos con este libro que no solamente merece, sino que da, que te ofrece una mirada honesta que agradecerás. Y, posiblemente, con la que también te identificarás.

Cordero es un joven entrenador profesional de canes, profesor de Español y un asiduo visitante de los encantos naturales de Costa Rica, principalmente su Bahía Drake, donde se refugia de vez en cuando de las tempestades de la ciudad. Un poeta que indudablemente va dejando una huella muy particular, una voz propia diáfana en la poesía costarricense.

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