¡Claro que soy un tibio! Es la ruta demostrada de la inteligencia ◘ Voz Propia

Por supuesto, por los caminos tibios de la realidad hay quienes creen más o menos en unas cosas y otras.

OPINIÓN. Hace muchos años, cuando me acercaba a los templos en busca de Dios, escuchaba sermones incendiarios de pastores evangélicos desdeñando con toda la fuerza de su galillo a los tibios.

En mis tiempos de juventud, en ese período de búsqueda por el mejor futuro, no comprendía bien el asunto y -un poco crédulo- no le di importancia al asunto; pensé que se refería más bien a los faltos de amor y propósito espiritual.

Décadas después seguí escuchando el discurso, pero ahora aplicado a la política: “Usted es un tibio pura paja”, me dijo alguien recientemente.

La búsqueda de los grupos extremistas, dogmáticos y radicales de disminuir la fuerza de quienes asumen los temas conflictivos de la vida social y política con prudencia, balance y una visión de encuentro, más que de separación, es furibunda y acuden a herramientas cada vez más deshonestas y nada éticas.

Un día de estos vi la portada de un libro que se titulaba “Pura vida / pura paja: el mito del buen tico” y, aunque no lo he leído, me recordó el otro mito, ese que dicta que ser tibio es malo o negativo.

En mi libro “Así somos los ticos” planteo que, como ya han escrito muchos grandes pensadores de esta tierra, Costa Rica y sus ciudadanos es un pueblo que busca el centro, hemos sido -por así decirlo- centrípetos: tendemos hacia el centro o hacia adentro, no hacia afuera. No voy a discutir esta dicotomía intelectual por razones de espacio, pero tengo muy claro que esa tendencia nos ha librado de grandísimos problemas sociales básicamente desde 1948.

Esa es la razón por la que grupos dogmáticos y radicales en sus posiciones, como la extrema izquierda o la extrema derecha, nunca han tenido éxito en la política costarricense. La razón, además, por la que siempre privó el encuentro y no la polarización, a pesar de los episodios coyunturales que hemos vivido en esa línea de separarnos por el dogma.

Ayer, como hoy, la polarización se daba en una línea ideológica de comunismo vs capitalismo, hoy esa línea se mantiene pero mezclada con otra nueva polarización: el progresismo liberal vs el conservadurismo religioso. En el espectro ideológico unos y otros se encuentran y se separan, unos más concentrados en sus creencias religiosas y otros más en sus creencias económicas y políticas.

Esto siempre hay que ampliarlo. En temas económicos los liberales (neoliberales o libertarios, según corresponda) se oponen a los de tendencia socialista o socialdemócrata: en esencia la disputa es por la participación del Estado en la organización social y política del país.

En lo político ideológico los liberales progresistas creen en los derechos humanos e individuales sobre los colectivos, contra los conservadores que quieren imponer creencias religiosas y morales que consideran inclaudicables. El conservador cree que lo pasado y establecido es mejor que lo nuevo por venir, que el cambio, por eso cree ciegamente en los preceptos religiosos, por más absurdos que puedan ser.

Según lo que usted crea, y con el fanatismo con que lo crea, se inclinará hacia un lado o el otro. El asunto aquí es que la tibieza del espíritu y político ideológica buscará el encuentro, la búsqueda de “lo bueno” de unas y otras creencias en beneficio de las personas.

Los tibios no harán el ridículo defendiendo poses dogmáticas, como la completa apertura irresponsable hacia el aborto en una sociedad inmadura, o la oposición al aborto terapéutico o el aborto en algunos casos especiales. El tibio buscará más la prevención antes que la radicalización de liberar el asunto a la eventual irresponsabilidad humana ya más que demostrada.

Los tibios creen que el Estado debe participar en la vida económica para luchar contra la desigualdad humana, esa natural disposición de las cosas que hace de algunas personas más fuertes que otras, más inteligentes que otras y con más recursos que otras. Pero no creen que el Estado deba controlarlo todo, tampoco que el Estado se construya a sí mismo como una nomenclatura en el poder por privilegios excesivos y poca disposición al trabajo digno (el abuso sindical). Se rechaza el estatismo, pero se cree en la participación eficiente y necesaria del Estado para nivelar, equilibrar o por lo menos disminuir la oprobiosa desigualdad. Tampoco se cree que el mercado y la mano invisible deben regir la vida humana.

Los tibios creen que la espiritualidad es importante, que debe haber libertad de culto y estado laico, así como en la separación de la religión y la política, pero que no se debe desestimar el aporte ético y espiritual que la fe pueda dar a una sociedad con crisis de valores. Los tibios no creen que todo debe girar en torno a creencias de la Biblia, sino a la aplicación de los valores éticos y espirituales que calzan y mejoran la condición humana. El tibio es básicamente más humanista.

Los tibios creen que la ciencia es el camino hacia el desarrollo y mejora de la condición humana, aunque la aplicación de sus conocimientos debe mantenerse bajo control porque pueden ser destructivos, en temas como el armamento bélicos principalmente. Los tibios, aunque valoren la ciencia no desestiman la espiritualidad como parte esencial de los seres humanos.

Por supuesto, por los caminos tibios de la realidad hay quienes creen más o menos en unas cosas y otras. Muchos tibios creerán completamente en el aborto y otros del todo no, por ejemplo. Algunos, incluso, pueden ser conservadores en ciertos temas o liberales en otros.

El punto es que la tibieza no es un mal, no es un espacio para cobardes o equivocados, al contrario, es el espacio donde el acierto y los acuerdos se tejen, donde la sensatez y la madurez se imponen a la pose irreflexiva, ignorante o poco comprensiva de una realidad que va más allá que los preceptos ideológicos, preceptos que en ningún caso son infalibles ni completamente acertados.

Si usted me dice que soy tibio le diré que muchas gracias, que ciertamente lo soy, porque es el camino de la inteligencia humana en su búsqueda del encuentro, el acuerdo y la comprensión.

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