Cáñamo, minería y petróleo: las falsas panaceas contra la crisis ◘ Voz propia

Más allá del gran daño ambiental, ¿para qué promover cultivos y actividades que darán empleos de mala calidad a migrantes y no a costarricenses titulados? La historia costarricense tiene mucho que contarnos al respecto…

Debrús Jiménez

OPINIÓN. Debrús Jiménez. Cuando Costa Rica impulsó el cultivo del café y el turismo, dos de sus actividades económicas más exitosas, pensé en la distribución de la riqueza y la posibilidad de darle a los pequeños y medianos productores una oportunidad de crecer.

Aunque con el café había gamonales (oligarcas) de grandes plantaciones -como los Arias Sánchez en Heredia- y en el turismo hay desarrollos de grandes transnacionales -como en el Golfo de Papagayo-, lo cierto es que la mayor producción y generación de riqueza se ha dado entre pequeños y medianos empresarios.

Con el café se extendió la frontera agrícola en lugares como Coto Brus y Los Santos, principalmente apoyados en cooperativas de productores que se encargaron de gerenciar y comercializar la producción de miles de agricultores. Algunas con mucho éxito, pero inexplicablemente han venido en retroceso, como sucede en Coto Brus, normalmente por malas administraciones.

Diferente sucedió con el cultivo del banano, en manos de grandes explotadores y con exiguo beneficio de los peonas agrícolas que, más tarde que temprano, empezaron a pensar que había otro mundo afuera de aquellos infiernos de trabajos duros y mal pagados. Luego vinieron la piña y frutales que aplicaron el mismo modelo del banano: explotación mal pagada y sin garantías sociales.

Eran tiempos de una Costa Rica agrícola, donde la población trabajaba la tierra en su mayoría y se dedicaba a las labores de la tierra. Pero en la actualidad el asunto es muy diferente.

Hoy, con la explosión descontrolada y arbitraria de decenas de universidades que, en la mayoría de casos, ofrecieron títulos a personas que nunca recibieron una adecuada educación, el espacio laboral costarricense se llenó de títulos, más que de profesionales, personas que ahora ostentan un trabajo pero sin tener las capacidades, conocimientos y habilidades para desempeñarse. Costa Rica anda por el 25% de desempleo en tiempos de pandemia.

Según los datos recientes una gran población de desempleados son personas que no están dispuestas a trabajar en el campo, porque tienen un título y porque no tienen las capacidades físicas y la práctica necesario para esas labores. Hoy Costa Rica no es una sociedad agrícola, sino de servicios, principalmente.

Resulta claro que promover proyectos económicos como la producción de cáñamo y cannabis medicinal, minería a cielo abierto y petróleo vendrá a generar empleo a un grupo de población: los trabajadores migrantes nicaragüenses e indígenas de Panamá, una población que ya tiene trabajo en la cosecha del café, de la caña, de la piña y otros productos agrícolas.

Es cierto que el mayor desempleo se da en la zonas rurales y urbano-marginales, pero eso no significa que se dé entre las personas que se dedican a la agricultura, sino entre personas que viviendo en el campo buscan empleo en otras actividades para las que no existe ocupación: servicios, por ejemplo. Falta un estudio serio y claro en este sentido.

Además, sin duda, el cultivo de productos agrícolas beneficiará a quienes se dediquen a invertir en esas actividades. ¿A qué productores dará riqueza esta agro-industria?

En primer lugar, a quienes adquieran los grandes contratos de comercialización internacional y se ligue a las transnacionales, es decir, a las grandes empresas, que se basarán en el mismo modelo del banano y la piña: grandes plantaciones para la explotación de peones agrícolas migrantes, porque ticos ya casi no hay.

¿Tiene el proyecto de cáñamo y cannabis medicinal de la congresista Volio un resguardo para incentivar a pequeños y medianos productores de manera prioritaria, a pequeños propietarios de tierra? Lo desconozco, pero si es así, si así fue pensado, los felicito y que sigan adelante. De lo contrario, no es más que alegrón de burros que solamente beneficiará a unos cuantos pocos que pueden invertir en grandes plantaciones y tienen los contactos necesarios para enriquecerse.

En el caso de la minería a cielo abierto, como en el caso del petróleo y del gas, todos sabemos que sucederá similar: el beneficio de una empresa inversionista -normalmente una transnacional reconocida- que hace contratos leoninos y corruptos con el Estado (como el caso de la ruta 27), donde se chuparán la riquezas de país con escasos beneficios para el país. Lo de Crucitas, no nos hagamos mensos, iba en esa vía.

Y súmele a este reflexión el ineludible daño ambiental que esas actividades generan.

¿Y las cooperativas? ¿Dónde están las cooperativas que en el pasado dieron tanta prosperidad y beneficio a pequeños y medianos productores del país? Durmiendo en la corrupción, ineficiencia y decadencia. De capa caída, cuando deberían ser protagonistas hoy en los proyectos legislativos y gubernamentales.

Si Costa Rica no avanza en proyectos de avanzada, como las Tecnologías de la Información (TICs), el desarrollo digital en educación, Fintech, ecommerce, eservices, entre otras, y la investigación de nuevos descubrimientos para la humanidad, no habrá futuro para ese gran porcentaje de costarricenses sin empleo. Los esfuerzos de educación deben ir en esas direcciones.

Pero de fondo hay un problema que incluso es más importante que los estructurales que ya tenemos, se trata de la idiosincrasia costarricense, de una pérdida sostenida de valores en los últimos años. Somos un país donde los ciudadanos son cada vez más corruptos, incluso más que los gobiernos y políticos, aunque vociferen en redes sociales lo contrario. Un país donde las empresas corrompen funcionarios públicos todos los días, al estilo mexicano, y donde cada quien busca su propio beneficio sin importarle lo que suceda con los demás.

Promover nuevos cultivos agrícolas, sin investigación ni tecnología de avanzada, sin distribución de la riqueza que se genere, causando un innegable daño ambiental y produciendo empleos de mala calidad que los costarricenses no tomarán, es una visión de desarrollo equivocada para este país. Son propuestas que pretenden ser panacea para la crisis, pero más bien ensanchan un modelo de desarrollo que seguirá creando crisis a futuro.

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