Barbas en remojo: Mentalidad futbolera o fútbol con mentalidad retrógrada ◘ Voz propia

Una lectura que reflexiona por qué el fútbol costarricense no volvió a triunfar.

Solo hace unos días los costarricenses debatieron ampliamente sobre el affaire del juicio que Navas, Ruiz y Borges interpusieron al director técnico Jorge Luis Pinto. Básicamente, unos a favor de Pinto, otros a favor de los jugadores nacionales. Pero el asunto va más allá: si me permiten ya casi llego al meollo del asunto.

Este artículo requiere una lectura amplia, una para poner barbas en remojo.

Hoy, una hora antes, la selección de fútbol preolímpica, la nueva generación del fútbol costarricense, cayó apabullada de manera lastimosa por 3 a 0 frente a su similar de México. Tres días antes perdió 1 a 0 frente a la de Estados Unidos. La selección mayor tiene años de dar dar exhibiciones realmente pobres, en general, y “se olvidó de ganar”; tenemos desde el Mundial de Rusia al menos 3 años de fracasos.

En Rusia, la dirección técnica del “Macho” Ramírez decepcionó a la gran mayoría por su mentalidad defensiva, temerosa y sin ambición alguna, más que hacer presentaciones “decorosas”. Y no, no vengo a defender a Pinto, ni a despotricar de un lado o del otro; esto se trata más bien de idiosincrasia nacional reflejada en la idiosincrasia futbolera. Pero hay más que eso, porque ni Pinto con otras selecciones, ni los jugadores nuestros con otros técnicos nacionales, han podido siquiera estar cerca de las glorias del Mundial de Brasil en 2014.

Es mi percepción que Pinto llegó a su tope y clímax en Brasil, pero también una generación de jugadores nacionales que venían de triunfar en sus equipos en Europa. Los demandantes -Borges, Navas y Ruiz- habían logrado un crecimiento irrepetible para ellos y la mancuerna con el colombiano exigente y “grosero” se armó de una manera quizás paradójica que permitió que sucediera aquella, la más grande hazaña deportiva de este país. Fue una coyuntura ideal por muchos factores, pero ese no es el tema aquí…

Así las cosas, la telenovela entre Pinto y los jugadores, posterior a Brasil 2014, nos pone a pensar en otros conceptos fundamentales más que culpar a tirios o troyanos: la actitud, la personalidad y el comportamiento del fútbol tico. A mí, en particular, me da pena lo sucedido, porque tanto Pinto como esos jugadores son responsables de un gran desempeño, a pesar de sus desenlaces. Ni a favor ni en contra, pero cabe la pregunta, ¿por qué después de esa ruptura llegamos al estado actual?

¿Me sigue? Ya casi aterrizo. Hace unas décadas resentíamos el conformismo y la baja autoestima del jugador y los equipos nacionales en competencias internacionales. Tal vez usted recuerde conmigo que aquí, en nuestra Tiquicia, nadie nada una peseta por esa selección que llegó a Brasil. Clasificó bien, pero antes fue errática, y la gente no creía en Pinto.

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Voy a ir más al pasado, porque es necesario. Cuando Antonio Moyano y Marvin Rodríguez clasificaron a nuestro país a su primer mundial, Italia 90, la gente se indignó porque ellos no fueran los designados a dirigir a la sele en aquella histórica competencia, donde vimos a los grandes guerreros como el “Chunche” Montero, el “Policía” Gómez, el mismo “Macho” Ramírez, Claudio Jara, Juan Cayasso, Marchena, el mismo Rónald González (hoy técnico de nuestra selección mayor), Germán Chavarría y tantos más.

Pero Bora Milotinovich (el técnico designado por la Federación) puso disciplina, orden y estructura en un equipo que había tenido más bien suerte para llegar a ese mundial: un gol de Pastor Fernández al puro final nos clasificó. Un gran acierto de la autoridades del fútbol nacional en aquel momento. Tanto así que hasta hubo un jugador que se retiró, por limitación emocional, de aquel orden y de aquella disciplina del croata.

Necesito un poco de su paciencia para concluir esta reflexión. Veamos: como queda claro las dos proezas futbolísticas a nivel de mundiales exigieron directores de orquesta con férreas disciplinas y, ante todo, estructura. Esa palabra -estructura- exige a los jugadores sustraerse de muchas cosas para acoplarse a una idea y una estrategia: Bora se los llevó de Costa Rica y los puso a jugar en Europa (Suecia y Escocia eran lo rivales), Pinto los concentró y hasta prohibió el sexo en los momentos claves.

Habría que hacer un paréntesis con el gran talento, pero la poca suerte y precisión de los atletas que en Corea y Japón lograron una buena presentación, donde un técnico nacional como Alexander Guimaraes (padre de uno de los demandantes: Celsos Borges) logró una empatía muy particular y logró acciones positivas de una generación de futbolistas muy talentosos, pero que logró trascendencia internacional.

Ahora bien, usted pensará que defiendo la disciplina deportiva, pero no es así, vengo aquí a tratar de plantear una idea más ecléctica, una que aplica incluso para los escritores, artistas y científicos: de nada sirve mucho talento si el encargado de dirigir (y todo lo que eso implica) no tiene un pensamiento de avanzada, que tenga el encanto por observar y analizar las posibilidades del futuro.

Durante muchos años, el conformismo costarricense, tan idiosincrático, ha restringido todas las posibilidades de éxito de los grandes talentos costarricenses. En fútbol fue así reiteradamente, pero no fue exclusivo. El serrucho y el berreo, la zancadilla a traición, son de diario vivir en todas nuestras actividades.

Pero esa es solamente una aproximación. Y aquí volvemos al partido que motivó, en buena parte, este análisis: desde hace rato venimos confiando en técnicos nacionales para dirigir nuestras selecciones “menores”, que son el futuro. Entonces, se renuevan las generaciones de jugadores pero siguen dirigiéndolos quienes no renuevan esas actitud e idea con la que fracasaron por actitudes conformistas y de limitada ambición.

Y esa idea pertenece a grupos del pasado que tuvieron éxito relativo. El “Macho” Ramírez, por ejemplo, no sabe hacer otra cosa que plantear un equipo reforzado atrás y lograr hacia adelante por la habilidad de nuestros delanteros. Lo aprendió desde Italia 90. Rónald González, técnico actual, fue defensor de Italia 90, que presenta una tendencia similar, aunque ciertamente poco sabemos de lo que hace esa selección. Juega contra México pronto, ahí veremos algo más.

Hoy, una preolímpica con Douglas Sequeira como técnico quiso jugar al contragolpe contra México, a la usanza antigua, con un fracaso rotundo. Mientras tanto, los mexicanos hicieron un juego preciso, fácil y estructurado. No se desgastaron, mientras los nuestros -individualmente- intentaron algo a partir de sus talentos. Ahí es donde nos encontramos: de qué sirve un talento sin una mentalidad y una estructura para el triunfo.

Los comentaristas deportivos (los que no dicen que el Manifiesto Comunista fue creado por Hitler y eso es bueno) tampoco son mejores, porque arguyen desde la dependencia mediática, es decir, desde una visión también idiosincrática: el serrucho hace viral la “noticia”.

Es decir, vuelvo a la idea: ¿cómo podemos hacer del fútbol costarricense triunfador si lo sujetamos a una visión limitada de sus capacidades, de su fuerza en hacer algo que supere cualquier cosa que se haga en le primer mundo del fútbol? ¿O es que realmente no tenemos las capacidades en esta generación para estructurar una conducta en la que puedan pensar que sí, claro, puedan alcanzar a Navas en su legado?

Mientras el fútbol siga siendo manejado por técnicos y líderes que no saben ver hacia el futuro, y no tengan las capacidades para mirar al futuro, definitivamente nos esperan muchas derrotas en sujetas al pasado.

Ciertamente, tengamos muy claro que no todo lo foráneo es bueno, pero incluso desde la visión costarricense tenemos que llamarles la atención a esta colección de criollos en un aspecto: no están construyendo, estructurando ni haciendo buen fútbol para Costa Rica. Medford, Centeno, Campos, Soto, Marín y un tanto más van de un equipo a otro sin dejar huellas profundas.

Hoy el fútbol nacional lo manejan quienes definitivamente no están educándose, aprendiendo ni comprendiendo como es que se ganan partidos. Fueron glorias relativas en su tiempo, pero hoy solamente hacen fracasos y eso debería llamarles la atención, porque su aporte es realmente limitado. Por eso no extraña que la Liga, con un técnico foráneo -Carevic- y un equipo reforzado por jugadores ambiciosos, lograra superar aquello del #forever29.

Leal, Torres, Marín, Ugalde, Montenegro, Alfaro y esta generación merece más, merece técnicos que vengan a enseñar cómo ganar, como hacer una transformación más allá del conformismo conveniente, al que volvimos con esta mentalidad que podemos ver en cada partido. Que vengan a construir estructura para meter goles, para la precisión, el acierto y obtener resultados, porque con juego bonito individual no se gana.

2 thoughts on “Barbas en remojo: Mentalidad futbolera o fútbol con mentalidad retrógrada ◘ Voz propia

  1. Pero con esa charla lo que dice es que lo que hizo Pinto no fue casualidad, fue visión y alguien que logró lo que logró no por libre ni por suerte, entonces lo que falta es disciplina y profesionalismo y no el ambiente del macho o Medford que ya jugó prácticamente o un justin Campos que ni siquiera en equipos pequeños funciona. Al final tiene razón la gente de Pinto que logró llevar la Sele a lo mejor que se ha visto jamás y cualquier otra charla es pura mala crianza porque no hubo vinos pequeños como la época del machillo …

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