Al menos 3 de cada 10 no confían del todo en los resultados electorales del TSE

El daño causado por algunos grupos nuevos de la política que hacen dudar a las personas sobre el proceso electoral.

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La última encuesta del CIEP de la UCR no solamente detectó que Rodrigo Chaves está por encima en la intención de voto a José María Figueres, sino que también investigó la aceptación de las personas con respecto al trabajo y confiabilidad del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

Según el estudio universitario, los costarricenses califican muy bien a esta institución con porcentajes muy altos de aceptación de su trabajo como en la organización de las elecciones nacionales y la aplicación de los protocolos de seguridad sanitaria contra la Covid-19. En estos casos, un 87.7% y un 86% fueron, respectivamente, los porcentajes de máxima aceptación, que calificaron como bien y muy bien la labor realizada por el TSE.

Sin embargo, cuando se pregunta a las personas sobre su confianza en los resultados de las elecciones, el porcentaje no es tan positivo y los “bien y muy bien” bajan al 67,5%. Eso deja un porcentaje de 27,3% con opinión de regular y un 5,2% de mal o muy mal.

Si bien esos porcentajes de desaprobación siguen siendo bajos, es notorio que en este rubro hay un giro con respecto a la aprobación en los otros dos rubros, además de que se podría estar hablando de un 32,5% de personas que no están del todo convencidas sobre la confiabilidad de los resultados que arroja el TSE. Eso habla, sin duda, de cómo los cuestionamientos de algunos grupos ligados a partidos políticos en las últimas elecciones han hecho mella en esta institución con uno de los sistemas electorales más robustos y blindados del mundo.

Aunque en el año 2006 hubo cuestionamientos de fraude por un resultado muy apretado entre Óscar Arias del PLN y Ottón Solís del PAC, el tema no trascendió a más en los años siguientes, hasta que hace 4 años grupos ligados a Fabricio Alvarado y el entonces partido Restauración Nacional, divulgaron denuncias masivas de fraude electoral, aunque el resultado fue muy abultado en favor del candidato Carlos Alvarado del PAC, con un 61% contra un 39%.

La ilusión de una encuesta de Opol Consultores llevó a muchos evangélicos a considerar que les había robado la elección e incluso interpusieron denuncias ante el TSE, denuncias que sin duda fracasaron. Sin embargo, el daño ya estaba hecho y la desconfianza creada.

Últimamente fue la diputada electa Pilar Cisneros, del Progreso Social Democrático de Rodrigo Chaves, quien puso en duda los controles cruzados del TSE y su capacidad de evitar “chorreo de votos”. No es extraño entonces que entre grupos conservadores y reaccionarios haya reticencias sobre el proceso electoral, cuando líderes políticos no descartan esa posibilidad, ni manifiestan confianza en la institucionalidad del país.

Según el TSE, los resultados de la encuesta del CIEP coinciden con recientes niveles de legitimidad y transparencia atribuidos a este organismo electoral a nivel internacional (Índice de Integridad Electoral de las Universidades de Harvard y Sidney, 2019 www.electoralintegrityproject.com y reconocimiento del diario The Economist, 2022 www.eiu.com/n/campaigns/democracy-index-2021).

1 thought on “Al menos 3 de cada 10 no confían del todo en los resultados electorales del TSE

  1. En los resultados de las elecciones nacionales legislativas sí se han detectado distorsiones o alteraciones de la voluntad del electorado, no atribuibles al TSE, sino al algoritmo o sistema de conversión de votos en curules. El sistema vigente privilegia partidos nacionales mayoritarios sobrerrepresentándolos, a expensas de discriminar a partidos nacionales minoritarios y medianos. Además, colateralmente privilegia partidos provinciales. Esta desproporción queda ocultada por la opacidad, complejidad y difícil comprensibilidad del sistema, provocada por la utilización de diferentes tamaños de población, 7 cocientes, 7 subcocientes y numerosas cifras residuales de partidos participantes en distintas provincias. Esta situación se corrige fácilmente evaluando dichas elecciones, detectando sus problemas, considerando diferentes opciones correctivas y democratizando el sistema. No obstante, su viabilidad política es baja, por la resistencia de partidos privilegiados a evaluar y democratizar el sistema.

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