La Guanacaste real que quizás no conocemos

En la narrativa de Santiago Porras, las mujeres cuentan sus experiencias. Los secretos dejan de serlo. Se cuestiona la idea idílica de un Guanacaste pintoresco y obtenemos un dictamen que tal vez nadie conocía de la provincia más risueña.

NOVELA

 Santiago Porras es un autor que leí con fruición cuando publicó sus primeros cuentos. Una prosa bien estudiada y pulida.

“El regreso es parte del viaje” (2001), por ejemplo, posee audaces y prístinos relatos de ficción. Sus novelas han ido mostrando, recientemente (Avancari, 2012), su preocupación social por las vivencias de hombres y mujeres de las zonas menos investigadas por los autores del país. Y digo estudiadas porque la literatura es un tipo de estudio, no necesariamente sociológico, sino de vida, de testimonios y dramas.

Su última novela, “Abrazos de matapalo” (UNED, 2019), expone una versión nada cómoda para la mentalidad vallecentrista acerca de la historia verdadera de Guanacaste. Se trata de una obra que reúne (al decir del mismo autor), la voz de los que han callado: mujeres casi siempre confinadas al olvido en una tierra de capataces, dueños y señores, y jornaleros disolutos.

La ambientación, rica en paisajismos elaborados, rescata el rumor de los ríos y la grandeza de la vegetación. El matapalo es un patriarcalismo real, no retórico, e impone una mordaza en zonas rurales.

En la narrativa de Santiago Porras, las mujeres cuentan sus experiencias. Los secretos dejan de serlo. Se cuestiona la idea idílica de un Guanacaste pintoresco y obtenemos un dictamen que tal vez nadie conocía de la provincia más risueña.

Guillermo Fernández

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