A ritmo de mariachi: Vistazos al México de hoy (6) ◘ Opinión

En esta sexta entrega de la serie un recorrido por el legado de la figura de la coreógrafa costarricense Graciela Moreno en su paso por México.

Por Habib Succar G.

Por Habib Succar G. A raíz de estos artículos informativos sobre la riqueza de las relaciones entre Costa Rica y México, he recibido muchísimos aportes, comentarios, críticas y datos que me han enriquecido aún más la visión sobre el tema. Y gracias especialmente al comentario del Dr. Manuel Araya Incera, tengo el gusto de corregir una enorme omisión en la pequeña lista, apenas ilustrativa, de las personas que han distinguido esas relaciones culturales, artísticas, políticas e intelectuales durante el siglo XX entre nuestros países.

Me refiero al significativo aporte a nuestra cultura de la Licda. Graciela Moreno Ulloa (1927 ̶ 2003). Hija del extraordinario médico, el Dr. Ricardo Moreno Cañas, Graciela dirigió el Teatro Nacional durante 29 años (1974 ̶ 2003). Jovencita partió a México antes de la guerra civil de 1948. Allá conoció y casó con Guillermo Arriaga, notable escritor y productor cinematográfico, con quien procreó dos hijos. Se ligó al Ballet Nacional de México como productora y se convirtió en una autoridad en la danza moderna. También dio sus primeros pasos en la literatura, con algunos cuentos y fue presentada al mundo literario por medio de Emilia Prieto, en una edición de la revista “Repertorio Americano” que dirigió y publicó durante décadas nuestro Benemérito don Joaquín García Monge; luego en Costa Rica publicaría un libro de cuentos y alguna obra inédita en la revista “Revenar” en los años 80.

Graciela Moreno.

A su regreso a Costa Rica a principios de los 60, Graciela se ligó de inmediato al sector cultural y en los 70, con el apoyo de Alberto Cañas y Guido Sáenz fue nombrada directora del Teatro Nacional y, de inmediato, abrió el Teatro al acceso del pueblo en general, quitando el odioso requisito de que “al Teatro había que ingresar con riguroso saco y corbata” y, junto con la revolución sinfónica que realizó don Guido, el Teatro se abrió los domingos a los conciertos dominicales que atrajeron por vez primera, al pueblo sencillo amante de la música académica o sinfónica.

Graciela trascendió además porque protagonizó una revolución en la danza costarricense, a través de Mireya Barboza y su legado fue tal, que hoy se recuerda y se rinde homenaje a su labor, mediante el Festival de Coreógrafos “Graciela Moreno”. Graciela dejó la dirección del Teatro Nacional muy poco tiempo antes de su fallecimiento y su recuerdo permanece en la cultura costarricense por derecho propio y por gratitud a una verdadera “mecenas institucional” de la música, la danza, el teatro y cuanta manifestación artística cupiera en el Teatro, donde se realizaron, con el apoyo de Carmen Naranjo, recitales de poesía y presentaciones de escritores de fama mundial, en una época dorada del Colegio de Costa Rica.

“Paco” Zúñiga

Sin duda la formación profesional en México fue la condición para que Costa Rica se beneficiara de los aportes de Graciela Moreno, quien junto a Paco Zúñiga y otros grandes de nuestra cultura, brillan con luz propia en nuestra historia artística y cultural.

Ya para finalizar esta amplia introducción al México actual, es indispensable mencionar las sólidas relaciones de intercambio que propició el Centro Cultural de México en San José, que luego pasaría a ser a partir del año 2000 el Instituto de México. Esta hermosa sede arquitectónica (al igual que el edificio de la Embajada de México en Costa Rica) son dignas representantes del esplendor y el poderío de una enorme nación latinoamericana que ha sido, desde el siglo XX, algo así como nuestro polo de atracción e influencia cultural Mesoamericano.

Quiero mencionar que el primer director del Instituto de México en Costa Rica, fue el afamado director de cine Gabriel Retes, recientemente desaparecido hace unos pocos meses, de muy grato recuerdo en nuestro medio cultural. Gabriel incursionó entre 2002 ̶ 2004 en la industria cinematográfica costarricense con el establecimiento de los “Cines el Semáforo” en San Pedro de Montes de Oca, donde desgraciadamente no prosperó económicamente. Sin embargo, los fuertes lazos de Gabriel y su esposa Lourdes Elizarrarás con Costa Rica fueron más allá y después de su función como Agregado Cultural de México, decidieron radicarse en Costa Rica permanentemente, pero solo estuvieron muchos años.

Creo que así, llegamos a tener un panorama muy general de lo importante que han sido históricamente las relaciones de los pueblos y los gobiernos de Costa Rica y México. Ni hablemos aquí del tema futbolístico porque no terminaríamos nunca de escribir página tras página sobre una rivalidad que siempre se inclinó hacia México, hasta que en el 2003 la Selección de Costa Rica logró “el aztecazo”.

Debo decir, para finalizar, que me han unido a México lazos muy estrechos de familia, porque siendo yo un niño de escuela en Orotina, recuerdo que vino al país la familia tica ̶ mexicana que había formado mi tío el Dr. Ramón Succar, quien fue a estudiar Medicina a la Universidad de Guadalajara y regresó con esposa tapatía y cuatro hijos (2 niños y 2 niñas), cuyos recuerdos de infancia me alegran el corazón. Por cosas de la vida, ellos regresaron a Guadalajara y allá fui a visitarlos en 1975 y en 1983 y, posteriormente, cuando asistí como gerente de la Editorial Costa Rica a la prestigiosa Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en los años 1990, 2000, 2001, 2002 y 2003, siempre tuve ocasión de visitarles. Así he logrado valorar más todavía la cultura “mexicana” que en realidad es un mosaico según cada región/estado que se visite ¡y claro!, he logrado amar más a sus grandiosos escritores(as), sus pintores monumentales, su música y su espléndida variedad de comidas y sobre todo, su gente.

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