Entrevista exclusiva para CulturaCR.NET. Tatiana Lobo Wiehoff es siempre jovial pero inclaudicable con su pensamiento crítico. Su verbo es directo y claro, sin ambages, sin adornos, diciendo la realidad como la interpreta.
Decidió dejar a la Editorial Norma por razones claras que nos explica y no le faltaron editoriales costarricenses que le propusieran reeditar su reconocida obra. Uruk Editores y la Editorial Costa Rica fueron sus oferentes inmediatos, y con quienes ya está reeditando. De hecho, acaba de salir al mercado su novela Asalto al paraíso, reeditada con la Editorial Costa Rica.
Solo un poema ha escrito (lo puede leer aquí) que reconozca, en estos momentos no está escribiendo narrativa y no concede nada a la realidad social del país y del mundo. Nos habla de su obra Candelaria del Azar y se refiere a la realidad universitaria, así como a los grandes silencios sobre la herencia aborigen.
En esta entrevista conozca su obra, su posición y su verbo desenfadado, pero firme y fluido.
GJS: ¿Por qué razones usted pide el finiquito a Norma?
TLW: Comencé a publicar con Farben, hace muchos años, cuando tenía ese equipo estupendo que organizó Mabel Morvillo y era un enorme gusto ir por la editorial y conversar con su pèrsonal. Cuando Farben se transformó en Norma, ese equipo de gente con gran experiencia y muy cuidadosa de las relaciones humanas fue reemplazado por personas que no conocían el manejo editorial. Eso, y las enormes dificultades para traspasar las agujas del parque industrial donde tienen las oficinas, practicamente inaccesibles, hizo que sintiera enajenados mis libros. Además, hubo clàusulas del contrato que estaban redactadas con mucha ambiguedad, de manera que se prestaban para dos lecturas, y eso perturbó todavía más la comunicación.
GJS: ¿Cuáles libros publicará con cada editorial (Uruk y ECR)? ¿Ofrecen mejores condiciones estas editoriales que Norma?
TLW: La gerenta y personal de la ECR me visitó en mi casa para ofrecerme la posibilidad de publicar con ella. Encontré un ambiente muy cordial, lo que para mí es importantìsimo. Lo mismo con Oscar Castillo, cada tanto nos junhtamos a tomar un café y hablamos hasta por los codos, de todo un poco. Eso es formidable. En la ECR tengo Asalto al paraíso, Entre Dios y el Diablo, El Corazón del silencio. Con URUK, Candelaria del Azar, El año del laberinto, Calypso, Tiempo de Claveles y mi parte del libro Blancos y Negros, parte que se llamaba Vida cotidiana que ahora saldrá con el titulo Parientes en venta.
GJS: ¿Cuántos ejemplares calcula lleva vendidos esta novela (Asalto al paraíso)? ¿Es su obra más vendida o más exitosa en términos de divulgación?
TLW: No he llevado la cuenta de las ventas de mis libros porque me parece insano. Los libros tienen vida propia y una vez que se publican van a su aire y hay que soltarles las amarras y no preocuparse mucho por ellos. Pero sí puedo decir que Asalto al paraìso tiene como 9 o 10 ediciones desde su primera publicación.
GJS: ¿Qué experiencias o anécdotas le ha provocado esta particular novela sobre el Héroe Indígena Nacional?
TLW: Lo más gratificante para mí de Asalto al paraíso es haber contribuido a que se conozca un episodio històrico que la historiografìa costarricense, tan llena de silencios, había ignorado.
GJS: ¿Cuál podría ser su obra preferida de las escritas, con cuál se ha encariñado más?
TLW: No tengo especial cariño por ninguna de mis novelas pero sin duda la que está en proceso siempre parece la más importante por la atención inmediata que demanda.
GJS: En Candelaria del Azar, su último libro publicado por Norma, usted se refiere mucho a la vida universitaria (Calle de la Amargura), relación profesores-profesores y profesores-estudiantes, desde un personaje de origen rural muy particular: Candelaria. ¿Qué quiso resaltar de la vida universitaria?
TLW: En Candelaria del Azar intento demostrar que no hay hechos individuales y que todo lo que hacemos repercute en la vida de los demás. Si ambienté parte de la novela en la UCR fue para tener la posibilidad de incursionar en las consecuencias dramáticas del acoso sexual, hipócritamente toleradas en los centros de enseñanza donde la asimetrìa del poder es tan grande. Me pareció necesario desemascarar lo que encubre un ambiente que se considera "culto". En general los discursos acadèmicos, peor todavía el de la izquierda académica, no alcanzan a disimular estas conductas primitivas cuya soecidad carece completamente de refinamiento intelectual.
GJS: ¿Considera que la vida universitaria se ha "desvestido" de su pasado? ¿Podemos pensar que se ha perdido su verdadera vocación de los años setenta u ochentas, su entrega a la criticidad y valores genuinos de lucha social?
TLW: La universidad es un reflejo de la sociedad de la que forma parte. El mercado no puede funcionar si la gente piensa, así que nos mete en un proceso de estupidización que puede conducir, sin profesías ni esoterismos, a la extinción de la especie. La vida ha dejado de ser importante. El futuro no se ve, el pasado no existe y la inmediatez se alimenta de banalidad. Estamos en manos de imbéciles. Yo prefiero al malo inteligente porque este, por lo menos, sabe cuando su maldad se puede volver contra sus intereses, lo que no sucede con toda esta caterva de oligofrénicos mercantiles que ignoran la horca de sus propios mecates.
GJS: En Candelaria del Azar también hay un personaje delincuente, un "chapulín", que se hace a partir de sus desventajas sociales. ¿Pretende usted plantear alguna diferencia notable o crítica entre la realidad rural y la urbana?
TLW: El campo ya no es el mismo pero todavía conserva algunos hàbitos de convivencia que hacen a las personas sentirse personas.
GJS: ¿Desmejora la ciudad a los seres humanos?
TLW: Sobre el tema anterior, la ciudad con su carga de adrenalina puede ser más atractiva pero en el fondo no es más que un hacinamiento insalubre para la mente y el cuerpo.
GJS: Volviendo al tema aborigen, se sabe que cada día se extingue para siempre una lengua en el mundo, ¿cree usted que es inevitable la extinción de las etnias más débiles en el mundo actual, así como sus lenguas?
TLW: No creo que sea inevitable la extinción de las lenguas y las etnias, claro que se pueden conservar con toda su riqueza, y se deberían conservar si fuésemos capaces de defender la diversidad como fundamental para la supervivencia de la humanidad. Un mundo todo homogèneo acaba asfixiado por ausencia de oxigenación: de intercambio cultural.
GJS: ¿En qué trabaja actualmente en el campo literario?
TLW: En estos momentos estoy trabajando en un ensayo y como no sé si lo voy a terminar mejor no lo publicito....
GJS: ¿Está escribiendo narrativa? ¿Algún proyecto?
TLW: No, ninguno
GJS: ¿Alguna vez intentó con la poesía, qué tal le fue?
TLW: Solo tengo un poema, el que adjunto. Circula en internet donde fue rebautizado con el nombre de Agradezco ser mujer.
GJS: Volviendo al tema de la universidad, usted dice que ella es reflejo de la sociedad en que vive, pero en Costa Rica nos enfrentamos a realidades diversas en la educación universitaria: por una parte la pública con verdadera libertad de cátedra e independencia ideológica, por otra una educación privada comercial que cada día forma profesionales más deficientes. ¿Es esta situación un reflejo también de la sociedad y el mercado?
TLW: Sí, claro. Las universidades privadas no tienen estudiantes, tienen clientes. Pero las universidades estatales tienden a privatizarse y a volverse elitistas.
GJS: Usted dice que prefiere "al malo inteligente", ¿no es eso preferir al neoliberal astuto, que engaña al pueblo con promesas de prosperidad pero él mismo sabe bien que su sistema solo beneficia a él y unos pocos, como el caso de Óscar Arias?
TLW: Me refería a que el tonto no se da cuenta si sus acciones lo afectan; en cambio el inteligente, por muy malo que sea, se detiene si advierte que sus acciones pueden causarle daño. La astucia es la inteligencia de los tontos.
GJS: Y para concluir, volviendo al tema indígena, ¿siguen habiendo silencios en la historia y el conocimiento que tenemos del pasado aborigen? ¿Cómo se manifiestan esos silencios?
TLW: Los silencios históricos siguen. Pero mucho peor son los silencios del presente.