Eduardo Muñoz para CulturaCR, 6 de febrero de 2012.Periodista Cultural
Hay que decirlo con franqueza: fue un acierto rescatar la vieja Estación del Ferrocarril al Atlántico, que la anterior Ministra de Cultura, María Elena Carballo, cerró ante la más inimaginable falta de comprensión de la vida cultural de un país. Aduciendo una baja visitación al Museo de Formas, Espacios y Sonidos, por parte población con deficiencias visuales (supongo que la señora esperaba filas sempiternas para ingresar), el Ministerio de Cultura cerró el único espacio de sensibilización de la población estudiantil sobre el tema. Luego, tras las intenciones de Oscar Arias de construir su palacio presidencial en las inmediaciones, el lugar quedó en abandono total. Por eso, aplausos para esta administración que retomó el sitio y le dará nueva vida a un lugar privilegiado.
Pero la noticia de convertir la estación en la sede del Colegio de Costa Rica, cuyas funciones nunca han sido muy claras entre las adscritas del Ministerio de Cultura, y de darle una casa a la literatura nacional, se vieron empañadas por declaraciones de parte del Viceministro Iván Rodríguez de que la literatura no convoca público suficiente gente para un espectáculo público. El jerarca nos aclaró su loable deseo de “que algún día la lectura de textos convoque a cientos o miles de personas, pero esa no es la realidad hoy en día, por eso habrá música, danza, circo, cuentacuentos, y poesía, en un concierto de las artes”.
Más allá de si en dicha inauguración hubo 15 espectáculos musicales y 5 poetas invitados, la situación nos plantea una realidad. Charanga y bochinche llenan estadios y salas de conciertos, y poco se hace por el trabajo que nuestros autores realizan. La reapertura de la Estación del Ferrocarril al Atlántico debió plantearse como un reto, y no pequeño. Era un desafío para diseñar un programa atractivo, con predominio de las letras. ¿Y la música? Claro que debía ser parte de la fiesta, pero no debe ser la fiesta en sí.
Muchas veces en la gestión pública intentamos ser creativos desde nuestros escritorios y cuando faltan ideas echamos mano a lo mismo de siempre. Estoy seguro que si solicitamos a los ciudadanos ideas para fomentar la literatura, tendremos insumos para diseñar propuestas novedosas.
Nuestra realidad, de la que habla el Viceministro Rodríguez, nos plantea la creatividad como recurso indispensable, ese que por su naturaleza no se puede reflejar en los presupuestos ministeriales.
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