“La clave para la inmortalidad es principalmente vivir una vida que valga la pena recordar.” Bruce Lee.
Erick Carvajal Martínez, especial para CulturaCR,
21 de noviembre de 2011.
Estas palabras del mítico actor/artemarcialista de origen chino-americano parece quedarle a la medida a Fidel Gamboa, fundador y cantante del grupo Malpaís, fallecido sorpresivamente en agosto pasado víctima de un múltiple infarto, y que junto con sus compañeros, dejan un legado de inspiración para las presentes y futuras generaciones, en la forma de emotivas composiciones musicales que tocaron el corazón de miles dentro y fuera de nuestras fronteras.
En el último concierto que diera esta agrupación, sin Gamboa, había una mezcla de ansiedad y expectativa, pero también de mucha familiaridad, pues la música de Malpaís “te pone la piel de gallina y te provoca escalofríos”; en un modo positivo por decirlo de alguna forma, emociona, te lleva de vuelta en el tiempo, a la niñez, a una época más sencilla y más inocente. Si a esto se le suma el sentimiento que provocó la partida de Fidel, pues se colmó el vaso de emotividad, más al ver a tantos grandes músicos reunidos para interpretar tan gustadas melodías.
Con una asistencia superior a las 30 mil personas, que superó por mucho todas las expectativas, la noche del pasado viernes 18 de noviembre el Estadio Nacional vibró, como no lo había hecho hasta ahora a pesar de la cantidad de eventos que en el mismo se han realizado, y pese a su corta historia.
El primero fue Patricio “Pato” Barraza, líder de Inconsciente Colectivo y uno de los miembros originales de Malpaís, quien acompañado por los miembros restantes de la banda, Sonsax, la Orquesta Filarmónica nacional y El Fusion Brass Ensamble ( bautizados por Gamboa como “La Espantaperros”) dio inicio con su interpretación de “Otro Lugar”. A este le sucedieron en el escenario reconocidas figuras de la canción costarricense como Marta Fonseca, Bernardo Quesada, María Pretiz, Humberto Vargas y Adrián Goizueta.
El plato fuerte, o al menos uno de los grandes atractivos que tuvo la velada fue la presencia del panameño Ruben Blades, viejo conocido de los ticos, quien dedicó una palabras a Gamboa antes de interpretar “Paisaje”.
“Es una noche muy bonita, estar aquí compartiendo este homenaje con y para un grande. Yo siempre digo que la muerte empieza por el olvido y si nosotros tenemos en consideración el tremendo trabajo que hizo Fidel Gamboa y vimos cómo esa música forma y formó parte de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, nos damos cuenta de esa forma, gente como Fidel no muere nunca”, dijo el otrora Ministro de Turismo de nuestros vecinos del sur.
En el escenario, músicos iban y venían, todos entregando interpretaciones que calaron entre el público; personas de todos los estratos imaginables corearon, bailaron, y se conmovieron, parejas se abrazaron y besaron, se miraron a los ojos y se tomaron de las manos, la “joya” era pura emotividad y pasión.
Entre los momentos momentos cumbres del espectáculo destacaron la presentación de Bernardo Quesada, quien señaló al cielo y dijo “hay una estrella sola, es Fidel que nos acompaña esta noche” el publico rompió en aplausos, gritos y silbidos, y el luto por la partida de Fidel quedó momentáneamente opacado por el sentimiento de agradecimiento y admiración por él mismo, por su trabajo y por su legado, más aún cuando la pantalla de fondo presentaba su imagen.
Fue una noche para recordar, para celebrar, para disfrutar, fue la noche de Malpaís, quienes se despidieron como los grandes, y aunque su ciclo como grupo haya terminado, seguirán presentes en la vida y memoria de quienes les admiramos y disfrutamos con su trabajo, fue la noche de Fidel Gamboa, la que se merecía, quien vivirá a través de sus canciones, fue la noche en que Malpaís pasó a la historia y Fidel se hizo inmortal, fue la noche en que Fidel se mudó más al norte del recuerdo... muy lejos del olvido.