Un planteamiento del juez Marco Cordero Coto exoneró a la ex directora del Museo Nacional, Patricia Fumero, de haber cometido delito de incumplimiento de deberes ni favorecimiento personal.
"Por el contrario, la investigación demostró que no hubo dolo en ninguna actuación, sino más bien una gestión de Fumero Vargas ante la buena intención de la familia Dada Fumero de entregar esas piezas al Museo Nacional", trascendió en un comunicado de prensa.
La señora Patricia Fumero estuvo en el ojo de la prensa y de un escándalo, propiciado principalmente por el periódico La Nación, en agosto del año pasado, en el que se le veía como sospechosa de favorecimiento por su relación con una colección arqueológica que su familia tenía aparentemente de manera ilegal.
Como consecuencia del decomiso de esa colección y de la implicación a la señora Fumero, el ministro Obregón decidió, en principio, suspenderla con goce de salario mientras se realizaba la investigación, luego fue despedida en febrero pasado, después de un informe de auditoría.
Fumero Vargas reaccionó ante su despido aduciendo que fue retirada de su trabajo "por trabajar problemas endémicos del Museo Nacional".
Según el comunicado de Fumero, del día de hoy 15 de agosto, "en ningún momento Patricia Fumero Vargas ocultó la existencia de dicha colección en manos de su familia. Por el contrario, explicó Cordero, que aunque ella no estaba en la obligación de hacerlo por tratarse de un familiar suyo, se determinó que más bien se actuaba de buena fe, porque se estaba ofreciendo la posibilidad de que el Museo Nacional recibiera la colección de la familia Dada Fumero, y además, agregó el juez, se comprobó que la familia Dada Fumero estaba ofreciendo la donación de un dinero para que el Museo levantara una sala donde se exhibieran permanentemente esas piezas indígenas y que estuvieran a disposición de toda la población".
La ex-directora del Museo declaró que “durante más de 25 años he trabajado en pro del patrimonio costarricense y siempre lo he hecho con compromiso, ética, transparencia, responsabilidad, dedicación, convicción y pasión”.
"Lo realmente justo era que archivaran el caso", agregó. “No obstante, pagué un alto precio a nivel personal, profesional y familiar, por la forma en que se manejaron los hechos, comenzando porque todo nace de una denuncia anónima y malintencionada".
“Como siempre lo dije, esto es realmente inexplicable, ya que los trámites realizados por mí siempre siguieron el proceso establecido por el mismo Museo, y lo que finalmente se pretendía era entregar la colección en una forma ordenada, financiar una sala al interior del Museo para mantenerla íntegra y exponerla, tal y como quedó demostrado ante las autoridades”, agregó.