“La mayor fuerza que me hizo ganar esta campaña presidencial fue la fe en este pueblo, en Costa Rica. Me parece que es un pueblo excepcional en el marco de las naciones”, dijo Chinchilla desde su elegante oficina en la Casa Presidencial.
Sus apasionadas gesticulaciones y modales serenos dejan traslucir, en parte, el manejo físico con el que debe enfrentar día a día su rol de líder político del país.
Llegando al final de su primer año presidencial, Chinchilla enfrentó nada menos que un serio conflicto en la frontera con Nicaragua y los estragos de una crisis financiera mundial.
Nacida en San José en 1959, Laura Chinchilla es la hija mayor del ex-contralor de Costa Rica, Rafael Ángel Chinchilla fallas y la única mujer de cuatro hijos.
“Mis hermanos dicen que yo era la mandona, y esa es la palabra que ellos utilizan. Yo creo que ahí posiblemente haya formado ese carácter de estar dando un poco de órdenes”, dijo Chinchilla con una sonrisa en el rostro. “Y algo que también fue muy importante fue el hecho de haberme criado entre hermanos varones, porque papá y mamá nunca hicieron ninguna distinción entre la forma en que me criaron a mí y en la que criaron a mis hermanos”.

Foto: Michelle J. Wong. |
El involucramiento social y la formación política empezaron temprano en la vida de Chinchilla. Durante el colegio y la universidad ella contribuía con numerosas causas, como las de ayudar a organizar las campañas de sus compañeros durante las elecciones estudiantiles y a organizar eventos culturales. Al crecer, empezó a refinar sus ideas políticas y a adquirir más herramientas que la llevaran a la acción. Así es como Chinchilla desafió incluso al partido con el que luego asumiría el poder - Partido Liberación Nacional - durante sus años de estudiante de la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. “En la universidad me volví muy contestataria a las cosas que ellos defendían y provoque alianzas sobre todo con partidos un poco más hacia la izquierda”, mencionó Chinchilla.
Desde su juventud, Chinchilla admiraba la fuerza y el liderazgo de Margaret Thatcher, aunque no concordaba con la totalidad de sus posturas e ideario político.
La vocación de servicio y afinidad al mundo de la política creció aun más durante sus años universitarios, cuando aun varias guerras civiles e innumerables situaciones de conflicto político rugían en Centroamérica, incluyendo el levantamiento Sandinista en Nicaragua y las luchas civiles en El Salvador y Guatemala. “Me tocó vivir con gran intensidad lo que fue la guerra en Centroamérica y sobre todo la guerra contra la dictadura de los Somoza”, dijo Chinchilla, quien colaboró activamente y en conjunto con organizaciones de derechos humanos en la asistencia legal y colocación de refugiados en Costa Rica durante aquellos años macabros. “Fui muy activa, diría yo, en lo que fue la época universitaria en cuanto al tema de la política sobre todo centroamericana, que fue la que de alguna manera más marcó a la generación mía”, dijo la mandataria.
Han pasado aproximadamente veinte años desde su debut como funcionaria pública. Según explica Chinchilla, parte de su trabajo en materia de seguridad pública ha contado con la influencia y “orientación intelectual” de su esposo, José María Rico, experto en políticas de seguridad y justicia. Chinchilla atrajo la crítica tempranamente y fue catalogada como “alarmista” cuando predijo el alza del crimen organizado en Costa Rica décadas atrás mientras era ministra de seguridad. El rechazo, más que una contra argumentación, se basó en el temor a que las inversiones de capitales extranjeros en el país y la enorme industria del turismo fueran ahuyentadas.
“Bueno, vea veinte años después lo que está pasado,” dijo Chinchilla.
Durante su campaña política, sufrió críticas de numerosos sectores, desde donde muchos la etiquetaban como “la marioneta de Oscar Arias”, anterior presidente de Costa Rica y ganador del premio Nobel de la Paz. De este modo, la crítica dudaba que ella pudiera brindar nuevas ideas y motivar cambios de asumir la gestión presidencial.
“Esa es una discusión que no ha tenido nunca fin. Si me ven muy cerca de él (Arias) dicen que es que me está dando órdenes, si me ven un poco más distante dicen que es que nos peleamos”, dijo Chinchilla. “Pero yo quiero decirle, claro que posiblemente tenga que ver un poco el hecho de ser mujer.”
Llamarla “la marioneta” fue el principal ataque de sus contendores de acuerdo a Chinchilla, “eso nunca se lo hubieran dicho a un hombre, pero a mí sí,” enfatizó. “Aun así hay cosas que me han aconsejado dejar de hacer y yo no las voy a dejar de hacer porque me parece que un país tiene que irse acostumbrando y tiene que ir entendiendo como somos las mujeres.”
Sin embargo, ella trata de caminar en la línea del medio, en la cual debe mantener siempre un atuendo conservador y, a su vez, abstenerse de ciertos eventos sociales para conservar su imagen como mujer.
Pero hay otras cosas en las que Chinchilla dedica su tiempo de manera prioritaria, incluyendo la necesidad de reducir el crimen en los barrios y comunidades, y de combatir los efectos severos que ha tenido la crisis financiera mundial y nacional.
Como miembro del partido Liberación Nacional (PLN), Chinchilla dice comprender la necesidad de una convergencia entre el mercado y el estado. Su postura de centro izquierda intenta unir ideologías y promover metas de bien común, justicia social y equidad ciudadana. También insiste en que el análisis y aplicación de las políticas públicas deben incluir la dimensión social, de vital importancia a la hora de implementar dichas políticas de manera exitosa.
Aun es muy pronto para decir cuáles serían algunos de los impactos sociales de las políticas que Chinchilla ha movilizado, como la reforma de impuestos cuyo propósito ha sido afrontar el déficit fiscal de $2.3 billones de dólares desde inicios de este año. De acuerdo a sectores opositores a esta medida, incluyendo algunos miembros del PLN, esta iniciativa de Chinchilla ha sido catalogada como un peso demasiado grande para el pueblo de Costa Rica.
Estas y otras ideas futuras serán probadas rigurosamente mientras la presidente Chinchilla entra a su segundo año de gestión presidencial. Ella afirma que en la política las ideologías deben ser relativistas o más bien centralistas. “Desde el momento que consideramos un marco rígido para orientar nuestras acciones, perdemos la posibilidad de enriquecernos con las buenas ideas de otras corrientes,” dijo Chinchilla.