Así se desprende de consultas a editores y escritores, así como un recorrido por librerías grandes del país: Internacional, Universal y Lehmann.
Geovanny Jiménez S., CulturaCR.NET ,
COPADEH, 8 de junio de 2011.

Puesto de venta, Uruk Editores, FIL 2010. |
PARTE 1
Autores y editoriales del país, tanto públicas como privadas, se sienten decepcionadas ante el inexistente apoyo de las librerías ticas a los libros ticos. Y no es un asunto nuevo, sino de unas décadas atrás.
Por un lado, están los medios de comunicación masivos y las librerías grandes como la Internacional, la Universal e incluso, recientemente, la Lehmann, que no promueven, comercializan ni venden los libros costarricenses por considerarlos no rentables.
Y por el otro lado, los escritores ticos que trabajan arduamente para dar a conocer sus libros, y las editoriales que los apoyan; principalmente las estatales como la Editorial Costa Rica y las universitarias (EITCR, EUNED, EUCR, EUNA), así como algunas pequeñas independientes que han dado a luz interesantes colecciones de libros, como Arboleda, Andrómeda, Perro Azul, Uruk Editores, Germinal, Lanzallamas, Tecnológica, entre otras.
“Con las grandes librerías del país el problema es que no se interesan por nuestros libros, les enviamos ejemplares de gratuitos para ser considerados y rara vez se producen pedidos, a pesar de que damos opciones de crédito –incluso la consignación- y de contado”, relata a CulturaCR.NET René Muinos Gual, director de la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia, posiblemente la más grande del país en cuanto a cantidad de títulos publicados.
“Las políticas de compras de la Librería Internacional, por ejemplo, están dirigidas a obtener los llamados best sellers (internacionales), y su mercado meta es el de alto poder adquisitivo, permeable a los dictados publicitarios. Ninguna editorial y ningún autor costarricense están en capacidad de competir con sus estrategias ni con escritores ya consagrados, por méritos propios o como producto de su mercadeo”, afirma Dunia Solano, Presidenta de la Cámara Costarricense del Libro a CulturaCR.NET.
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Óscar Castillo, gerente y propietario de Uruk Editores, coincide con Solano y Muinos: "El modelo de librería surgido en la segunda mitad del siglo pasado en el mundo, orientado a la venta de bestsellers, mide sus resultados según la “rentabilidad” de cada espacio de exhibición. Esto obliga a dichas librerías a trabajar con títulos de una gran velocidad de rotación o ventas, contrario a valorar la oferta desde un punto de vista cultural. No interesa el aporte, la novedad o la propuesta de una obra; aunque sea una obra efímera, si vende más en menos tiempo, es deseable y rentable".
“Lo único que tiene salida son los libros que por su uso didáctico logran ventas seguras”, enfatiza Dunia Solano. “En relación con las novedades raramente hacen un pedido, ellos suponen que no hay interés del público, por eso solo venden best sellers que les dan mejores márgenes de ganancias”, amplía Muinos.

Librería Lehmann, Avenida Central. Tiene la colección de libros ticos "menos mala" |
¿Es culpa del consumidor, del lector, o es culpa del librero, del vendedor? ¿Qué parte y qué porcentaje le toca a cada uno? “Es más complejo. Las políticas, si es que las hay, del estado sobre cultura y educación no propician ningún programa de fomento de lectura, en detrimento de la cultura y educación de la sociedad. No contamos con una cultura de lectura´, como producto del desinterés de nuestras autoridades a partir de la segunda mitad del siglo XX. Podemos afirmar que tenemos una o dos generaciones de padres no lectores”, agrega Solano.
Para Dunia Solano, la suerte del libro costarricense está echada por el mercado del libro. “Históricamente el costarricense tiene predilección por el libro importado, desde la colonia. Hoy es más grave, a partir del mercadeo de los grandes emporios editoriales que canalizan el gusto de una sociedad consumista y el poco aprecio a lo autóctono”, explica.
Según Castillo, "en realidad las librerías no rechazan estrictamente las obras nacionales sino que no les interesan las obras desde un enfoque cultural, independientemente de que sean nacionales o extranjeras. Esto lo prueba el hecho de que en las grandes librerías, además de la dificultad de encontrar obras nacionales, también es difícil encontrar obras de pensamiento filosófico, sociológico, político y otros, más allá de los clásicos “de siempre”", agrega. Para el ex director de la Cámara del Libro, el tema no es que los rechazan por ser nacionales, sino por no tener una alta rotación.

Puesto de venta de EUNA, Feria Internacional del Libro 2010. |
Para Muinos, la gran ventaja de las editoriales estatales, como la EUNED, es que “tienen un alto componente de subsidio, de otra forma no sobreviviríamos. Nuestra legislación establece que la EUNED debe anteponer los fines culturales a los económicos, por eso nuestra labor es subvencionada, para dar a conocer obras de gran valor histórico, pero que no serían de mucho interés comercial”, aseveró.
La Presidenta de la Cámara del Libro fue enfática en cuanto a las causas del descenso de los indicadores de lectura del país: “En mi opinión del sistema educativo, no basta con enseñarles a descifrar letras, urge motivarlos a leer en el entendido de entender, analizar y crear opinión. Una sociedad carente de pensamiento es presa fácil de las corrientes consumistas y de la voluntad de otros, llámense políticos, religiosos, transnacionales, etc.”
Castillo planteó el problema en amplitud: "Las causas de los bajos niveles de lectura son probablemente históricas y políticas. Costa Rica tiene niveles de lectura muy inferiores a otros países de mayor desarrollo y superiores a otros países, en general de menor desarrollo económico y político. ¿Será que no se pueden disociar las metas de fomento lector de las de desarrollo en general? Por supuesto que podemos fijar programas de apoyo educativo, en el hogar, de publicidad de la lectura y más, pero normalmente estas se fijan en pequeña escala y no alteran las estadísticas de lectura. El reto de modificar significativamente las estadísticas es un reto político".
Según se desprende de lo anterior, por un lado el Estado financia la producción de libros costarricenses, autóctonos, pero por el otro, ha fallado en su sistema educativo para incentivar la lectura.
Parte 2:
La difusión y publicidad: los medios tampoco creen en el libro, en su capacidad de vender. Soluciones actuales...