De Rodrigo Soto hemos conocido hemos conocido una obra extensa: Mitomanías, Floraciones y desfloraciones, El nudo y Gina, entre otras no menos o más importantes. Gina en particular ha capturado un público nostálgico que se identifica con la época de los ochenta, cuando la vida universitaria (tanto de profesores como estudiantes) se definía por notables cambios políticos y sociales que fueron permeando también los cambios existenciales.
Confieso no haber leído Gina antes de dedicarme a Figuras en el espejo, donde Soto reúne "cinco novelas cortas que, en su conjunto, dan forma a un solo relato novelístico", como dice la contraportada. Tampoco sé si esta "gran novela" puede entenderse como confesional, pero sí sé que el relato mantiene cohesión de principio a fin, que mantiene una especie de eje narrativo que la lleva como un todo, a pesar de sus partes, a pesar de haber sido escrita durante 15 años y en momentos diferentes. Rodrigo sabe hacer literatura, no hay duda.
No obstante, me encontré a finales de "Figuras en el espejo" francamente cansado por el repetitivo melodrama marital. Gina me levantó de nuevo, me emocionó y, ante todo, me llevó de la mano con un poco más de acción y menos de reflexión socio-existencial en relación al tema de las relaciones de pareja. Rodrigo es un artista de la generación de ambientes psicológicos, los logra y, creo más importante, logra transmitir las emociones que hay detrás de palabras o expresiones al parecer sencillas. Sin embargo, sentí que el tema y su tratamiento agotan al lector en algún momento, cuando cada capítulo pequeño es una postal, eso mismo: una figura que, de alguna manera, se le escapa a Rodrigo y se reitera en cada parte que pasas. En algún momento esperás una novedad que no llega y no llega, hasta que Gina te levanta de nuevo.
La segunda edición de "Figuras en el espejo", publicada por Uruk Editores, incluye dos novelas cortas que eran inéditas en la primera edición (según se entiende de la contraportada): El país de la lluvia y Atrapando el viento. El segundo particularmente cumple lo que defino como postales o escenarios de una época que incluye hasta el momento cumbre del fútbol nacional: Italia 90. "El país de la lluvia" logró identificarme y amarrarme al principio por una cuestión particular: me identifiqué con el personaje de origen campesino que llega a estudiar a la Universidad de Costa Rica (Ariel), cambia sus raíces de campo por la ciudad y se enreda en el suampo de concreto que lo amarra, desde el casamiento y desde los hijos, desde el trabajo y desde las pasiones de vida.
"Figuras en el espejo", la nueva edición, es; en efecto, fragmentaria y polifónica, pero es además una lectura que se disfruta, por su fluidez, por su sencillez, y porque nos entretiene de principio a fin; aunque en algún momento pensemos que no nos lleva a nada. A mí me pasó, pero no se prejuicie, a usted puede que no le suceda. Soto es un artista literario, su tono suave, su lenguaje fluido y llano; no nos engañemos, logra llevarnos a lugares más complejos, de los personajes y de nosotros mismos.
Muchas mujeres se identificarán con Gina o Marcela, muchos hombres con Ariel u Oswaldo y por qué no: muchos hombres identificarán a Marcela y Gina en sus vidas, y muchas mujeres a Oswaldo y Ariel en las suyas. Esta novela la vivirán mejor personas mayores de 30 años, pero la disfrutará cualquier buen lector.
Rodrigo Soto asumió un riesgo al presentar en un solo tomo estas novelas cortas, pero lo hizo bien, bastante bien, aunque a algunos de nosotros no nos gusten algunas partes o no nos cautiven ciertos temas. En todo caso, así es la literatura, así es la creación y así somos los espectadores. Y en todo caso, lo mejor que puede hacer siempre un lector es convencerse por sí mismo.
Adquiera la novela aquí y recíbala en el lugar que usted quiera.