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Principios de creación literaria expresados por Marco T. Aguilera Garramuño, en sus publicaciones y en sus talleres.
Poéticas y obsesiones
El mismo viento que trajo a Marco T. Aguilera por Costa Rica en este mes de agosto del 2010, trajo también algunos escasos ejemplares de sus últimos libros. Uno que cayó en mis manos es una verdadera revelación: 12 conferencias suyas relativas a la creación del relato, las cuales fueron dictadas entre 1983 y 2006 en universidades de México, Colombia y Estados Unidos. Se trata de Poéticas y obsesiones (México: Biblioteca Universidad Veracruzana, 2010, 185 pp.). Por razones obvias debemos dar la bienvenida a las consideraciones que sobre un género literario hacen autores que lo han practicado con dedicación exclusiva por varias décadas. Lo que en sus respectivas publicaciones han dicho sobre la creación literaria consagrados como Edgar A. Poe, Horacio Quiroga, o Jorge Luis Borges, tiene un valor especial para filólogos y escritores; no obstante, lo que está diciendo en nuestros días un escritor tan cercano como Aguilera, resulta de especialísimo interés, primero porque revisa lo que sus antecesores han dicho y segundo porque él lo está practicando en las circunstancias actuales y también lo está compartiendo en sus talleres virtuales y presenciales. El concepto de relato, el papel del escritor/a, las formas del relato, la función del relato, los subgéneros de este arte, los discute el autor con amplitud y conocimiento de causa en la valiosa publicación de Universidad Veracruzana.
Un taller de relato en la Sede Brunca de la UNA
Una de las etapas del periplo de Marco T. Aguilera por tierras costarricenses, fue el taller de relato que impartió en la Sede Brunca de la UNA este 7 de agosto. Como bien se sabe, los talleres literarios no son experiencias académicas convencionales sino actividades de comunicación entre creadores con el fin de discutir su trabajo y mejor aprender el oficio. El estilo personal del Sr. Aguilera, su dominio de la labor narrativa y su ilustrada reflexión sobre el quehacer literario, confrontados con los particulares intereses de un grupo de jóvenes creadores e intelectuales de la Región que asistieron, propiciaron una valiosa experiencia que, sin dudarlo, ofrecerá frutos en un plazo no muy lejano.
Como un auxilio para las personas que no pudieron participar de este taller, me permito ofrecer una reseña de la actividad. En vista de que no solo la teoría literaria sino también los ejemplos y la historia de vida del escritor pueden resultar aleccionadores, incluyo varios de esos pelos y señales:
Un escritor en San Isidro
Considera necesario Aguilera recapitular su vida en el San Isidro (S. I.) de los años 60, cuando él tenía entre 16 y 17 años. Lo describe como un mundo lleno de colorido, el cual recuerda con emoción. Le calcula unos 6000 habitantes y una temperatura de 35 ó 38 grados. Le fascinaban algunos personajes extraordinarios, como Alexis, descalzo y de dedos gordotes, pero que se decía príncipe de Mónaco; don D., un dentista lujurioso y original; L., el único negro de la ciudad, que torturaba con la Matemática; Momotombo, un profesor gordo y poeta, de cuyo brazo pendía una esposa pequeña que parecía una sombrillita. En su opinión en ese pueblo que él conoció había la máxima concentración de mujeres bellas del mundo; pero, también, la máxima concentración de mujeres disolutas del mundo. En ese mundo, que él percibía como feliz, estudió, trabajó y se divirtió. No se daba cuenta de que al vivir con intensidad en ese espacio, en realidad estaba escaneando, obteniendo experiencia que le permitiría convertirse luego en escritor.
Por eso considera ese S. I como un paraíso perdido que le gustaría recuperar y, si la vida fuera flexible, venirse a averiguar lo que ha sido de los personajes que él reflejó en su novela “La breve historia de todas las cosas” (BHTC). Especifica que el escritor no tiene que investigar, en el sentido que se usa esta palabra en ciencia sino, mejor, chismear. Debe valorarse la experiencia de vivir en un pueblo como San Isidro y el escritor no tiene que esperar vivir en Londres para hacer literatura sino que puede hacerla con la situación que vive. Por esa razón, sugiere a los presentes interesados en crear literatura explotar literariamente el conocimiento de su propio entorno.
La búsqueda de temas literarios
Como parte de su dinámica introductoria, Aguilera insta a los presentes a presentar relatos orales y, con ese fin, les pregunta qué ha sido de algunos personajes que él trató en BHTC. Algunos de los asistentes exponen breves referencias de ciudadanos y ciudadanas de su comunidad, como los mal llamados Musoc, Momotombo, Tribilín.
Completa Aguilera su planteamiento, diciendo que su forma de crear literatura –tal vez sin proponérselo- ha pasado por una especie de integración entre realidad y fantasía. Personas reales como Juan B. Fonseca, que él trató como Tribilín, o Isauro Solís, que él no trató directamente, le parecieron fascinantes y le ayudaron a desatar su imaginación.
Algunos trabajos literarios en proceso
Al preguntar MTAG a los presentes sobre lo que estaban escribiendo en esos momentos, se reportaron varios trabajos en proceso:
Yulania, una joven estudiante, confesó sin necesidad de tortura que escribía historias de la vida real sobre temas sociales. A instancias del instructor y las súplicas de los que no querían ser llamados a declarar, sintetizó oralmente uno de sus relatos. Era de una pobre mujer a quien dominaron toda su vida, primero su padre y luego su marido (macho brutal), y acaba matando al macho (que para colmo se llama Nacho), dándole por la testa con un caracol. Acaba el relato con la mujer encarcelada que dice que por primera vez es libre.
Eric, un escritor profesional y maestro de literatura en S. I., lee uno de sus relatos sobre las terribles consecuencias de que ¡un camino se detenga en su camino! Pues nada, un cuento inspirado en la imprudente arenga contenida en una canción de José Alfredo Jiménez al decir: “Camino de León Guanajuato, no pases por Salamanca porque me mata el recuerdo”.
Luego, sin mayores súplicas del instructor, pasa al frente Mariela, quien informa que escribe historias cortas sobre temas de violencia doméstica. Aunque no se refiere a ninguno de sus trabajos en específico, plantea que le interesa reflejar lo que queda en la mente de la víctima.
Finalmente, pasa al estrado un profesor anónimo que declara su afición a crear crónicas que mezclan realidad y fantasía. Para ejemplificar, lee velozmente un trabajo sobre una supuesta visita que hacía algunos meses se había dicho haría el escritor Aguilera a S. I.
Concluida la exposición de casos clínicos, con base en las observaciones del instructor y las intervenciones de los participantes, se obtienen algunas enseñanzas. Por favor, subraye las que se puedan atribuir inequívocamente a dicho señor:
- Para escribir, no se investiga sino se viven los hechos, se profundiza en ellos. El escritor/a debe cargarse por años como un teléfono, a fin de escribir.
- Cada escritor/a debe buscar su camino, según su propia forma de ser y sus intereses.
- En literatura no interesan los hechos reales sino los hechos simbólicos, situaciones que representen lo que pueden vivir otras personas.
- Es posible aprender a crear literatura (relato) dejando volar la fantasía al observar hechos reales.
- En literatura es necesario quitarse la censura o la vergüenza, hay que ser un descarado.
- Todos estamos encerrados/as en un cascarón, el cual hay que romper para expresarse.
- No hay que acomplejarse ante la obra de los grandes escritores y escritoras. Cada uno puede crear su propio mundo literario.
- No se debe usar la literatura para moralizar o para enseñar normas específicas de vida.
- El escritor/a tiene que ser un sabio universal. Debe leer mucho porque tiene que empezar por recuperar la tradición literaria universal.
- Es en el conflicto donde se engendra la literatura.
Algunos principios de vida de MTAG que tal vez tienen que ver con la literatura
Tengo un blog que llamo Descabezadero (www.mistercolombias.blogspot.com), donde hablo sin tapujos sobre todo el mundo y sobre mí mismo. Allí he tenido el honor de pelearme con escritores muy importantes.
Desde los tiempos del Prado Bar (el club social de S. I.) había jugado básquetbol. Sin embargo, por problemas musculares me tuve que retirar y ahora me dedico a la natación. Esta nueva actividad me permitió ganar recientemente dos medallas (una de oro y otra de plata). Dados éxitos tan precoces, consideré la posibilidad de retirarme de la literatura y dedicarme al deporte acuático; no obstante, pronto comprobé que las medallas que dan no son de esos metales sino de imitación.
En realidad, hace tiempo que me dedico a deportes acuáticos. Por ejemplo, cuando paso en mi auto por un río que me gusta, paro y me lanzo sin mayores averiguaciones. Una vez que pasé por el Cuachacalos, que luego supe era el cauce más contaminado del mundo, decidí lanzarme y me sacaron los bomberos entumido y muy percudido.
Es necesario romper las reglas, no ser un moralista. Prefiero irme al infierno que al cielo, porque según Dante Alighieri este último es muy aburrido ya que sólo hay dos espectáculos: la contemplación de la Virgen y la contemplación de Dios. En cambio, según noticias, en el infierno hay muchas personas divertidas. No hay buena literatura que refleje la virtud, nada más “Las confesiones” de San Agustín, quien se dedicó a la santidad después de haber sido pecador por mucho tiempo. Conste que no estimulo el vicio, pero sí considero que hay que vivir.
No me interesa ser aceptado por los círculos. En literatura hay unos clubes donde unos elogian a los otros. Acepto ser un escritor marginal ya que hay mucha gente influyente que no me toma en cuenta; pero también admito que de vez en cuando echo a correr por ahí excelentes críticas sobre mí mismo.
Prefiero ser un frenáptero, que un frenolito. Frenáptero es una persona de mente alada, en oposición a frenolito, que es una persona de mente petrificada. Esas son clasificaciones que yo me inventé con base en unas raíces griegas. Tribilín es mi frenáptero preferido en BHTC.
En fin, considero que sólo se puede ser feliz si uno no es virtuoso.
Un “producto” del taller de MTAG
La importancia del baño diario
Para MTAG,
que más o menos así lo contó.
Como Marco no aguantaba el frío del Cerro de la Muerte, fue despedido de su puesto de time-keeper en la construcción de la carretera a San Isidro, y tuvo que emplearse de maestro en un pueblo remoto.
La causa de su desventura se originó en que, aunque era virgen todavía, no había contemplado la opción homosexual. Y esa fue precisamente la opción que le ofrecía el director de su escuela, un plácido gordito cuando estaba sobrio pero un lascivo monstruo cuando se embriagaba. Dormían maestro y director en sendos cuartitos colindantes, apenas separados por una pared de tablilla y Marco, jovencito y casto, escuchaba en las noches el resoplido furibundo de su director y pretendiente.
Cuando pasó lo de la persecución con machete, Marco creyó que era lo peor que podía acontecerle. Eso fue que en el turno de recolección de fondos para la escuela se embriagó el director, y machete en mano persiguió y acorraló al joven maestro contra la pared del dormitorio, dispuesto a reivindicar el derecho de pernada que a veces se otorga en el magisterio. La presencia fortuita de la hija del pulpero que venía a guardar los platos, salvó a Marco esa noche.
Pero lo segundo que le pasó a Marco, cuando lo persiguió todo un pueblo, debe considerarse peor. Ese día, mientras meditaba en su cuartito y el director andaba por otro lado, llegó por los platos que allí guardaban nada menos que su fortuita salvadora, la hija del pulpero. Como a Marco le pareció sugerente alguna mirada que le dirigió la que jalaba platos, se le ocurrió levantarse para tocarle el pelo sedoso, y quién sabe. Hacer esto y salir gritando la muchacha y organizarse una cacería con machetes del monstruo que había intentado violar a la hija del pulpero, fue una sola cosa.
Escondido junto al río, entre los sotas, Marco creyó enloquecer y solo atinaba a lanzar hojitas al cauce para verlas navegar y naufragar. Lanzó mil hojitas persuadido de que si lograba que una sola de las hojitas no siguiera la corriente, estaría salvado. Allí lo encontraron al rato, cuando se supo que no había hecho nada.
Pero Marco ya no quiso regresar a su puesto donde lo esperaba el director, y se marchó a San Isidro ese mismo día. Tras varias horas de marcha desesperada por un camino embarrialado, llegó a su casa y le notificó a su madre que estaba loco. Ella le dijo: “Toma un baño y te compondrás”. Marco tomó el baño y creyó que de verdad había recuperado la cordura. Hasta la fecha.
Conclusión
Resultó muy valiosa la experiencia de un taller literario con el escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño. Se trató de una oportunidad educativa poco convencional, en la cual se mezclaron consejos formales de un narrador consagrado con anécdotas, chistes y múltiples referencias a la literatura universal. Para escritores de cierta trayectoria y para jóvenes que se inician o apenas se interesan en la creación literaria, este tipo de actividades son de un provecho imponderable. En opinión del propio escritor, en el cantón de Pérez Zeledón se presenta una notable inquietud literaria, lo cual no se manifiesta en otras comunidades donde ha vivido, en las que nadie sabe ni le interesa a qué se dedica él.
Lea aquí también la crónica sobre la conferencia de Marco Tulio Aguilera en San Isidro de Pérez Zeledón, por Juan José Mora Cordero.
Lea además aquí "Crónica con algunos elementos imaginativos" de Gabriel Vargas Acuña.