Después de vivir en el Harlem negro de Nueva York por casi un año, empaqué mis recuerdos y emprendí la ruta hacia el sur de Sudamérica. Con el carburador de la curiosidad encendido, salí esperando reconocerme en otros, y de paso reemplazar los rascacielos por la Cordillera de los Andes y escuchar el sonido de aquel bandoneón que París le prestara a Buenos Aires.
Mi primer destino fue Lima, Perú. Llegué con la idea de recorrer ese país, capital alguna vez de aquel glorioso Imperio Inca, del que tanto me habían hablado en la escuela de Heredia, cuando sólo era un carajillo que iba a clases con el estómago tronando de hambre y la curiosidad intacta.
Las primeras impresiones de la ciudad son un poco caóticas, como tienden a serlo en nuestro tercer mundo. Los taxistas llenan la salida del aeropuerto de ecos exagonales, insisten a los distraídos turistas a ser los primeros en abordar sus taxis de tarifas exageradas; aprovechando que muchos aun no conocen el valor de los soles peruanos.
Lima es una metrópoli con bulevares de estilo europeo, preñada de rastros culturales ancestrales. En parte por herencia, pero sobre todo en el nombre del desarrollo turístico y en razón a esta utopía de progreso, en Lima, se han ido deteriorando mundos mágicos que tardaron siglos en crearse al costo de modernizarlos para acercarse al gusto del mercado.
Entre los retratos de la sobrepoblada Lima se ven miles de rostros indígenas, quienes dejaron la Cordillera de los Andes y la selva amazónica con los recuerdos en las pestañas, para mendigar a los turistas que pasean sus calles de pluralidad cultural.
Una muestra (haga clic sobre la imagen para verla en grande):

Retrato de mujer Limeña |

Mendigando el pan del DIA ante rostros indiferentes |
Niños de la calle, uno de los impactos mas fuertes de Lima |
Les llaman "Metro", son colectivo que transportan gente por toda la ciudad |
En Lima el cielo parece siempre estar gris, como un espectro fluvial. Los niños, al pedir, te pegan con su tristeza en la cabeza, mientras la gente muchas veces les da de lo que ya se les ha acabado.

Panorama de Lima
Recorriendo áreas menos turísticas, la gente me detenía, alertándome e insistiéndome que si entraba en esos barrios me robarían y saldría, al menos, sin mi cámara y mis sandalias. Sin embargo, allí conocí a uno de los tantos anónimos de la sierra que había migrado a la cuidad en busca de “mejores oportunidades”. Yo esperaba encogido tras su historia, mientras su garganta me narraba, entre quechua y castellano, sus más de 37 años de recorrer las calles limeñas, enfermo, con la noche quebrándose en sus bronquios, viviendo de nada y muriendo de todo.

Plaza de las Armas en el centro de Lima
También existe en Perú una clase alta, por supuesto. Una clase, de sangre rehusada, que nunca ha sido rasguñada por la maleza, y al igual que en Costa Rica, se los encuentra en el microbús hablando en inglés unos con otros, como celebrando su fracaso triunfal ante “los ignorantes”; esos que sólo hablan Quechua.

Rostros anónimos de las calles
Sin embargo, el pueblo peruano es noble y recibe a sus visitantes con síntesis sumisa, humildad, suavidad de modales y un poco de timidez.

Uno de los tantos anónimos con los que me toco conversar |

Rostros de la ciudad: un hombre ciego buscando el paso en un típico boulevar limeño |
Lima no deja de ofrecer una excelente gastronomía local, historia, vías nocturnas, arqueología, arquitectura colonial, y lo mejor que quedó de sus incas y que más adorna la cuidad: su gente.
En la Plaza de las Armas del centro limeño, frente a la casa presidencial, entre ceviches y cerveza cusqueña, compartí, a pantalla gigante, el “Argentina-México” de la copa mundial de fútbol, con decenas de capitalinos de pómulos saltados. Ya que, aunque Perú -al igual que Costa Rica- no participa, la multitud se reúne a apoyar a los equipos sudamericanos.

El fútbol siempre presente en las calles de tierra de Lima
Sentado en un callejón limeño, comencé a investigar mi próxima parada en el camino hacia el sur: Cusco. Ubicada en lo alto de los Andes, a veinticuatro cuatro horas en bus de la ciudad de Lima, capital alguna vez de aquel grandioso Imperio Inca y considerada la “madre de los terremotos”, la ciudad de Cusco fue construida en forma de puma, y ha sido la meca del peregrinaje de miles, antes y después de la colonización española. Mientras planeaba mi viaje a Cusco, me encontré con una paradoja, cuando una limeña me dijo por ahí: "pero por qué te vas si aquí tenemos de todo, KFC, MacDonalds y hasta Papa Johns”.

Niños y jóvenes buscan ganarse la vida en las calles de Lima

La mirada desde un bus limeño

El oficio de lustrar zapatos: postal de la ciudad
Próxima entrega: Cusco, Perú. Siga CulturaCR.NET y empápese de lo mejor de la cultura costarricense y otras latitudes.
Otros fotoreportajes de esta serie:
1. ¡Utreia! Los caminos de Santiago
2. Los mundos de la ciudad de Lima, Perú
3. Túpac, Cusco, ciudad de arco iris y artefactos (Partes I y II).