Guillermo Fernández inicia esta nueva sección de crítica literaria en CulturaCR.NET
Guillermo Fernández A. para CulturaCR,
7 de julio de 2010.

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Desde hoy empezamos con esta nueva sección de crítica literaria, una propuesta de lectura y seguimiento de las nuevas obras en narrativa, poesía, dramaturgia, ensayo u otros géneros literarios. La idea es darle promoción y valor a la creación literaria del país. Iniciamos con la crítica sobre la obra "El circo del deseo", a cargo del escritor Guillermo Fernández Álvarez, en esta sección de denominamos CREA CUERVOS.
Cirus Sh. Piedra es el autor de El circo del deseo. Un circo del lapidario suceso real, donde es reconocible cada personaje como si acabara de codearnos en una esquina de la Avenida Diez. Así, con toda su “fragancia” vivencial y sórdida.
En esta colección de relatos nos captura la franqueza del testimonio. El logro de un lenguaje, a veces libre en asociaciones y correoso en sintaxis, que no es coloquialismo puro, sino reinvención de éste, que es otro asunto. (Algunos que escriben confunden a los dos). Recordamos en estos cuentos algunas obras de Rubem Fonseca, que rehizo excelentes historias de los casos vividos cuando fue policía carioca. Al igual que el autor de memorables cuentos brasileño, Cirus apuesta por la vida de los marginales, asesinos, drogadictos, prostitutas y trotacalles de la gran urbe.
El circo del deseo no fue escrito por un interesado en los temas que citamos, sino por un buzo de la urbe más baja. Vemos relatos de estancias miserables como “Bernie”, tal vez un vecino que va de la mano de la esquizofrenia y el edipismo sin reconocer que todo sucedió hace tiempo y que él solo envejece entre la casa y la panadería, o aquel otro titulado “Pablo Barrantes”, el jugador de ajedrez rescatado por una prostituta y contrincante de Joaquín Gutiérrez. Vemos también uno de los más auténticos relatos, quizá el mejor en composición y tratamiento, “El Palestino”, una historia que ya hemos oído antes respecto del doble, y que en este autor se nos presenta como un alucinado de tantos que no sabe de dónde vienen las escaramuzas de la inconciencia. Vale la pena situarnos, por su envergadura crapulesca, en “Putas y así qué va”, luego de “El Palestino”, la más astuta reelaboración de un hecho que alguna vez leímos en el folclórico diario Extra. La mujer envenena a su marido para seguir jugando en el Hotel El Rey, pierde los milloncillos como si nada, y termina comiéndose un arreglado en Chelles. La historia se nutre de la propia ironía de Cirus, cuando la madre del asesino increpa a la asesina y le muestra el cadáver de su hijo sentado a la mesa, como si la familia continuara…
Cirus relata con honradez, ofreciéndonos observaciones muy bizarras del mundo de los márgenes, confiables retratos de ese urbanita que carece de todo sentido, como un error demográfico, pero que por alguna suerte, gracias a su extraño empeño, nos parece digno de proseguir y morir como quiera.
Los alcances sólidos del joven escritor son visibles. Algunas de sus otras historias, sin embargo, son extensiones de las tres o cuatro mejores. Son machaconas en la misma obsesión del autor, que le divierte cierto regodeo en la sordidez; pueden abrumar, no por el escándalo (hoy día ya nada nos sonroja la cara), sino por la redundancia. Quizá el apunte a nuevos temas, dentro de la intensa exploración asumida por Cirus, le permita seguir por el camino de sus relatos más interesantes.