La obra ‘La ópera de tres centavos’ fue estrenada ayer en el nuevo Teatro de la Aduana. Actores reconocidos y novatos formaron parte del inusual formato de la obra.
Con la presencia de la ministra de cultura, María E. Carballo, el director de la Compañía Nacional de Teatro, Mariano González, pronunció unas palabras sobre el inicio de la temporada 2010 y el estreno del teatro.
González agradeció por el logro del nuevo teatro y loó a grandes personalidades del teatro nacional como el dramaturgo Alberto Cañas. Posterior a las palabras de González, la obra inició.
Una esencia de musical se presentaba al espectador que se aderezaba con un poco de humor en los diálogos. Una forma diferente de aparecer en escena fue utilizada y luego de esto comenzó, al son de la orquesta, la obra. Diversos recursos tecnológicos fueron utilizados como apoyo.
Una pantalla proyectaba mensajes diversos mientras se daba un cambio de escena y, por ende, de utilería. Varios actores portaban micrófonos de diadema que serían utilizados en los momentos que cantarían pero que, a la vez, se jugarían el todo por el todo. Según comentó el director de la obra Juan Fernando Cerdas, contaban con menos de la mitad de micrófonos disponibles y se hizo lo posible para aumentar esa cantidad mas no alcanzó para todo el elenco.
Una banda compuesta por jóvenes músicos, todos adolescentes, fue la encargada de darle la entonación musical a la obra. Los cantantes fueron los mismo actores, quienes cantaron en vivo y sin playback.
La atípica obra, escrita por Bertolt Bretch, gira en torno a los líos de un gángster de la ciudad llamado Mackie Cuchillo, este interpretado por el actor Sergio Masís. Un averiguado matrimonio, un típico caso de infidelidad y otros eventos se presentan en la obra.
Jocosas y pícaras situaciones no escapan del guión. Un prostíbulo con estrafalarias mujeres y… otras no tan mujeres, ponen el tono jocoso a la obra, cuya duración sobrepasa las dos horas.
Crítica camuflada y otra no tan camuflada, puede verse dirigida la administración Arias. Entre otros, la minería a cielo abierto y obsesión por el poder puede tomarse, según la malicia del espectador, como propias o no.
Destacaron y fueron aplaudidas las actuaciones de todo el elenco. Sobresalió Bernardo Barquero, como actor secundario, y Adriana Víquez como una de las protagonistas.
Bailes, canción, diálogo y enredadas situaciones que son, evidentemente, una crítica a la época.
En lo que el desempeño vocal-musical respecta, me parece que esta estuvo bastante aceptable. Un actor o actriz no es un cantante profesional, pero en este caso lo hicieron como si lo fueren. No hubo desafinaciones y todo el elenco en algún momento dado participó como cantante y no quedaron mal, al contrario, ofrecieron voces bastante afinadas y con notorio entrenamiento de estas.
La obra empieza poco fluida pero luego esta situación se compone. Eso sí, a la orden del día, o de la noche en este caso, estuvieron algunos fallos técnicos que fueron bastantes notorios, principalmente en el audio.
Problemas en el audio de los cantantes, mala calidad de este, fallos en los tiempos de la iluminación y una mala acústica del nuevo teatro, jugaron una mala pasada en el transcurrir de la obra. Además, la falta de numeración en los asientos del teatro, fue causante de desorden en los momentos previos a la obra.
Por otro lado, y al ser una obra cantada, los actores, en su mayoría, portaban micrófonos de tipo diadema que únicamente se activaban para las cantadas pero que, por probable error de los técnicos, se abrían antes de tiempo o no se abrían a tiempo por lo que resultaba molesto para el espectador y se volvía tedioso no poder comprender la canción. Eso sí, cabe destacar, según palabras del mismo director, Juan Fernando Cerdas, que no se contaba con el número de micrófonos necesarios y, hasta donde se puso, se complementó con otros que, evidentemente, no eran para aptos para dicho fin.
Queda, sin embargo, la incógnita de si el público salió satisfecho pues, al culminar la obra y, pese a la cantidad de aplausos, ninguno de los asistentes se levantó de su asiento, tan solo unos cuantos chiflidos fueron percibidos por el resto de la audiencia.
Personalmente, recomiendo ver la obra y formar su criterio propio pues, no en vano, la obra empezó mal con las críticas de William Venegas por no citar otros traspiés. La obra, difícilmente se torna aburrida pero si puede haber momentos en lo que transcurra algo lento.