Nacido en Cartago en 1976, el irreverente poeta cartaginés Felipe Granados murió a la edad de 33 años.
Respetado por otros poetas nacionales y un grupo de gente ligado a la cultura, principalmente por su obra poética original, el vate publicó un único libro de poesáa titulado Soundtrack (Ediciones Perro Azul 2006).
Asimismo, Granados se dedicó a realizar artículos y reportajes para la revista Soho, al lado de su amigo el también poeta y editor de Soho, Luis Chaves.
Participó en los talleres de La Enésima silla y de Francisco Zúñiga.
Felipe Granados comentó a CulturaCR, meses antes, que estaba trabajando un nuevo material poético que esperaba publicar pronto.
Se sabe que el escritor padecía desde hace años una condición de VIH, que se conjunto con una anemia muy fuerte y provocó su fenecimiento en el hospital.
Hace unos meses, en el Encuentro de Amigos de CulturaCR, Granados leyó poemas de Mario Benedetti, cuando este sitio realizó un homenaje al vate uruguayo después de su muerte, y también recitó de memoria varios de los suyos, ya conocidos y admirados en el medio.
Su poesía se destacó por la irreverencia y la crítica fuerte al status quo, así como a los valores de la sociedad contemporánea, pero no de la manera tradicional, sino desde un enfoque existencial crítico.
La acidez lírica y el buen manejo de las imágenes lo llevaron a ocupar un lugar de respeto en la poesía costarricense, sobre todo por su búsqueda de nuevos contenidos, más allá de lo meramente amatorio o cursi.
Asimismo, se caracterizó por escribir una poesía ligada a imágenes de películas, en un contexto costarricense de contradicciones e incoherencias. Su verso auténtico no se ajustó a convencionalismos anteriores y se entregó al mensaje antes que la forma.
Su cuerpo fue enterrado en el Cementerio de Oreamuno el jueves 27 de agosto, pero su huella persiste entre quienes siguen leyendo, divulgando y siguiendo su poesía.
Sin duda, su muerte ha provocado un amplio movimiento en varios lugares de la Internet y escritos, donde se le han realizado homenajes póstumos y un repaso de su obra y arraigo en la poesía urbana.
Le dejamos este poema de su libro Soundtrack:
Track final: de mujer y cocaína
Esta mujer
que duda entre
esta raya
y la siguiente.
Que tiembla
y se la traban
las palabras.
Esta mujer
que no puede
pasar de ser exacta.
Que tiene el tono triste
de los bancos de un parque
azotados por la lluvia.
Esta mujer que no tiene remedio.
Merece ser quemada
como un santo,
apedreada
como cualquier adúltera,
merece,
la cruz
porque me salva.