Garabeet
o la necesidad
Tatiana
Lobo Wiehoff
Cuando
la muerte no alcanza, novela de Geovanny Debrús Jiménez,
me recordó esos viejos romances medievales -como los temas artúricos
del Grial- que desdeñaban el documento para privilegiar los elementos
fantásticos.. Debrús Jiménez supedita los hechos
históricos y el dato entnográfico a su propio deseo literario,
pero lo hace respetando la concretidad de la Conquista al describir
el violento encuentro entre los huetares y el invasor europeo.
El autor
traza la figura del cacique Garabeet (Garabito) sobre el perfil del
héroe arquetípico de todos los tiempos y todas las culturas.
Cómo era realmente este guerrero americano que por un tiempo
logró detener el avance de las tropas españolas hacia
el valle central de Costa Rica es muy difícil de concebir, cuando
no imposible, para la mentalidad contemporánea. Garabeet es emblemático,
condensa a todos los guerreros de la resistencia indígena silenciados
en los textos oficiales. Es un símbolo de la lucha armada contra
el conquistador. Son estos valores constitutivos de la identidad costarricense
los que justifican la re-creación de la historia con la mirada
de un testigo contemporáneo que no se enmascara ni pretende camuflarse
como cronista del pasado.
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Sí,
así es. La novela de Debrús Jiménez fabula el pasado
con el imaginario del presente. Epopeya cuyo lirismo le permite saltar
en el tiempo con la sola gracia de su admiración por la figura
del héroe nativo; y con nostalgia por un mundo armónico
que la codicia virulenta del conquistador destruyó, desarticulando
la posibilidad de su renacimiento. . .
Nostalgia
del pasado precolombino, un sentimiento ajeno a la geografía
emocional de las y los costarricenses contemporáneos, para quienes
el pasado ancestral es una tinaja de museo antes que la presencia activa
de hombres y mujeres que alcanzaron una equilibrada convivencia entre
individuo, sociedad y medio ambiente, estilo de vida que no logró
sobrevivir a la espada, la cruz y el arcabuz. Después, con el
advenimiento de la república, la historia oficial borró
la resistencia indígena de los textos escolares creando así
la ilusión de un país que nació sin contradicciones,
al punto que un cierto ex-presidente negó, ante el actual rey
de España, la existencia de población amerindia en Costa
Rica.
Triste
es decirlo pero las culturas autóctonas siguen siendo brutalmente
avasalladas por la ansiedad eurocéntrica y los prejuicios que
lo sostienen. Se oculta la realidad actual del indígena como
se oculta sistemáticamente su pasado. En el imaginario colectivo
costarricense “el indio” es un excéntrico, un extranjero.
Aquí es donde surge la necesidad de voces literarias que, como
la voz poética de Geovanny Debrús Jiménez, rompan
el silencio, llenen el vacío y contribuyan a desinvisibilizar
las etnias excluidas y a integrar, en la consciencia y los sentimientos,
el origen violento de nuestro mestizaje y las luchas libertarias que
nos significan hasta el presente.