El
miércoles 30 de junio pasado, un homenaje a un hombre ejemplar,
lleno de humildad, de palabra, pero más de humildad e ilusión,
aprendida en las riberas del Parismina, se vio envilecido por incidentes
lamentables en el Instituto Cultural Español, mejor conocido
como el Farolito.
Convertido
en uno de los centros culturales más importantes del Circuito
Metropolitano Cultural en San José, Costa Rica, sorprende que
hayan quejas tan consistentes y fuertes como las planteadas contra el
encargado de seguridad del lugar, en el homenaje a Julio Acuña
del pasado martes 30 de junio.
En
la actividad La palabra toma el Farolito,
el descontento tomó el Farolito, según el blog de la filóloga
Adriana Sánchez.
La
violencia verbal de un encargado de seguridad llamado Óscar Soto,
alteró los ánimos y la queja formal de ellos. "Si
no se calla, le voy a romper el hocico" fue la frase que denunciaron,
raíz de una diferencia por la presencia de niños en la
actividad de homenaje a Julio Acuña, de paso cobardemente asesinado
hace un año, en circunstancias que aún se desconocen,
pero que coinciden con la violencia.
Aunque
el evento anunciado en La Nación y en el mismo Farolito era para
las 6 pm, según la denuncia, la actividad en realidad empezó
a las 7 pm. Y aunque una señora adulta mayor llegó desde
las 5:30 pm, con otros asistentes, se le dejó esperando a la
interperie porque, según el empleado cuestionado, por normativa
solamente se abren las puertas cuando inicia la actividad.
Según
lo narrado, la esposa de Pedro Antillón y de ¡Julio Acuña!
fueron sacadas por el encargado de seguridad por una aparente queja
sobre la bulla de los niños que traían (incluido el hijo
último de Julito) y que estaban interrumpiendo la actividad.
Según narró también Paola Valverde, organizadora
de la actividad, la queja fue dada por una pareja en estado etílico
que fue sacada del lugar por el público, debido a su comportamiento.
Cuando Antillón se quejó sobre el asunto, el señor
Soto profirió la amenaza de agresión mencionada.
Ante
una situación de desconcierto y del malestar, de acuerdo con
lo expuesto, Mariam Valencia no acudió como mediadora sino que
se dispuso también agresiva.
"En
eso noté que todas las personas iban a saliendo, debido a que
Pedro, en su enojo dijo en el salón que la actividad culminaría
sin Tania ni Solaris. El público indignado salió y yo
entré de inmediato a hablar con Mariam. Una señora se
acercó a Mariam y le dijo que era una incompetente. Ciertamente
el público estaba molesto. Yo incluso fui a la oficina de Mariam,
pero ella estaba tan alterada que no surgió el dialogo. Cuando
yo salí del Centro las puertas se cerraron de inmediato y afuera,
a manera de protesta, el público estaba dando fin al Homenaje
de un hombre integro, periodista admirable, poeta y amigo de todos los
artistas de este país", relató Paola Valverde, organizadora
de la actividad.
"Personalmente,
no pondré un pie en las instalaciones del CCE hasta que esta
situación no sea revisada y corregida. Y sé que muchas
otras personas harán lo propio cuando se enteren del atropello
que la memoria de Julio Acuña sufrió anoche en el Farolito",
expresó Adriana Sánchez en su blog.
Pero
lo más triste es que la actividad terminó en la calle,
con un homenaje a un ser humano que no merece ser recordado como mártir,
sino como símbolo de esperanza, humildad y entrega. Un homenaje
que se quedó sin techo, como sucede en La Lucha de Río
Jiménez, Guácimo, a la ribera del Parismina, un pueblo
pobre donde Julio encontró el alma para ser acuñado
en las palabras de la ontología de cada amigo que quiera
ser simplemente humilde, poeta, siempre mayor.
"Creo
que no sería justo personalizar la culpa, el problema se dio
debido a una gran (yo diría enorme) falta de comunicación
y de un desacato de las ordenes al no hacer valer el reglamento",
expresó Valverde.
El
Centro Cultura se pronuncia
"Hoy
(jueves 2 de julio) hablé con el Director del CCE y con las encargadas
de las actividades. Ellos están dispuestos a reunirse con Tania
y hacerle llegar una disculpa. Saben además que el gran problema
se dio al inicio cuando nadie dijo nada acerca de esta regla de no dejar
ingresar niños menores de 7 años", amplió.
Por
su parte, el señor Carlos Couto se pronunció: "Aclaramos
que en relación al error del horario de la actividad el Centro
Cultural de España acepta que hubo un error humano en la programación
mensual impresa y en la página web. Sin embargo, en el volante
electrónico que circuló por Internet y en el anuncio que
se publicó el domingo 28 de junio en Ancora de La Nación
informa que la actividad estaba programada para las 7 p.m. (...) Al
respecto de la conducta adoptada por el guardia de seguridad Oscar Soto
anoche, ofrecemos sinceras disculpas, fue injustificable y por supuesto
ya se tomaron acciones al respecto".
Según
el director del Centro "los niños empezaron a hacer ruido
y velando por los objetos expuestos y por no interrumpir la actividad,
el oficial de seguridad se acercó y les solicitó de manera
respetuosa a las acompañantes de los dos niños que intercedieran
para tranquilizarlos y les informó que la norma es que niños
menores de 7 años no ingresen al Centro, sin embargo, nunca los
“echó” de nuestras instalaciones".
"El
padre de uno de los niños al enterarse de esta situación
se alteró y se dirigió de manera irrespetuosa y ofensiva
al guarda de seguridad, esto provocó al señor oficial
el cual manejó de forma incorrecta la situación"
al responder ofensivamente también", expresó en un
comunicado el señor Couto. "Mariam Valencia, encargada del
Centro anoche, intentó conciliar la situación pero con
lo único que se encontró fue con personas alteradas que
la insultaban y le gritaban sin dejar recibir explicación alguna",
concluyó desde su perspectiva.
El
crimen de Julio Acuña, periodista pero sobre todo poeta y humano,
a pesar de muchas conjeturas, teorías y divagaciones, todavía
no ha sido resuelto. Un año después se sigue aclamando
por la verdad, el por qué de una pérdida irresuelta, de
una palabra llena cortada por el cobarde que tiene un arma.
Disculpas
no aceptadas y visiones encontradas
Por su
parte, el poeta Mauricio Molina, quien leía un texto en homenaje
a Julio Acuña, desistió de aceptar las disculpas del señor
Couto en su comunicado y delató que las cosas no son como las
plantea el director del centro cultural.
"Si
fuera cierto que simplemente se les solicitó a los padres que
intercedieran para tranquilizar a los niños yo habría
regresado a leer el texto una vez que los niños entraran. Lejos
de ello, la conducta de la encargada fue insistir de forma totalmente
inflexible en una norma que como he dicho carecía de sentido.
De modo que en nombre de Julio, de Tania, de Solaris y de todos sus
amigos le agradezco sus disculpas, pero no puedo aceptarlas ya que los
acontecimientos no se dieron exactamente del modo en que le informaron.Concretamente,
siento que la encargada del Centro nos debe a todos una disculpa. Definitivamente
el modo inflexible y altanero con que manejó el asunto sigue
siendo para nosotros un irrespeto a la memoria de Julio", expresó
en una carta pública.