Cada
año, durante el mes de enero, el Ministerio de Cultura, Juventud
y Deportes otorga los premios nacionales de cultura. Entre ellos está
el Premio Magón, máximo galardón, que reconoce
la labor de todo una vida en el ámbito cultural. También
se otorgan premios en las distintas categorías del quehacer cultural
del país. Los premios a la labor literaria se llaman indistintamente
Aquileo J. Echeverría y se otorgan en los campos de Cuento, Novela,
Ensayo, Teatro y Libro no ubicable.
Los jurados
de los premios literarios son tres, uno electo por el Ministerio de
Cultura directamente, uno por la Asociación de Autores y otro
por las facultades de Letras de la Universidad Nacional y Universidad
de Costa Rica alternativamente cada año. Este año los
jurados seleccionados para los premios de literatura fueron Claudio
Monge por la Asociación de Autores, Marielos Castro por la Universidad
Nacional y Gabriel Baltodano por el Ministerio de Cultura. Gabriel Baltodano
también labora como catedrático en la Universidad Nacional
junto a Marielos Castro y Claudio Monge funge como Presidente del Consejo
Directivo de la Editorial Costa Rica.
Los resultados
de las deliberaciones de los jurados usualmente son entregadas durante
el transcurso de diciembre y primera mitad de enero y son hechos públicos
aproximadamente el 15 de enero de cada año. Los galardones son
entregados a finales del mismo mes.
El proceso
de selección de las obras que pueden optar por el premio es la
convocatoria. No existe un sistema de reporte de todas las obras literarias
publicadas durante el año y queda a discreción e inclinación
del autor o editor, presentar la obra publicada al Ministerio para ser
considerada para el premio.
La lista
de obras presentadas, según fuentes del Ministerio de Cultura,
este año, al quince de diciembre, eran:
* Un papá
muy lejos de Eric Conde
* Canciones a la muerte de los niños de Alexánder Obando
* Una familia honorable de Rafael Cuevas Molina
* Diario de Bonka de Carlos Catania
* Mundo, demonio y mujer de Rima de Valbona
* Huellas del ensueño de Henry Antonio Barza
* Hasta encontrarnos de nuevo de Sergio Muñoz
* Bar Roma de Marco Retana
* La ruta de las esferas de Dorelia Barahona
* Candelaria del azar de Tatiana Lobo
* Los rostros del azar de Rafaél Jiménez
* No te rasques, Paquita de Floría Jiménez
* Rebelión de las avispas de Carlos Morales
* El Doctor Kuhlman de Ramón Jonoi
* Tiquicia: el despertar de las leyendas de Harold Vindas Zamora
* Archipielago de Heriberto Rodríguez
* El amor es eterno mientras dura de Alfredo Aguilar
Faltan
en esta lista las obras De ellas la piel de Mario León
Rodríguez, editada por Perro Azul; Los días que fueron
de Daniel Gallegos, editada por Alfaguara, aparecida recientemente en
librerías; La brigada antiesperanza de Victor Flury;
y finalmente, también publicada este año en segunda edición,
Los susurros de Perseo de José Ricardo Chaves, que fue
finalista al Premio Herralde a principios de los años noventa.
A primera
vista, algunas de las novelas incluidas parecieran tener un estatus
incierto cuando se contrastan con los criterios para ser consideradas
para el premio. La ruta de las esferas de Barahona, por ejemplo,
fue publicada en el 2007. Diario de Bonka de Carlos Catania
(autor costarricense de gran trayectoria, de origen y actual residencia
en Argentina, y ganador del Aquileo de novela en 1977) es un libro de
temática argentina cuya ficha catalográfica lo clasifica
como literatura argentina y novela argentina. Algo similar pasa con
Una familia honorable de Cuevas Molina, la cual fue editada
en Guatemala por FyG y cuya acción trascurre en Guatemala. El
Doctor Kuhlman de Jonoi es una reedición de la misma obra,
que fue originalmente publicada en 1926. Tiquicia de Harold
Vindas, se clasifica más cómodamente como cuento o libro
no ubicable. Mundo, demonio y mujer de de Valbona, se encuentra
en las bodegas de la Editorial Costa Rica en formato terminado, pero
no ha circulado por lo que no se puede evaluar públicamente.
Finalmente, Bar Roma de Marco Retana es una obra póstuma
publicada a instancias de sus herederos. Pero lo cierto es que de todas
estas obras la única que incumple lo establecido por la Ley de
Premios Nacionales es La ruta de las esferas, por haberse publicado
fuera del periodo evaluado. La Ley de Premios es sorprendentemente escueta
en cuanto a los requisitos y únicamente establece que "será
otorgado anualmente para honrar las mejores obras dadas a conocer al
público, en el curso del año inmediato anterior a la fecha
de su otorgamiento" (Ley sobre Premios Nacionales de la Cultura
Número 7345, de 1993). Nada de esto, por supuesto, va en detrimento
del merito literario de estas obras y terminan siendo meros asuntos
técnicos de la mecánica de los premios.
De las
autores citados, Tatiana Lobo, ganadora de dos premios nacionales anteriores
con Asalto al Paraíso y El Año del Laberinto,
pareciera ser ciertamente una de las favoritas, aunque quizá
esos mismos galardones se conviertan en handicaps en su contra. Su novela
Candelaria del Azar, editada por Norma, esta dedicada a Natividad
Canda, indigente de origen nicaragüense muerto a dentelladas por
perros de vigilancia mientras la policía observaba sin hacer
nada. La novela trata de la problemática urbana y la delincuencia,
y en ese sentido emplaza críticamente el momento actual y adquiere
relevancia suficiente para ser considerada una posible ganadora.
Hasta
encontrarnos de nuevo de Sergio Muñoz, es una novela histórica
centrada en la guerra del 48. Sergio Muñoz había adquirido
relevancia con su elogiada novela de denuncia social sobre la marginación
urbana, Los Dorados. Las novelas históricas que aportan
una relectura de momentos neurálgicos que determinan la identidad
nacional tienden a ser consideradas siempre novelas importantes y como
tal, la novela de Muñoz también tiene posibilidades.
De entre
las obras premiadas en la lista están Archipiélago
de Heriberto Rodríguez, ganadora del premio de novela de la Editorial
Costa Rica para el 2007. Archipiélago es una exploración
de la interioridad de un hombre y su relación con las diferentes
mujeres con las que tiene relaciones y en ese sentido se inserta de
lleno en la vena exploratoria de la sexualidad y los roles de género
de la sociedad costarricense. La otra obra premiada es El amor es
eterno mientras dura de Alfredo Aguilar, novela corta que obtuvo
el premio UNA Palabra, otorgado por la Universdiad Nacional, en el 2007.
Canciones
a la muerte de los niños de Alexánder Obando, por
su parte, es quizá la más controversial de las novelas
presentadas. Aborda una historia donde lo fantástico, lo mítico
y lo local urbano se mezclan en una historia que mezcla en iguales dosis
la parodia crítica, el humor ácido, el sexo y la violencia
para narrar una historia en la cual los personajes con estilos de vida
alternativos se ven marginados por la sociedad al punto de convertirlos
en verdaderos parias. El valor propositivo de la obra radica en la postulación
de valores neopaganos como suplemento o sustituto de los tradicionales
de la sociedad costarricense. Haría bien el jurado en considerar
para un premio que siempre se ha considerado conservador una obra de
ruptura, de gran importancia para el ingreso en el imaginario literario
nacional de personajes y temas que hasta ahora no habían sido
tratados con tanta valentía y claridad.
Finalmente
es importante destacar que la Ley de Premios es igualmente escueta en
cuanto a los criterios que deben usarse para elegir el ganador, pero
es clara en cuanto a que la decisión de los jurados es inapelable.
De ese modo otorga poder absoluto de decisión a los jurados,
un poder que conlleva una responsabilidad igualmente grande. La obra
ganadora debería ser premiada basada únicamente en criterios
literarios o de la importancia de la obra como aporte a la cultura nacional.
El resultado de esta difícil labor de decisión lo tendremos
el 15 de enero, fecha en la que esperamos poder obtener la transcripción
del fallo del jurado para incorporarlo a este texto.