PRIMERA PARTE. Cuando la Internet empezó a gestarse como una realidad irreversible, hace quizás 10 años en Costa Rica, algunos pioneros y visionarios...
Dijo María Bonilla antes de empezar la premier el pasado martes 10 de noviembre en el Magaly: "El cine costarricense no está en auge, está empezando"
Su honestidad nos puso a madurar sobre este nuevo largometraje de producción nacional y nos ilusionó.
En efecto, La región perdida es una buena película y es una de esas producciones que sin duda pasarán a formar parte de la historia cinematográfica costarricense.
Es un suspense, bien llevado con la excelente música de Fidel Gamboa (de Malpaís), que intercala permanentemente la ficción con el documental, la realidad con el mito.
La región perdida se sostiene, nos lleva y nos acaba con una variedad de sensaciones interrelacionadas, y juega con nosotros, los espectadores, en todo momento. Aunque hay partes predecibles, la verdad es que al final nada fue predecible. Al final, quizás no hay final.
Dura mucho para llevarnos al clímax, eso sí, con muchas partes que se alejan del eje narrativo y al final pareciera que eran intrascendentes. Uno piensa que sin ellas la película hubiera mejorado notablemente, en celeridad, manejo de la tensión en el espectador y alcance. Nos preocupa que el espectador pueda aburrirse en algunos trazos de la película.
Lo mejor de la película es el desenlace, el juego con finales posibles y esa sensación que siempre nos deja que una película, un texto, un cuento o novela, nos permita construir el final verdadero a nosotros. La película sugiere, nosotros concluimos.
La historia del Dr. Moreno Cañas de por sí es fascinante. La teoría de la conspiración alrededor de su asesinato revive una polémica costarricense que data desde que en agosto de 1938, en su casa, fue asesinado este eminente médico que tenía fuertes aspiraciones a la presidencia de Costa Rica. Un hombre que creía y estaba influenciado por ideas comunistas, peligrosas para la oligarquía cafetalera de ese tiempo.
La película nos deja dudas razonables sobre lo que fue la historia oficial alrededor de su muerte, producto de la investigación que han realizados decenas de personas sobre el tema.
Celebramos que hayan creado esta película, pero más importante, celebramos que lo hayan hecho bien, sin meternos en aspectos técnicos. Cuando una propuesta escénica nos deja pensando, nos atrae a su mundo y luego nos devuelve al nuestro con algo molestándonos en el pecho, entonces estamos de frente a un producto de calidad, que tiene un efecto valioso.
Defiendo La región perdida porque además es un aporte necesario en la búsqueda de nuestra identidad cultural, porque además la disfruté y sencillamente me gustó.
Tengo dudas sobre la reacción de espectador común, pero precisamente por eso la recomiendo, porque después de verla usted tendrá un criterio más amplio.
Emociones inconstantes, un hilo disperso por momentos, que no nos lleva a nada aparente, hacen que uno se preocupe, pero poco a poco se empiezan a aclarar los nublados, hasta un desenlace que, como ya dije, es lo mejor del largometraje.
La peli es buena, bastante buena, se disfruta, se digiere y se lleva con facilidad. Un hallazgo, un acierto, un amor.
Destaca la actuación de la niña , sobrina de Rocío Carranza. Rocío, por su parte, tiene partes lúcidas, pero otras no tanto, pero su trabajo es esforzado y muy profesional. Sin duda un par de actrices con mucho futuro.
Carlos Salazar convence, absorve el personaje y lo proyecta bien. María Bonilla, como siempre, una actriz de primer nivel.
Las actuaciones en general, para mi gusto, son creíbles, sostenidas y bien trabajadas.
No tarde en ir a verla y venir a dejarnos su comentario.