A pesar de la mezquindad del público tico, permítanme decirlo con propiedad, que no se acerca a disfrutar y vivenciar estas puestas en escena de gran calidad, los trabajadores del teatro actúan con gran responsabilidad y profesionalismo.
El sábado 17 de octubre asistimos a presenciar la obra Lorenzaccio, dirigida por Carlos Salazar y con un elenco de primer nivel y muy esforzado. Este sábado pudimos darnos cuenta de esa realidad: el esfuerzo y calidad del teatro costarricense supera con creces el limitado apoyo de los espectadores.
En una sala con aproximadamente 70 ocupaciones (muy pocas en realidad), ese sábado solo unas 35 estaban ocupadas, en sus segunda semana de proyección.
Pero después de esta llamada de atención, pasemos a referirnos a la obra y el por qué una obra como esta merece más respeto del público con su asistencia y apoyo.
De entrada somos sorprendidos por el "mundo de Carlos Salazar", que nos muestra una escena de danza orgiástica donde el desnudo corporal puede asustar a muchos.
Las graderías están ubicadas alrededor del escenario, con sus escasas butacas, para que al final cada espectador pueda percibir diferentes ábgulos y, sin duda, percepciones de la obra. El espectador está a la par de los actores y es inmiscuido en la obra, eso es emocionante.
Y continúa la función con la historia de un Lorenzo de Médici que lucha internamente por su deseo de asesinar al Duque de Florencia, su primo Alejandro de Médici, un déspota corrupto y vividor que lleva a Florencia a una situación de desenfreno. "Qué bella eres Florencia, pero qué triste", dirán las mujeres de la época, porque "¿acaso existen mujeres virtuosas para nosotros?", como dirá Alejandro de Médici (Manuel Martín), el noble italiano que vive su reinado con todos los abusos del sexo y el poder.
Lorenzo llegará a preguntarse en sus dudas: "¿Qué importa que la conciencia esté viva, si el brazo está muerto?", es entonces cuando se gesta su plan para el asesinato y el nudo de la obra que le dejaremos a usted descubrir.
El Cardenal de Cibo dirá con desenfado: "Nada es pecado cuando se obedece a un sacerdote de la Iglesia Romana". Lorenzo irá descubriendo cada uno de los recovecos y extremos del poder y sus excesos, para odiarlos a pesar de tener que participar en ellos.
Cuenta la historia que Nicolás Maquiavelo escribió El Príncipe, su obra cumbre y uno de los clásicos de las Ciencias Políticas, bajo pedido de Lorenzo de Médici. Lorenzo descubrirá que el fin justifica los medios, porque él piensa posiblemente en la posibilidad de fines "buenos", su apoyo a grandes artistas del Renacimiento y su revolucionaria política de Estado destacan en la historia y se dejan pincelar en esta obra, original del afamado Alfred de Musset. Pero también Médici es la política en sus abusos de poder y en sus abusos humanos.
La obra en general es una puesta en escena interesante, desenfadada e intimista con la política y las relaciones de poder entre los hombres y mujeres. Su problema principal es su extensión, la dificultad para ir captando los hilos narrativos y los personajes de la historia, así como algunos excesos de dramatización que la pueden hacer cansada para algunos.
No obstante, desde mi punto de vista, son más sus aciertos, principalmente el de retomar el tema de los excesos de poder, principalmente en nuestra época, donde la política electoral se avecina y los hilos del poder quieren ser dominados de manera absoluta por un grupo de "nuevos nobles aristócratas", quienes pierden de vista su función de estadistas en la política, para enfocarse en demasía del lado de las riquezas de unos pocos.
Aunque la obra no es un drama histórico, sino más bien de orden existencial, su vigencia es evidente y ha sido así durante siglos (la obra fue escrita en 1833, basada en un personaje del Siglo XV).
La recomendación es directa: vaya, anímese a compartir además con otros esta propuesta de pensamiento. "Les sonará extraño, pero no puedo desear que disfruten del espectáculo, eso sería muy cínico de mi parte. Tampoco puedo esperar los laureles al viento de un público rendido, eso sería muy hipócrita de parte de ustedes. Imagino que lo más sano que podemos intentar es acompañarnos", advierte con honestidad intelectual Carlos Salazar.
Yo agregaría que hay varias formas de disfrutar la obra: desde el pensamiento, desde la perversión o incluso desde la percepción estética de las actuaciones y los giros que se van dando casi de manera inesperada.
Además, un agregado de humor a lo tico, como intermedios, le dan un descanso y un recargo de fuerzas para seguir con el hilo de los Médici y las calamidades del poder.
Estos trabajos merecen más asistencia, insisto, pero sobre todo una actitud de mayor apoyo en medios de comunicación. Mucha gente desearía vivir estas dramatizaciones, pero no sabe que existen.
No soy crítico de teatro, pero me gustaron las actuaciones de Carlos Alvarado como el Cardenal de Cibo, Manuel Martin como Alejandro de Médici, Moy Arburola como Catalina GInori y José Montero hizo un papel esforzado y de mucha exigencia como Lorenzo de Médici (saca la tarea).
Vaya usted, la observa y viene a contarnos qué le pareció. Hasta el 1 de noviembre hay tiempo, en el Teatro Universitario, de jueves a sábado a las 8 pm y los domingos en horario más temprano.
Le dejamos este pequeño video con una escena de la obra:
Por ahí dicen que cualquier parecido no es coincidencia, Evelyn Ugalde de Clubdelibros dice que esa frase "Pelea, pelea, pelea" se la plagiaron al crítico de cine y teatro William Venegas...¿será? ¿Usted qué dice?